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| 8/22/1983 12:00:00 AM

ARRIBA EL TELON

Una nueva temporada operática se inaugura en medio de toda suerte de presagios

ARRIBA EL TELON, Sección Cultura, edición 64, Aug 22 1983 ARRIBA EL TELON
el próximo 30 de julio, el telón del teatro Colón se levantará, una vez más, para dar paso a otra temporada de ópera organizada por Colcultura, siguiendo así una tradición ininterrumpida desde hace ocho años y que se ha incorporado ya a las efemérides del país.
En esta ocasión, la temporada es la culminación de una serie de cábalas, de discusiones, de buenos y de malos presagios que sobre la validez de la ópera se suscitaron en los primeros meses del nuevo gobierno.
Como es bien sabido, hasta 1982 la entidad que ejecutaba la temporada de ópera era la Asociación para la Divulgación de las Artes Escénicas-Asartes, fundada precisamente como un instrumento de apoyo logístico en la organización de este tipo de actividades. Sin embargo, este año, la citada asociación, tuvo que arriar banderas, y con la entrega de sus activos fijos culminaron unas prolongadas negociaciones, mediante las cuales Colcultura se hace cargo de Asartes, a cambio de la cancelación de deudas bancarias que contrajo en el pasado y que estaban avaladas por miembros de su junta directiva.
Curiosamente, la entrega a Colcultura de los talleres, de la maquinaria, de la casa y de las producciones (escenografía, vestuario, etc.) que se realizaron en los años anteriores, y que constituyen la infraestructura de las temporadas, implicó un cambio radical en la organización de la ópera, un "desmonte" de la administración anterior.
Es claro que tal "desmonte" ya estaba previsto desde hacia varios meses, cuando Colcultura decidió que Procultura administrara la compañía de ópera. Esto no deja de ser una contradicción, en vista de que Asartes nació casi que "ex-profeso" para la ópera, mientras que Procultura tiene otras funciones en lo que se refiere a la difusión cultural. Por otra parte se da el hecho de que esta última institución cobrará, por concepto de administración, un porcentaje de los costos de la temporada. Sin barajar cifras y sin comparar los gastos reales de 1982, con el presupuesto de 1983 -una cosa es gasto y otra presupuesto- , si parece un contrasentido castigar con un nuevo costo a una actividad cultural que de por sí exige altas inversiones.
A tan confuso panorama, se agrega el hecho de que Alvaro Fernández de Soto, a quien Procultura había designado gerente de la ópera, renunció recientemente a su cargo, pocas semanas antes de que zarpara e] proyecto.
Pero todo lo anterior se refiere fundamentalmente a los aspectos administrativos que no tienen demasiado que ver con la parte artística. No cabe duda de que es un hecho positivo el que haya ópera, y que se hayan superada los escollos financieros para contratar una importante nómina de solistas y de directores -escénicos y musicales- cuyos nombres permiten esperar un desarrollo satisfactorio de la temporada 1983. Llama la atención, eso sí, un cierto desequilibrio entre los títulos escogidos este año: dos obras de Puccini -La Bohemia y Madama Butterfly- y dos óperas de tema y de estilo muy similares -El Matrimonio Secreto y El Barbero de Sevilla-. Se explica que, por razones financieras,las excelentes producciones de La Bohemia de El Matrimonio Secreto vuelvan este año al escenario; pero en el caso de El Barbero y de Butterfly, sí se hubieran podido programar dos obras diferentes del extenso repertorio operatico, ya que de todas maneras se hubiera tratado de nuevas producciones.
Un aspecto muy interesante de la próxima temporada es el retorno de varios nombres que llevan algún tiempo fuera del escenario operístico. Tal es el caso de las sopranos María Pardo y Carmiña Gallo, y del director escénico Alberto Upegui. La señora Gallo, una de las primeras figuras de las temporadas que se llevaron a cabo entre 1976 y 1980, se retiro de la compañía por razones harto conocidas y no menos polémicas, y su regreso es sin duda una ocasión para volver a escucharla, después de algún tiempo de haber estado dedicada más a la canción folclórica que a su género tradicional. Otro retorno, también interesante, es el de Alberto Upegui quien después de haber sido subdirector de bellas artes, y director y empresario de la ópera de Colombia, vuelve a empuñar la dirección escénica para dirigir "Madama Butterfly", tarea nada fácil, si se tiene en cuenta el altísimo nivel logrado desde que está ausente de la organización de la ópera, y que muy seguramente se mantendrá en el presente año, pues los directores escénicos de las otras producciones son serios profesionales alemanes, cuyo trabajo ya es conocido en Bogotá. Evidentemente, realizar una temporada de ópera no es fácil; afortunadamente, en esta ocasión, el director general es Francisco Vergara Sardi, quien conoce el oficio y quien puede ser un estupendo puente entre el Asartes de otrora y la nueva organización de Colcultura Procultura

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