En Colombia hay pueblos que vale la pena visitar al menos una vez en la vida. Son destinos que destacan no solo por su historia, sino por su belleza, su aporte cultural y por las tradiciones y costumbres de su gente.
A unos 248 kilómetros de Cartagena y a orillas del río Magdalena, se encuentra este pueblo que parece detenido en el tiempo y que les ofrece a los viajeros una experiencia única e inolvidable.
Se dice que por sus calles coloniales viajan aromas de otra época, cada ventana cuenta una historia y cada edificación evidencia el legado arquitectónico y cultural casi intacto que dejaron los pobladores sevillanos que lo habitaron.
Se trata de Mompox, que en el pasado fue una de las ciudades más importantes en la colonia y, paradójicamente, fue la primera en liberarse de la corona española. Ubicado al sur del departamento de Bolívar, este destino ofrece un clima tropical con una temperatura promedio de 35 grados centígrados y destaca por haber sido reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
Se dice que fue un lugar que enamoró a la realeza europea, pues allí vivieron personajes como el conde Federico Tomás Adlercreutz, un noble de origen sueco y finlandés que perteneció a la realeza escandinava. Vivió en Mompox a mediados del siglo XIX.
Sus encantos
Los encantos de este lugar, que hace parte de la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia, son diversos y uno de ellos es precisamente su arquitectura colonial, la cual está formada por una sucesión de viviendas, torres, templos y capillas enmarcadas por el río. Casas adornadas con motivos extraídos de la memoria de la España que quedó atrás, además de rejas de hierro que, como verdaderas filigranas, adornan puertas y ventanas.
El sitio web de la mencionada red indica que otro de los atributos por los cuales es reconocida esta ilustre villa es la elaboración de joyas en oro y plata a través del arte de la filigrana. Esta joyería tradicional tiene raíces coloniales y autóctonas que conservan técnicas y formas ornamentales europeas.
Sus habitantes se apropiaron de la sabiduría de los abuelos y han implementado nuevas ideas y técnicas para consolidar el prestigio del pueblo por sus hermosas joyas. Es de aclarar que la filigrana es un tejido diminuto hecho con hilos de plata y oro que van formando distintos accesorios como aretes, pulseras, anillos, collares y cadenas.
A esto se suma su rica gastronomía. La cocina de Mompox incluye en su menú el ajiaco momposino, una sopa a base de yuca, ají, plátano maduro con carnes de res y cerdo, tanto fresca como salada; así como la tradicional butifarra momposina, el queso de capas y el bagre a la momposina, que se caracteriza por ser medallones de este pescado en salsa criolla, acompañado con arroz con coco, patacón o palitos de yuca, ensalada verde, jugo de corozo o jugo de guayaba agria.