CINE

Arrástrame al infierno

Sam Raimi vuelve al subgénero que enriqueció desde los años 80: la comedia de terror ***

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Ricardo Silva
10 de octubre de 2009 a las 7:00 p. m.

Título original: Drag me to hell
Año de estreno: 2009
Género: Terror
Director: Sam Raimi
Actores: Alison Lohman, Justin Long, Lorna Raver.

Por lo graves, por lo grotescas ciertas películas de terror suelen dar un poco más risa que miedo. Y el director norteamericano Sam Raimi, que ha ensayado todos los géneros cinematográficos, los Westerns, las adaptaciones de comics, los dramas independientes, desde el principio de su carrera que lo más práctico era combinar el horror con la comedia. Ya que el público iba a reírse de los monstruos babosos, ya que se iba a morir a carcajadas por cuenta de las trampas a las que recurren las narraciones de miedo, lo mejor era que los chistes no fueran involuntarios.

Sus primeros largometrajes , Evil Dead (1981), Crimewave (1985), y Darkman (1990), son una curiosa mezcla entre el cine de terror de serie B, su parodia descarnada y la sátira social que viene al caso: se mueven entre el espanto, el juego y el humor negro. Y ahora, después de Spiderman (2002), Raimi ha vuelto a ese tipo de producción.

Arrástrame al infierno es cine de terror de serie B: la protagonista, Christine Brown, funcionaria gris de una oficina de préstamos en busca de un ascenso, debe encarar la maldición que le lanza una anciana a la que no ha querido prorrogarle el pago de una deuda. Arrástrame al infierno es, también, una parodia de las películas de horror:
consciente de que un día el espectador dejó de ser ese niño que veía pasar las imágenes con la boca abierta, Raimi ha diseñado escenas asquerosas e imposibles, giros que tuercen la trama, saltos sorpresivos que hacen reír cuando el miedo comienza a acabarse.
 
Arrástrame al infierno es, finalmente, una sátira social que estaba haciendo falta en el plena crisis económica del mundo: la señorita Brown debe padecer los peores castigos, debe tragarse una mosca hasta quitarse de encima un cadáver desdentado, porque, para ganarse la promoción que tanto ha esperado, pues así será reconocida por la familia aristocrática de su novio, ha preferido posar de indolente mujer de negocios a ponerse del lado de esa vieja desvalida a puntos de perder su casa.

Tal vez las interpretaciones de los dos protagonistas estén siempre a la altura de la ambiciones del relato: Justin Long tiene cara de venir de otra película, y Alison Lohman parece anestesiada para no pegar todos los gritos, sin embargo, la planeación de las secuencias es tan brillante, tan ingeniosa, que es fácil rendirse al espectáculo: por ejemplo, la primera venganza de la anciana, que sucede en uno de esos sótanos del parqueo que hacen pensar siempre en las películas de horror, es tan divertida como las mejores payasadas del cine mudo, pero tan escalofriantes como las más absurdas escenas del cine de horror de los japoneses de Roman Polanski, de Dario Argento.
 
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* Mala