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| 2/26/2018 5:32:00 PM

Colombia y Rusia, una historia que va mucho más allá del fútbol

Las relaciones criollo-soviéticas datan del siglo XVIII. Así nacieron.

Colombia y Rusia están más cerca de lo que parece Colombia y Rusia han tenido encuentros históricos (gracias a Catalina II la Grande); deportivos, por cuenta del fútbol y el ajedrez; y los ha unido ‘Natalie’. Foto: Central Press/Getty Images

En Colombia, así como un ‘ruso’ no necesariamente es un ruso, hay gente que sin haber ido jamás a Moscú se precia de haber tomado un chocolate en el café Pushkin. Los hechos demuestran que Rusia está menos lejos de lo que parece.

¿Cuándo comenzó esta historia? Quizá con un episodio de amor. O al menos de atracción, la que se dice hubo entre Catalina II la Grande y Francisco de Miranda, en la segunda mitad del siglo XVIII. Ella, prusiana. Él, grancolombiano. Hasta dónde llegó el affaire, si es que sucedió, nadie lo sabe. Miranda le había pedido apoyo a la causa de la independencia. Y Catalina lo acogió, con el mismo cariño y arrullos que solía dispensar a muchos otros caballeros.

Un siglo después, ya con el adiós al zarismo y el triunfo de la revolución bolchevique, la naciente Unión Soviética fue tema de debate en Colombia. Por un lado, era condenada por los partidos tradicionales y en los púlpitos. Por el otro, la izquierda acogía el discurso marxista leninista como la línea por seguir.

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Por eso no resultó extraño que, en una de las primeras reacciones de la administración de Mariano Ospina Pérez, tras el Bogotazo del 9 de abril de 1948, se rompieran unilateralmente las relaciones con la URSS, por considerar que el asesinato de Gaitán había sido “obra del comunismo internacional para desestabilizar al país”. Pasaron 20 años de silencio, mientras centenares de jóvenes se lanzaban a educarse en la Universidad Patricio Lumumba de Moscú.

En Colombia tuvieron grata recordación varios personajes soviéticos, como Laika, la perra astronauta que en noviembre de 1957 se fue a dar vueltas al planeta. En los años siguientes ella se reencarnó en miles y miles de canes nacionales (unos, gozques; otros, con pedigrí). Hubo más Laikas que mediáticas Lassies en el país, una batalla inédita de la Guerra Fría.

Otro ejemplo: Yuri Gagarin, quien entró en nuestra cotidianidad en abril del 61 por ser el primer hombre en incursionar en la órbita de la Tierra a bordo de una nave espacial, el Vostok 1 (los niños querían ser como él). Y en el fútbol brillaba Lev Yashin, la ‘Araña Negra’, el mejor arquero del mundo. Colombia le anotó cuatro goles en el Mundial de Chile, en 1962. Uno de ellos el gol olímpico de Marcos Coll (el único de la historia de estos campeonatos). El partido terminó 4-4, y desde ahí en nuestro país la CCCP (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) pasó a llamarse: ‘Con Colombia Casi Perdemos’.

También el campeón de ajedrez Tigran Petrosian sufrió con un colombiano, el antioqueño Óscar Castro le hizo jaque mate en una célebre partida, en Suiza en 1976. Victor Korchnoi, soviético y enconado rival de Petrosian, se puso tan contento que, desde Ámsterdam, donde se encontraba, le mandó 100 dólares a Castro como tributo de admiración (y recompensa). Por su parte, el santandereano Alfonso Flórez Ortiz derrotó al quizás más importante ciclista soviético de su momento, el famoso Souko. Fue en la Vuelta del Porvenir de Francia, en 1980.

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Otro hito (ya con las relaciones de los dos países restablecidas a finales de los sesenta) también sobrevive. Se trata del Lada, pero sobre todo del Uaz, escarabajos de motor y ruedas que aún hoy trepan por nuestras montañas, igual en el Cañón de las Hermosas en Tolima, que en las cuestas del Oriente antioqueño. Bestias de infinita duración que llegaron a cambio de bultos de café en los intercambios comerciales de la recta final del siglo XX.

Y hemos dicho café, lo que sirve para entrar en otra cita romántica con la madre Rusia. ¿Quién no cantó en los sesenta (y setenta y ochenta) Natalie? Un himno cuando la madrugada se veía venir sobre las fiestas en las salas de las casas. La canción de Pierre Delanoë es poco menos que un folletín: un francés va a Moscú, se enamora de la intérprete que le asignan y luego la evoca al calor de un chocolate que tomaron en el café Pushkin. Los Hermanos Arriagada, chilenos, vendieron la versión en español en miles de acetatos. Nadie había visto a Natalie, pero todos la imaginamos y suspiramos por ella. Y, por Moscú.

Ahora hay una nueva razón para acortar las distancias: el Mundial. En los próximos meses los colombianos, además de hablar de Moscú y San Petersburgo, mencionarán a Ekaterimburgo, Kaliningrado, Kazán, Nizhni Nóvgorod, Rostov del Don, Samara, Sochi, Volgogrado y Saransk.

Ellas, las ciudades sedes del Mundial, entrarán en nuestro diccionario ruso construido a lo largo de tantos años. Al lado de los ‘rusos’ que hacen ‘la rusa’ y de las rumbas que pondrán una vez más de moda el ‘aguardientoski’ del Loco Gustavo Quintero, mientras pasa la cuenta regresiva para ver a Falcao, James y los demás saltar a la cancha allí no más, en Saransk, donde debutaremos el martes 19 de junio de 2018, al enfrentar a la selección de Japón.

EDICIÓN 1888

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