Entre las montañas del Salto de Tequendama, a menos de dos horas de Bogotá, se esconde un lugar especial que invita a reconectarse con culturas ancestrales y recordar su importante legado en alimentación y cuidado de la naturaleza.
Este espacio es conocido como el Ecoparque Ancestral Guandalay, situado exactamente en el municipio de San Antonio del Tequendama, en el departamento de Cundinamarca.
Su cercanía con la capital colombiana lo convierte en un sitio de interés imperdible para disfrutar de una experiencia tranquila, inspiradora y enriquecedora, capaz de renovar pensamientos, emociones y sensaciones.
Un atractivo que mantiene viva la cultura muisca
En medio de un entorno natural que cautiva desde el primer momento, el Ecoparque Ancestral Guandalay sorprende con sus figuras representativas de la cultura muisca que, más que elementos decorativos, resguardan profundos significados sobre el cuidado de la tierra y la gestión de las emociones.
Allí, los visitantes pueden realizar caminatas ecológicas, disfrutar de zonas de entretenimiento como la piscina, hacer avistamiento de aves o conectarse con otras especies de animales y, como se mencionó anteriormente, reconectarse con la cultura muisca en la casa comunal ancestral y espiritual llamada Chúnzua o Maloca.
En este espacio se fomentan encuentros familiares y comunitarios concebidos como rituales de intención, transformación positiva y autoconocimiento, que evocan un principio esencial de las culturas ancestrales: la armonía entre el ser humano y la naturaleza como base del equilibrio de la vida.
Durante la experiencia, una de las figuras centrales es la diosa Bachué, relacionada con la Laguna de Iguaque, reconocida como la madre del pueblo muisca. Su historia inspira un momento especial dentro del recorrido centrado en el perdón, el amor y el servicio, valores que se encargó de enseñar a su comunidad.
Bajo esta esencia, en Guandalay se invita a los visitantes a participar en un ritual simbólico: escribir aquello que desean transformar —lo positivo y lo negativo, lo que alegra y lo que pesa— para luego liberarlo en una experiencia que busca renovar la energía, promover la armonía y abrir camino a nuevos propósitos.
Otra parada imperdible de este atractivo es el Sendero de la Vida, un recorrido pensado para aprender a proteger el entorno natural y valorar la riqueza de su fauna y flora. Además, permite descubrir cómo la cultura muisca integraba la siembra y la cosecha como parte esencial de todas las labores que realizaba en su vida cotidiana.
¿Preparado para visitar el Ecoparque Ancestral Guandalay? Una experiencia diferente para reconectarse con la naturaleza, descansar y compartir en familia muy cerca de Bogotá.