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| 7/31/2018 12:00:00 AM

Así se prepara un silletero para participar en la Feria de las Flores

El derecho a participar en el Desfile de Silleteros,una tradición de más de 150 años, se hereda. Conozca la historia Jose Ángel Zapata, uno de los afortunados.

Así se prepara un silletero para participar en la Feria de las Flores José Ángel Zapata, floricultor y silletero del corregimiento de Santa Helena. Foto: Diego Zuluaga

De las 65 plantas de flores sembradas en la finca El Pensamiento, las más nuevas son dos tipos diferentes de chochos, morado y blanco, que aunque crecen de manera silvestre en muchas zonas del país y del continente, son raras en cultivos comerciales.

Quien las trajo a este predio del sector El Rosario, en la vereda Barro Blanco, es José Ángel Zapata. Al igual que otros campesinos del corregimiento de Santa Elena, heredó la tradición de floricultor y silletero de sus padres, quienes a su vez la recibieron de sus abuelos.

Él y tres de sus hermanos tienen el derecho a participar en el principal evento de la Feria de las Flores de Medellín porque durante más de 40 años sus padres llevaron sus cargas en el Desfile de Silleteros. Y aunque hace apenas 15 años que José Ángel se echa a la espalda estas silletas, él siente que su primera intervención fue hace 54 años, cuando su mamá lo llevaba en el vientre. Para entonces, 1964, el recorrido se hacía por la orilla de la quebrada Santa Elena (centro de la ciudad, hoy cubierta) y los participantes no llegaban a 40, según documentos recogidos por historiadores y antropólogos interesados en esta tradición.

Para la silleta monumental que cargará este año, José Ángel empezó a sembrar hace nueve meses astromelias y agapantos. Más recientes son las margaritas, clavellinas, siemprevivas y botones de oro, cultivadas hace cuatro meses, mientras azucenas, caléndulas, dalias y mantos de la virgen, entre otras, llevan en la tierra apenas tres meses. La madera en las que las portará se está secando en un cobertizo cercano, donde ya está armando el resto de la estructura con chusco, similar a un bejuco que es usado también en la elaboración de canastos.

En esta ocasión, asegura José Ángel, se va a moderar un poco, pues el entusiasmo del año pasado lo llevó a hacer una silleta de 92 kilos. La emoción es muy grande: “El sustento, la gasolina de uno son los aplausos y los gritos de la gente pidiendo ‘vuelta, vuelta’; es impresionante sentir esa fuerza y ese cariño”, dice el silletero.

Él será uno de los 510 campesinos (420 adultos, 50 junior y 40 infantiles) que el próximo 12 de agosto marcharán a lo largo de casi dos kilómetros por el suroccidente de Medellín para mantener esta tradición. El 98 por ciento son asociados a la Corporación de Silleteros de Santa Elena que desde hace 15 años es el interlocutor de estos agricultores con las secretarías de Cultura y Desarrollo de la Alcaldía de Medellín, así como con el Bureau de Medellín, para su participación en este y otros eventos que se realizan en la ciudad o que promocionan a la capital antioqueña por fuera del país. La Alcaldía, con el apoyo del Concejo, les incrementó a los silleteros en 30 por ciento el valor de las silletas; aumentó la participación de los silleteritos con otros diez cupos, y creó una nueva categoría llamada silleta artística, que es una mezcla entre la monumental y la emblemática, con la que se busca ampliar las posibilidades creativas de los silleteros.

“Trabajamos todo el año en la gestión y ejecución de proyectos, la promoción y venta del portafolio de productos y servicios por la salvaguardia de la manifestación cultural silletera”, indica Yadira Duque, directora ejecutiva de la corporación, y asegura que la entidad se ha consolidado como la que “representa, gestiona y ejecuta proyectos sociales y culturales que involucran y benefician a los silleteros y sus familias”. Según la Secretaría de Cultura, se destinaron 1.100 millones de pesos para el desfile de este año y cerca de 500 millones de pesos más se invierten en otras actividades a lo largo del año.

La vida diaria

La jornada de José Ángel Zapata, que empieza a las 5:30 de la mañana y termina hacia las ocho de la noche, no la dedica solo a las flores. En el predio que comparte con las familias de sus hermanos también siembra y vende hortalizas, además de recibir grupos de visitantes nacionales y extranjeros a quienes les enseña la vida de un campesino y a elaborar algunas silletas, en actividades que tardan hasta cuatro horas, según el plan elegido por los turistas.

En ellas participan su esposa, Blanca Rosa –descendiente también de silleteros–, y uno de sus hijos, así como un trabajador, quienes ayudan a mantener los cultivos y las casas del predio listos para la exhibición permanente como una imagen de catálogo. Incluso a una de las viviendas, que fue el hogar de José Ángel por más de 40 años, la transformaron en un museo con elementos cotidianos que muestran parte de su día a día.

El Pensamiento es una de las 13 fincas inscritas en el programa de atención a visitantes de la Corporación de Silleteros de Santa Elena que, junto con entidades oficiales y privadas, ha realizado capacitación en administración turística, atención al cliente, manipulación de alimentos, administración, agricultura sostenible e inglés, entre otras áreas.

“Todo lo que hacemos es concertado con la corporación. El silletero encarna eso que hemos sido como antioqueños y lo que queremos ser, nos sentimos muy orgullosos de ellos, por eso los cuidamos mucho y trabajamos con ellos durante todo el año”, puntualiza Lina Botero Villa, secretaria de Cultura de Medellín.

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