La librería. Con ese título, todo esperaría uno menos suspenso. Y, sin embargo, el sueño de tener un hogar para los libros de una mujer aún joven, valiente, viuda de un soldado de la Segunda Guerra Mundial, está atravesado por la intriga y la tensión dramática. Para Florence Green (Emily Mortimer), la librera y heroína de la más reciente película de Isabel Coixet, “las cubiertas de un libro son como un techo y cuatro paredes”: una casa. Y también un sueño por el que tendrá que batirse con leones.
La casa, literal y metafórica, donde Florence tiende un puente de palabras entre culturas, modos de pensamiento, miedos y deseos a puño y letra de los mejores autores británicos, tiene en su contra la enemistad de uno de los personajes más oscuros de la pequeña población de Hardborough, Inglaterra, donde transcurre la acción. Violet Gamet (Patricia Clarkson) perseguirá a la letrada heroína con conspiraciones para abandonar su proyecto y rumores que en las aldeas se expanden como la peste. El único aliado de Florence, Edmund (Bill Nighy), verá también truncadas sus posibilidades de ayudar ayudarla.

En épocas de activismos en varios frentes, La librería es una preciosa celebración de la libertad, el pensamiento crítico y la pluralidad. La tenacidad y el coraje de una mujer por una causa justa ocurre al margen de las marchas, los focos de luz y las manifestaciones que suelen acompañar las luchas épicas. La librería misma es vista aquí como un hogar para la estética, el conocimiento, así como también el diálogo entre miradas y saberes.
La película de Coixet, basada en el bestseller de Penelope Fitzgerald, es sobre el coraje. También sobre el abuso de los poderes del statu quo en todos los tiempos y latitudes, la soledad de las mujeres, así como el valor de la perseverancia y la dignidad. Parecería como si La librería nos hablara de política, género, violencia, abusos, entre tantos otros temas gruesos y difíciles de tragar hoy día, pero en realidad solo nos está contando la historia de una mujer que llegó a un pueblo inglés hace más de cincuenta años porque quería fundar una librería. Eso es todo, ¿o no?
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