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De cómo Magdalena Carmen Frida Kahlo se convirtió en Frida

Por: Cristina Esguerra

En 2012 el Museo Frida Kahlo inauguró “Las apariencias engañan,” una exposición que utilizaba objetos recientemente descubiertos para explicar la perspectiva de vida de la artista y su magnetismo. El día de su aniversario, se impone recordar qué hizo de Frida, Frida.


"Cuando empecé a trabajar en el museo de Frida hace 15 años, pensé: ¿qué voy a hacer aquí? Todo sobre ella ha sido dicho. Quién iba a pensar que encontraría un museo dentro de un museo", cuenta Hilda Trujillo, directora del Museo Frida Kahlo en Ciudad de México.

En baños y baúles sellados, los trabajadores de la institución encontraron la vida de Frida: sus dibujos y pinturas, entre ellos un Modigliani; sus joyas y su icónica ropa de Tehuana; sus cartas, incluída una de Albert Einstein dirigida a Diego Rivera; sus corsés y sus prótesis llenos de dibujos; sus poemas; y fotografías de ella y de la pareja tomadas por Guillermo Kahlo, y por reconocidos fotógrafos como Manuel Álvarez Bravo, Gisele Freund y Nickolas Muray.    

Cuando Kahlo murió en 1954, su marido, el famoso muralista mexicano Diego Rivera, guardó bajo llave sus cosas y pidió que nadie las tocara antes de 15 años después de su propia muerte. En 2004 Trujillo y su equipo las desenterraron, y descubrieron una nueva Frida.  

"Antes de abrir los archivos, el público la veía como una mujer que sufrió por los punzantes dolores que le causaban sus discapacidades físicas, y por las múltiples infidelidades de Diego. Veían una Frida que sufría y vivía por él. Pero los objetos que encontramos hablan de una mujer de avanzada que nunca se quejó de su dolor. Lo representó en sus pinturas, en las que aparece con una expresión dura y lágrimas en los ojos. Pero ella gozó cantando mariachis, tomando tequila y organizando y asistiendo a fiestas. Tenía un gran sentido del humor,” explica Trujillo. 

Los objetos personales de Frida también revelan cómo construyó su icónica imagen, convirtiéndose a sí misma, y a todo lo que la rodeaba, en una de las obras de arte más famosas de la historia. 

"Frida tomó todo de nuestra cultura popular", dice Trujillo. "Coleccionó más de 450 pinturas votivas mexicanas. La influencia de este arte se ve en su vida y en su obra." Decoró su famosa Casa Azul con los brillantes colores del arte tradicional mexicano, y la llenó de cerámicas, jarrones, cestas y estatuillas precolombinas. Se vestía con las faldas típicas de las mujeres Tehuanas, y las combinaba con blusas bordadas y elaborados adornos para la cabeza. "Ella sabía cómo mostrar la riqueza cultural del país, y fue pionera en hacerlo." 

La cultura popular mexicana parece estampada en el alma de la artista. Según esa visión de mundo la vida es para disfrutarla. Y precisamente eso hacía Kahlo. A pesar de que vivió en constante dolor, escribió en su diario:  "Nada vale más que la risa. La tragedia es la cosa más ridícula."  

Frida vivió muriendo. Contrajo polio a los 6 años. La pierna afectada se deformó y deterioró a lo largo de su vida. A los 18 años sufrió un accidente de tránsito que le rompió la columna vertebral en tres partes, aplastó su pie izquierdo, le fracturó la clavícula, dos costillas y la pelvis. Se sometió a 30 cirugías, la última poco antes de morir. A pesar de ello, nunca dejó de verse y de sentirse como una reina. 

Aprendió a seducir a la cámara. "Si miras sus fotos, siempre está posando", dice Trujillo. "Su padre era un gran fotógrafo. Desde pequeña solía ir a trabajar con él porque era epiléptico y ella tenía que ayudarlo."

Frida creó un disfraz que la escondía y la exhibía al mismo tiempo. El dolor o la creatividad, o quizás la mezcla de los dos, la convirtieron en una mujer absolutamente consciente de sí misma. En lugar de ocultar su singularidad eligió subrayarla, y convertir el ser ella en un fin.