El Centro Internacional de Radiodifusión (IBC) de la próxima copa del mundo ya no será importante solo para periodistas, voluntarios y organizadores. En ese lugar construido a pocas calles del estadio del Spartak y del río Moscú, trabajarán los asistentes del VAR, el sistema de videoarbitraje que debutará en este Mundial, y que decidirá en parte la suerte de las 32 selecciones participantes. Desde allí, tres oficiales de la Fifa ayudarán a los árbitros a decidir mejor en la cancha, apoyados en cuatro operadores que facilitarán los mejores ángulos de cámara de las jugadas controvertidas.
Por medio de 33 cámaras en cada uno de los 12 estadios, el VAR monitoreará cuatro acciones puntuales en los juegos: goles, penaltis, expulsiones y confusiones de identidad de jugadores. Ocho de estas cámaras reproducirán jugadas en modo ‘súper lento’, otras seis lo harán de manera ‘extra lenta’ y dos más analizarán los fuera de lugar. Además, los hombres del VAR permanecerán en comunicación con el árbitro por un sistema de audio para notificarle cómo evaluaron las repeticiones.
Si durante el Mundial de Rusia 2018 un árbitro dibuja en el aire un cuadro con sus dedos, ha decidido optar una revisión del VAR. Tal vez por un gol dudoso. Y si se lleva una de sus manos a la oreja, estará en contacto con los asistentes del VAR ubicados en el Centro Internacional de Radiodifusión. Si es necesario, el juez también podrá consultar una cámara al lado del campo con las imágenes enviadas desde el IBC.
Este sistema complementará la justicia en el fútbol, pero no le quitará la autonomía al árbitro, pues el juez tomará la última decisión de cada jugada. Pero, gracias a esta tecnología se espera que disminuyan los escándalos por errores arbitrales. Con el VAR, por ejemplo, podrían saber si un jugador convirtió un gol con la mano, como lo hizo Diego Maradona ante Inglaterra en México 1986. Tendrán más elementos de juicio para señalar el punto del penalti, muchos más de los que tuvieron los jueces Byron Moreno y Gamal Al-Ghandour al pitar absurdas penas máximas a favor de Corea del Sur en 2002, ante Italia y España.
Con el VAR, que se estrenó en el Mundial de clubes de 2017, también podrían identificar agresión impune como la patada del holandés Nigel de Jong al español Xabi Alonso en la final de Sudáfrica 2010, que merece sanción. Este sistema acompañará la tecnología de línea de gol para dejar de pitar goles inexistentes como el del inglés Geoff Hurst en la final de Inglaterra 1966. También para convalidar anotaciones como las de Frank Lampard en Sudáfrica 2010 y de Michel en México 1986. Ninguno de sus remates cruzó la línea de meta, según los respectivos árbitros. Después del partido se dieron cuenta de que sí.
Gracias a esta tecnología, las ternas arbitrales encontrarán un salvavidas. Por ejemplo, en el duelo entre México y Camerún en Brasil 2014, el línea colombiano Humberto Clavijo no dudó en levantar su banderín ante dos supuestos fuera de juego del seleccionado mexicano. Fueron tan polémicas ambas jugadas, que ese fue el primer y único partido en el que participó durante el evento. Regresó a su país sabiendo que se había equivocado en al menos una de las dos acciones. Con las dos cámaras para fuera de juego del VAR quizás habría tenido mejor suerte.
Es verdad que el videoarbitraje ayuda a aumentar la toma de decisiones correctas (entre el 93 y el 98,8 por ciento), pero aún queda margen para el error. De hecho, el primer penalti pitado con la ayuda de este sistema, durante el encuentro entre Atlético Nacional y Kashima en el Mundial de Clubes 2017, fue polémico: el jugador afectado por una falta existente venía de fuera de lugar. Serán los riesgos de abrirle la puerta del fútbol a la tecnología en Rusia 2018.
