El 11 de septiembre de 1973, un golpe de Estado en Chile dio lugar a una dictadura militar. Aunque terminó en 1990, los ecos de esa dictadura todavía están presentes en la cotidianidad del país a través de sus huellas y sus fantasmas. Los perros, el segundo largometraje de la directora chilena Marcela Said (El verano de los peces voladores), cuenta la historia de una mujer de una familia acomodada que empieza a entrar en contacto con actores de la dictadura y tiene que tomar decisiones que afectan directamente la verdad y la justicia. Esta cinta se acerca a los impulsos más primarios del ser humano para mostrar, con precisión en los detalles, que todos hacemos parte de esa historia de una u otra forma y que, en últimas, nuestras decisiones moldean la verdad que se dice y que se escucha: la verdad de las mayorías.
Mariana es la protagonista, encarnada por la actriz Antonia Zegers (Una mujer fantástica, El club). Es propietaria de una galería de arte y en sus tiempos libres se dedica al ocio y a la equitación. Es hiperactiva, imprudente e invasiva con los demás; además, abierta a las experiencias nuevas, a la música, a la desnudez y al sexo. Es una persona impulsiva, y esto es lo que mueve la historia en Los perros: las acciones de Mariana, que parecen algo infantiles en su ejecución. Ella empieza a abrir contenedores de secretos y verdades con torpeza, como sin saber bien qué hacer con los resultados, desequilibrándose. Empieza a verse rodeada de versiones de la realidad que no son compatibles las unas con las otras, empieza a sentirse flotando sobre fantasmas que quieren ser escuchados.

Tráiler de Los perros.
Juan es su profesor de equitación. Lo interpreta Alfredo Castro (El Club, Tony Manero). Es un coronel retirado de la DINA, el organismo encargado de las purgas políticas en Chile, que está siendo juzgado por crímenes en contra de los derechos humanos. Es callado y discreto, un hombre de ideas rígidas, convencido de lo que considera bueno y malo, con su conciencia entrenada. Cuando se acerca a Mariana empiezan a revelarse pequeños detalles sobre su vida: sus actividades y su relación con la familia de la protagonista, especialmente con su padre, dueño de la Forestal Blanco.
Pero el verdadero protagonista de Los perros es el silencio, que está presente en cada personaje y en la narrativa en general, creando espacios de tensión, mostrando cómo funciona el mundo en el que vivimos. Con evasiones, con omisiones. Junto al silencio está una serie de símbolos que entran en la mente de cada uno: los perros y los caballos como puentes emocionales, como refugios, como depositarios de proyecciones humanas; el fuego, la noche, la maternidad. Y es que la película funciona en muchos casos como un cuadro barroco en el cual, a través del silencio, se cuelan imágenes y posturas simbólicas, sobrecargadas como el silencio mismo, como la verdad cuando se calla.
Los perros es una película que funciona como denuncia, pero no hacia el Estado o alguna organización, sino contra todos nosotros, los espectadores, los que miramos la historia y escuchamos y callamos. Una denuncia contra los omisos, contra los cómplices pasivos de la injusticia, contra los rutinarios, contra quienes no se comprometen y no escogen ninguna verdad, que deciden no participar. Existen víctimas y victimarios, puntos de vista, testigos, público. Pero hay una verdad en la película y es que todos somos parte de la historia, de la violencia, porque en cada acción u omisión damos lugar a lo que se quiere o no contar, validamos lo que se ha aceptado como cierto.
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