En las montañas del oriente antioqueño, en jurisdicción del municipio de El Retiro, se encuentra una propiedad que ha sido testigo silencioso de transformaciones clave en la región: la hacienda Fizebad.
Levantada en 1825, esta construcción no solo refleja el pasado económico del Valle de San Nicolás, sino también las dinámicas sociales y familiares que marcaron su evolución.
Sus orígenes se remontan a una época en la que la explotación minera era una de las principales actividades productivas. En ese contexto, Braulio Mejía Gutiérrez y Sotera Lorenzana impulsaron la creación de un espacio que inicialmente fue conocido como Potreros del Buen Retiro, concebido como punto estratégico para la recolección y manejo de recursos como el oro y la sal.
Décadas más tarde, en 1942, la propiedad pasó a manos del empresario Jesús Mora Carrasquilla, quien le dio el nombre con el que hoy es reconocida.
Dentro de la historia del lugar, uno de los personajes más relevantes es Sotera Lorenzana. Su papel resulta llamativo si se tiene en cuenta el contexto del siglo XIX, cuando las oportunidades educativas para las mujeres eran escasas.
A diferencia de la mayoría, ella contaba con habilidades de lectura y escritura, lo que le permitió asumir responsabilidades poco comunes para su tiempo.
Su participación en la hacienda no era secundaria. Mientras su esposo atendía compromisos fuera de la región, ella quedaba al frente de la administración, tomando decisiones sobre el funcionamiento del lugar y supervisando tanto a trabajadores como a otras personas vinculadas a la propiedad.
Esta labor se combinaba con intereses personales relacionados con la música, la literatura y la observación del entorno que la rodeaba.
Otro aspecto que marcó la vida en Fizebad fue la religión. En el mismo terreno se construyó una capilla destinada a facilitar las prácticas espirituales de quienes habitaban allí.
Este espacio tenía además una función específica: acercar la doctrina católica a poblaciones que, de otra manera, tendrían que desplazarse hasta Rionegro. En su interior se conservaba una imagen mariana que con el tiempo fue asociada a la Virgen del Rosario la Naval, pieza vinculada a tradiciones religiosas de la familia.
La influencia de esta hacienda también se extendió a la historia nacional a través de sus descendientes. De la familia surgieron figuras relacionadas con distintos ámbitos, desde la política hasta la religión y la minería.
Uno de los casos más destacados es el de Liborio Mejía, quien nació en este lugar y posteriormente llegó a ocupar la presidencia del país. Asimismo, se registran vínculos con procesos de modernización minera gracias a alianzas familiares con expertos extranjeros.
Más que una edificación antigua, Fizebad representa un punto de conexión entre distintos momentos históricos. Su arquitectura, sus espacios y las historias que allí ocurrieron permiten entender cómo se entrelazaron el poder económico, la vida familiar y las creencias religiosas en una región clave de Antioquia.
Hoy, la hacienda sigue en pie como un recordatorio de ese pasado, conservando en sus muros y corredores las huellas de una época que contribuyó a definir el rumbo del territorio.