Los pueblos de Boyacá son conocidos por ofrecer experiencias auténticas y enriquecedoras a sus visitantes, las cuales cuentan con una mezcla única de historia, arquitectura colonial conservada y paisajes naturales fascinantes.

Cada uno de estos aspectos convierte este departamento colombiano en un verdadero paraíso, digno de explorar y admirar en cada rincón mientras se descubren sus tradiciones, cultura y, por supuesto, la calidez de su gente trabajadora.

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Entre sus pueblos más populares para visitar sobresale Villa de Leyva, Monguí y Paipa; sin embargo, más allá de estos lugares emblemáticos, se esconden otros municipios que sorprenden, como el municipio de Ciénega, también llamado Ciénaga, cuyo nombre en lengua muisca significa “sitio de agua”.

La historia de esta población se remonta a los tiempos del cacicato de Hunza y a la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada, cuando estas tierras pasaron a sus manos. Más adelante, hicieron parte de la hacienda de la familia de Simón Vásquez, cuyo hijo, José Cayetano Vásquez, marcaría un capítulo clave en la historia regional.

Finalmente, el 14 de agosto de 1817, el virrey Juan Sámano aprobó la fundación oficial del municipio, señala el Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr).

Rincones mágicos de Ciénega, Boyacá Foto: Cortesía - Facebook - Alcaldía municipio de Ciénega / API

Hoy, Ciénega hace honor a su nombre con una abundante riqueza hídrica que enamora a quienes la visitan. Este territorio forma parte de la cuenca del río Juyasía o Viracachá, rodeado por los páramos de Bijagual y Rastrojos, un corredor natural que conecta ecosistemas y resguarda una impresionante biodiversidad.

En sus zonas altas, lagunas de origen glacial como La Calderona y Arrebiatadas ofrecen paisajes únicos, envueltos en la magia del bosque húmedo andino.

Un destino donde el arte en piedra es orgullo local

Aparte de deslumbrar por su riqueza natural, este municipio boyacense se distingue por mantener viva su historia ancestral. Muy cerca del río Juyasía se encuentra Quitapesares, un sitio cargado de misticismo que conserva arte rupestre y jeroglíficos muiscas, testimonio de culturas que dejaron su huella en piedra.

Esta tradición en el arte en piedra, que es motivo de orgullo local atrae a quienes recorren sus calles y se maravillan con las fachadas talladas que embellecen casas y templos.

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Por eso, no es casualidad que hoy el municipio sea reconocido por sus construcciones en piedra tallada, que le dan un carácter auténtico y encantador.

Para quienes buscan aventura y conexión con la naturaleza, Ciénaga ofrece múltiples atractivos: el Parque Natural El Cañal, ideal para el ecoturismo; la laguna La Calderona, considerada un lugar sagrado; el cerro de San Vicente, un mirador privilegiado sobre las provincias de Márquez y Lengupá; y, por supuesto, el parque principal y su iglesia, joyas arquitectónicas que combinan lo colonial y lo moderno.