Reconocido por su variedad de relieves, el departamento del Tolima se consolida como uno de los destinos más atractivos para visitar en vacaciones o temporadas especiales como la Semana Santa.

Explorar este territorio es sumergirse en un destino repleto de rincones mágicos, los cuales se pueden descubrir al recorrer sus encantadores pueblos, como Carmen de Apicalá.

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Este municipio, situado a solo 12 kilómetros de Melgar y con una altitud cercana a los 300 metros sobre el nivel del mar, cautiva a sus visitantes con su exuberante entorno natural, sus condominios campestres y su clima cálido, que mantiene una temperatura promedio de 28 °C.

Iluminado por un sol radiante, este destino tolimense se presenta como un lugar perfecto para descansar, desconectarse de las rutinas y crear recuerdos inolvidables mientras se visitan los múltiples y hermosos escenarios naturales que lo conforman en un entorno de tranquilidad.

Turismo religioso en Carmen de Apicalá

Cada año, varios viajeros visitan este lugar no solo por su clima cálido y amplia oferta de atractivos, sino porque alberga un histórico santuario que, durante la Semana Santa, se convierte en el principal punto de encuentro para celebraciones religiosas.

Se trata del Santuario Nacional Nuestra Señora Del Carmen, ubicado en el parque principal del municipio.

Aunque se desconoce la identidad del escultor que dio forma a la imagen venerada en este templo, según la tradición, en los inicios de la fundación del pueblo, hacia 1828, llegó un peregrino que se ofreció a elaborar una representación de la Virgen del Carmen.

En aquel momento, los principales habitantes habrían acordado que el Niño sería completamente tallado en madera, al igual que el rostro y las manos de la Virgen, ya que, al haberla elegido como patrona del pueblo en su advocación del Carmen, consideraban justo que sus fieles pudieran renovar con frecuencia su vestimenta como muestra de devoción y homenaje.

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Una vez la obra fue culminada, se realizaron los preparativos para presentar oficialmente dicha escultura que causó gran asombro entre los feligreses quienes, ante su poder espiritual y belleza, cayendo rendidos a sus pies y la acogieron como una deidad tanto para Carmen de Apicalá como para el departamento del Tolima.

A raíz de esto, en la población se estableció una fecha conmemorativa para la celebración y festividad de esta figura religiosa a la que se le atribuyen varios milagros, la cual se realiza el 16 de julio de cada año.

Lo más curioso de su creación es que el escultor que estuvo detrás de la obra, desapareció quedando en el anonimato, señala la Gobernación del Tolima en su sitio web.

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