Colombia cuenta con varios lugares que, por su arquitectura, paisajes y clima, pueden trasladar a quienes los visitan a diferentes regiones de Europa. Esto se debe, en muchos casos, a la influencia española durante la época colonial, que dejó una marcada herencia arquitectónica en pueblos y ciudades.
A esta herencia se suman las características naturales de algunas zonas del país. Los pueblos ubicados en regiones montañosas, con temperaturas frescas, bosques, cultivos y paisajes verdes, pueden generar una apariencia similar a la de ciertos destinos europeos.
Uno de esos escenarios especiales se encuentra en el departamento de Nariño. Se trata de El Encano, un corregimiento del municipio de Pasto, que destaca por un paisaje y una arquitectura que evocan a algunos pueblos de Suiza.
Su particular entorno también recuerda a Venecia, Italia, especialmente por los canales y cuerpos de agua que se encuentran alrededor de la laguna de La Cocha, también conocida como el Lago Guamuez y considerada el segundo lago natural de agua dulce más grande de Colombia, después de la Laguna de Tota. Al Encano se le conoce como la pequeña Venecia de Colombia.
Este lugar se caracteriza por albergar una gran riqueza natural, al punto de ser considerada una de las zonas con mayor biodiversidad del país.
En medio de sus aguas se encuentra la isla La Corota, un santuario de flora y fauna que se destaca por ser la más pequeña de las áreas protegidas bajo la categoría de parque nacional en Colombia. Este espacio también está rodeado de relatos tradicionales que han pasado de generación en generación.
Así las cosas, la combinación de naturaleza, arquitectura y tradición convierte al corregimiento de El Encano en uno de los destinos más llamativos para conocer y lo mejor es que está muy cerca de Pasto.
¿Qué se puede hacer?
Hay diversos planes que los viajeros pueden hacer en este encantador destino. Uno de ellos es navegar en lancha por la Laguna de la Cocha, un recorrido en el que es posible disfrutar del paisaje de montaña y las coloridas casas flotantes o de estilo alpino de la zona.
También se puede visitar la Isla de La Corota, reconocida como el santuario de flora y fauna más pequeño de Colombia.
Un plan más es disfrutar de la gastronomía local, en la que destacan preparaciones como la trucha arcoíris, preparada al ajillo, frita o a la plancha, un producto insignia de los criaderos locales.
De igual forma, es posible hacer un recorrido por el pueblo para observar sus peculiares viviendas de madera que recuerdan los chalets europeos, además de conocer su dinámica artesanal y religiosa.
Las autoridades locales invitan de forma permanente a los turistas a descubrir estos hermosos escenarios y a vivir experiencias auténticas que fortalecen el orgullo y dinamizan su territorio.