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| 10/18/1999 12:00:00 AM

ALFREDO EL GRANDE

Con la muerte de Alfredo Kraus, ocurrida el 10 de septiembre en Madrid, la lírica cierra las <BR>puertas del siglo que gloriosamente abrió.

ALFREDO EL GRANDE ALFREDO EL GRANDE
El tenor alfredo Kraus fue un caso excepcional de longevidad vocal, casi sin precedentes en
la historia: 43 años. Su carrera descolló a partir de su debut en Lisboa en 1958, cuando compartió escena
con la legendaria María Callas en Traviata de Verdi: "Callas me incitó a cantar mejor que nunca".
Rápidamente se impuso como uno de los mejores tenores del mundo y marcó un terreno del cual
prácticamente no se movió nunca: algunas óperas del bel canto, otras del romanticismo francés tardío, tres de
Verdi, una de Rossini, dos de Mozart, un par de zarzuelas y ¡no más! Pero suficiente.
Construyó su arte sobre los pilares de una técnica que trabajó incansablemente hasta el detalle sin caer en
amaneramientos: "En esta carrera estás a expensas exclusivamente de un instrumento tan delicado como la
voz, que si se rompe no hay repuesto, no se puede comprar otra", dijo en 1986. Por eso no se permitió
excesos ni ambiciones desmedidas: apenas lo suyo, donde era un grande.
Respetaba su arte, que entendía a la manera del siglo XIX cuando cada palabra tenía que llegar entendible
al auditorio, pero también sabía complacer: el público que va al teatro es el mismo que va a los toros, quiere
sangre, es igual, quiere el do de pecho, la romanza con los nueve agudos, lo quiere y ¡hay que dárselo!
Pero no se limitaba a esas proezas que hacía con extrema facilidad, también sabía dotar a sus personajes
de entidad y de nobleza, como lo manifestó Victoria de los Angeles: "Cuando cantamos Werther de
Massenet, él no era Alfredo, era Werther, y me hizo sentir que yo era Charlotte".
Precisamente con Werther construyó parte de su leyenda. Fue la ópera que dio la oportunidad a dos
colombianas para actuar a su lado: la soprano Zorayda Salazar en la parte de Sophie en Cagliari, Italia, en
1985, y la mezzosoprano Marta Senn, Charlotte en nueve temporadas diferentes en recintos del prestigio
de La Maestranza de Sevilla, Liceo de Barcelona, San Carlo de Nápoles, Opera de Roma y Colón de Buenos
Aires.
"Los artistas que tuvimos el privilegio de estar cercanos a su talento nos llevamos un ejemplo a seguir, no
sólo por ser un excepcional intérprete sino un colega justo y generoso. Su espléndida voz, unida a una
presencia escénica incomparable, y su gran carrera profesional que llevó a cabo sin descanso, le dan dentro
del mundo de la lírica su bienvenida a la inmortalidad", fue la autorizada declaración de Marta Senn.

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