En Colombia, existen destinos que, además de cautivar a los viajeros por su riqueza natural, cultural e histórica, llaman la atención por la singularidad y el origen de sus nombres.
En muchos casos, dichas denominaciones están ligadas a tradiciones religiosas, personajes históricos o incluso a historias familiares que han dejado huella en la identidad de cada lugar y se han transmitido de generación en generación.
Un ejemplo es el municipio boyacense de San Luis de Gaceno, territorio que en el pasado fue habitado por indígenas teguas y muiscas y que funcionaba como paso clave para el intercambio comercial con comunidades del piedemonte llanero.
Según la tradición oral, el nombre “San Luis” se otorgó en honor a Luis Hoyos, uno de los primeros pobladores que llegaron a Guateque, quien construyó su vivienda cerca de lo que hoy es el cementerio. Se cuenta que su hijo, también llamado Luis, falleció, y que en su memoria los habitantes decidieron nombrar el caserío de esa manera, evocando además al santo.
En cuanto al vocablo “gaceno”, se dice que surgió a partir de las experiencias de caucheros y cazadores que se extraviaban en la selva ubicada entre las quebradas La Gazajarro y La Gacenera. El padre Jacinto Vega, al conocer estas historias, acuñó la expresión “engacenarse” para referirse a la acción de perderse en ese entorno, y decidió incorporar este vocablo al nombre del pueblo establecido.
Con el paso de los años, según indica el Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr), estas historias se han convertido en parte fundamental de la diversidad cultural del municipio y dan cuenta de la gran conexión que todavía existe con la cultura llanera.
De hecho, gracias a su privilegiada ubicación en las estribaciones de la cordillera Oriental, con vista hacia los llanos del Casanare, a San Luis de Gaceno también se le conoce como “La Puerta de Oro del Llano”.
Tras la bonanza cauchera, el desarrollo de esta población en Boyacá se impulsó en parte con la construcción, en 1953, de la “Vía Alterna al Llano”, que atraviesa el municipio de oriente a occidente y facilita el transporte de mercancías y ganado desde el oriente hacia el interior del país.
Según estadísticas, es uno de los municipios más ganaderos de Boyacá y, por su cercanía con Casanare, sus habitantes comparten costumbres llaneras, como la música de arpa y maracas, la gastronomía basada en mamona, plátano y yuca, y diversas festividades tradicionales.