mapa

Un recorrido literario por Medellín

Por: RevistaArcadia.com

A propósito del final de la Fiesta del Libro, Arcadia retoma su serie de mapas literarios para mostrar como autores de distintas épocas han retratado la geografía, tugurios, barrios y edificios de la capital antioqueña.


Vagabundos (1914), Tomás Carrasquilla

Estación del Ferrocarril de Antioquia

“Como no ha conseguido para cama y no se acuesta en la acera, amanece en ‘El Blumen’, de pie y silencioso. Nadie le ha ofrecido un vaso de chicha; nadie, un cigarrillo: los conocidos le desconocen, los extraños no le notan. Mas al pasar las gentes para misa primera, entra un camarada: trago, chicharrón y café. Queda solo. Trasiega por ahí. Pregunta por ‘El Zarzo’. Nadie le ha visto. Los trenes pitan, braman. Vase a la estación del ‘Ferrocarril de Antioquia’”.

Publicado por primera vez el 8 de agosto de 1914 en el diario El Espectador, Vagabundos se centra en un mendigo de 35 años, en “una figura insignificante” proveniente de una familia adinerada a quien “la miseria lo ha hecho tímido”. En el cuento de apenas siete páginas, el personaje, invisible ante los ojos de la sociedad, deambula por las calles de Medellín en busca de un amigo. Así, durante su recorrido nos presenta a una Medellín hoy inexistente: la de los barrios populares copados de artesanos y bares a donde se amontonaban los estudiantes para combatir sus guayabos a punta de chicha. Se trata de uno de los muchos cuentos de Carrasquilla (1858-1940) que transcurren en la capital antioqueña.

Una mujer de 4 en conducta (1930?) – Jaime Sanín Echeverri

Catedral Metropolitana de Medellín

- “Y a usted señorita Helena, ¿le gustó Medellín? – dije con sincera cortesía.

- “A mí me encanta Medellín, doctor. Conozco todo el centro. Aquí me paso los días y las noches viendo esa extensión de ciudad y pensando en todas las maravillas que hay en ella: la catedral y tantísimas iglesias, las fábricas tan admiradas, los colegios y la universidad, los parques y las avenidas, esos edificios tan altos y esas casas primorosas… ¡Qué dicha tener plata y poder vivir en Medellín! Lo malo es que a los medellinenses les debemos dar mucha risa las montañeras.”

La catedral de Villanueva es el principal templo de la Arquidiócesis de Medellín y sede del Arzobispo. Está ubicada en el costado norte del céntrico Parque Bolívar y algunos afirman que es la iglesia más grande del mundo construida en ladrillo cocido. En el libro Una mujer de 4 en conducta es mencionada ocasionalmente por los protagonistas el “Doctor García” y Helena. Uno de los primeros ejemplos de novela urbana en Medellín, la obra narra la historia de una campesinita de Santa Elena que llega a Medellín. Asombrada por la gran ciudad termina siendo víctima la estratificación social, los vicios, el acoso sexual y la ignorancia.

Aire de tango (1973) - Manuel Mejía Vallejo

Barrio Guayaquil

“¿No conocían este Guayaquil? Así se llama el barrio porque fue pantanero de zancudos, rumbaban las fiebres como un tiempo esa ciudá de Los Ecuadores. Letrao, ¿no? Aquí estuvo Gardel, vino al Circo España, después tumbaron el circo. A Gardel lo trajo el Negro Marroquín Mora, el de Margarita Gotié. Perdón, el Negro todavía no había venido con sus chistes y su bandonión cobiajo en las noches pa que no se resfriara. Lo trajo…”

Este antiguo barrio de Medellín identificó culturalmente a sus habitantes a finales del siglo XIX. Los cafés, los bares y las cantinas eran los lugares de encuentro donde antioqueños de todas las clases sociales acudían para divertirse. El tango, la milonga, la ranchera y los corridos se escuchaban a lo largo y ancho del barrio que muchos consideraron por años “el más espontáneo de Medellín”. En Aire de tango Manuel Mejía Vallejo describe de manera magistral la vida nocturna del barrio a través de Jairo, el protagonista, quien recorre ese mundo de música, homosexuales, meseros de enganche y cafés populares. Lugares como la estación de San Lorenzo, los talleres mecánicos, la plaza de mercado, entre otros, constituyeron a Guayaquil como uno de los barrios más modernos y comerciales de Medellín hasta 1920.

Los días azules (1987), Fernando Vallejo

Envigado

“Envigado tenía una iglesia blanca, de torres redondas. Era un pueblo de cantinas, de borrachos, de serenatas. Con palomares y palomas. El que matara una con el carro pagaba cinco pesos, o cinco días de cárcel por orden del acalde. Cosa que a papi le tenía si cuidado, “porque el alcalde de este pueblo es conservador”. Y bajando de tumbo en tumbo, de bache en bache, enrumbábamos hacia Sabaneta”.

Los días azules, publicada en México en 1985, se concentra en la infancia de su autor, desde su crianza en el barrio Boston hasta los días que pasaba en la finca de sus abuelos en Santa Anita, en las inmediaciones de Envigado. La obra, la primera entrega de un ciclo de novelas autobiográficas titulado El río del tiempo, deja entrever una Medellín previa a la desaborada urbanización de la segunda mitad del siglo XX, a una Medellín anterior a las oleadas del narcotráfico, en la que Envigado y Sabaneta eran pueblos a las afueras de la urbe. Al mismo tiempo, la novela de Vallejo funciona como una radiografía cruda y demoledora de las creencias y las costumbres de la sociedad colombiana.

En la 45, las palomas sí quieren al che Gardel (1990), Reinaldo Spitaletta

La carrera 45

“La estatua más fea del mundo está en la carrera 45, en el corazón del barrio Manrique de Medellín. Representa al cantor de tangos Carlos Gardel, que está de pie, con su cabeza de bronce levemente inclinada hacia la izquierda, huérfana de su sombrero borsalino. Sobre ella, un farolito nostálgico recuerda alguna canción inmortalizada por el Zorzal Criollo. Esa es, tal vez, la única estatua de orbe que, misteriosamente, las palomas no cagan".

Una de las crónicas que componen Las plumas de Gardel y otras tanguerías, libro publicado por la Alcaldia de Medellín hace unos meses para conmemorar los ochenta años de la muerte del músico argentino. La obra recopila una serie de artículos de Spitaletta en los que se homenajea el legado de Gardel en Medellín y se evoca la figura de un hombre que “se pasea por baldíos y poblados, en noches de pena y de romance. Camina aquí, salta allá, como Pierrot, como funámbulo, como fantasma gozón”.

Rosario tijeras (1999) – Jorge Franco

Las comunas populares

“Medellín es como esas matronas de antaño, llena de hijos, rezandera, piadosa y posesiva, pero también es madre seductora, puta, exuberante y fulgurosa. El que se va vuelve, el que reniega se retracta, el que la insulta se disculpa y el que la agradece las paga. Algo muy extraño nos sucede con ella porque a pesar del miedo que nos mete, de las ganas de largarnos que todos alguna vez hemos tenido, a pesar de haberla matado muchas veces, Medellín siempre termina ganando”.

Rosario Tijeras nunca le ha temido a la muerte. Creció en las comunas de Medellín donde la violencia y la pobreza son el pan de cada día. Convertida en una asesina conoce al narrador de la historia, quien en varias oportunidades acompaña a la protagonista a los barrios populares de las laderas nororiental y noroccidental de la ciudad. El texto, además de abarcar un submundo permeado por el narcotráfico y el terrorismo, contrasta con todas las clases sociales de la ciudad, haciendo un recorrido por la riqueza y la miseria que se puede encontrar en la capital antioqueña.

El olvido que seremos (2006), Héctor Abad Faciolince

El río Medellín

“La idea más insoportable de mi infancia era imaginar que mi papá se pudiera morir, y por eso yo había resuelto tirarme al río Medellín si él llegaba a morirse. Y también sé que hay algo que sería mucho peor que mi muerte: la muerte de un hijo mío. Todo este es una cosa muy primitiva, ancestral, que se siente en lo más hondo de la conciencia, en un sitio anterior al pensamiento”.

La obra más conocida del escritor antioqueño. De carácter autobiográfico o testimonial, El olvido que seremos es la reconstrucción de la vida del padre del autor, Héctor Abad Gómez, fundador de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Antioquia y asesinado en Medellín por sus denuncias en contra de grupos paramilitares. Esta novela es una de las más leídas de la historia reciente de Colombia y un referente para los familiares de las víctimas de la violencia en el país. En la más reciente edición de Arcadia, a propósito del ejercicio de hacer literatura con la propia vida, Abad Faciolince le contó a Martín Francisco Vélez: “Cuando yo terminé ese libro tenía un viaje a China y toda mi familia iba a reunirse en la finca, por navidades. Les dejé dos copias y me fui para el otro lado del mundo. No quería verles las caras”. La razón es que lo que allí está escrito tenía mucho de desahogo e intimidad, elementos necesarios para alcanza r la honestidad que albergan esas páginas.

Manual de pelea (2012), Andrés Burgos

Barrio Boston

“Sangre, sangre verde derramándose en pequeños hilos por las calles del barrio Boston, como si un insecto gigantesco se revolcara herido de muerte en la cima del cerro que corona nuestro colegio. Imagino que así debe verse desde el aire, desde un globo, desde un avión, desde la perspectiva de Superman, la salida de los buses de La Salle”.

Un joven de Octavo C trata de explicarle al lector el Ranking. Se trata de un sistema que nadie puede describir a precisión. Nadie lo puede organizar. Pero todos saben que está ahí y tienen una idea de qué lugar ocupan en él. Como cualquiera de su edad, Santiago González tiene preocupaciones existenciales bien definidas. Le gusta el fútbol, le gustan las niñas (aunque no sabe qué hacer con ellas) y le encantan las peleas. Este último elemento es el foco de Andrés Burgos (autor de Sofía y el terco) en esta historia que relata con detalle el mundo al interior de un colegio de clase media alta y que, a la larga, se convierte en el espejo de una sociedad.