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| 11/8/1982 12:00:00 AM

CUENTOS OSCUROS

Recuperando la dramaturgia un poco olvidada de del Valle Inclan, el TPB ensaya con una de las obras más intensas de este clásico español, bajo la dirección de Carlos José Reyes....

CUENTOS OSCUROS CUENTOS OSCUROS
Todo se encuentra elevado a la quinta potencia. La religiosidad, el crimen, el horror, la muerte, el amor. Entre las obras de don Ramón del Valle Inclán es esta la que reúne la mayor carga de teatralidad, al estilo de los dramas y las comedias shakesperianas, pero siempre dentro del espíritu y la sensibilidad de lo hispánico. "Romance de lobos", la obra de del Valle Inclán que estrena el elenco del Teatro Popular de Bogotá, dirigido en esta ocasión por Carlos José Reyes, es la última de una trilogía del dramaturgo sobre la vida de don Juan Manuel Montenegro.
En estos días, un tanto casualmente según Reyes, otro grupo bogotano, el TLB, presenta una temporada con otra obra de del Valle Inclán que no sólo forma tienda aparte con el estilo de "Romance de lobos", sino que pertenece definitivamente a una de las etapas creativas menos logradas del autor español. Del montaje con el cual el TPB celebra sus 15 años, puede decirse todo lo contrario, aunque todavía pueda apreciarse la falta de una mayor integración y uniformidad en el desarrollo de la actuación.
El carácter autobiográfico de una buena parte de los personajes centrales de las obras de Inclán se halla expresado tal vez en esta trilogía sobre don Juan más que en ninguna otra de sus obras. Cercana a su etapa final, la de los esperpentos, "Romance de lobos", está cargada de un dramatismo humorístico que no incita a la risa sino al miedo por medio de un mecanismo de efectos teatrales y verbales que van atrapando al espectador. Desde la primera escena, cuando don Juan Montenegro aparece rodeado de truenos, cementerios y voces susurrantes en la noche, se establece el tono de toda la obra que no cederá en ningún momento para sosiego del público. La primera frase que dice don Juan (representado por Juan Gentile) está tomada literalmente del texto original, como el resto del drama: "¡Maldecido animal! Tiene todos los demonios en el cuerpo... ¡Un mal rayo me parta y me confunda!" Los siguientes 89 minutos que dura la obra no bajan el tono.
Un fétido olor a muerte recorre el curioso escenario que ha escogido Carlos José Reyes para la puesta en escena de esta comedia bárbara. En la parte delantera se han instalado pesadas estructuras de hierro, con escaleras y objetos dispersos que van siendo usados progresivamente a medida que avanza el drama. Detrás del teatro, en la parte alta, se ha armado una plataforma, desde la cual se sugieren escenas en el mar; y en el costado izquierdo de la sala, un puente metálico conecta los dos escenarios. La utilización de este recurso escénico no corresponde a la mera intención de permitir un mayor desplazamiento a los personajes. Es también una manera de desestabilizar emocionalmente al público que se siente de ese modo sutilmente agredido. El vestuario, diseñado por Carolina Trujillo, corresponde de la manera más exacta posible al modo de vestirse de las diferentes clases sociales en la España de principios de siglo.
Don Juan Manuel Montenegro es presentado en esta última parte de su trilogía, como un personaje decadente, con referencias sicológicas muy cercanas al Don Juan, de Zorrilla y en otros momentos al Rey Lear. Montenegro, un poderoso mayorazgo, se entera de la muerte de su esposa, María Soledad (Isabel Cristina Gutiérrez), a quien abandonó hace muchos años; en el camino de regreso, por mar y tierra, va encontrándose con las señales de la muerte que hacen de la obra una constante premonición. Barcos que se hunden, mendigos que representan la España feudal y hambrienta que alcanzó a conocer del Valle Inclán, hijos que roban y violan el sepulcro donde está su madre muerta para obtener alguna herencia en medio de los odios familiares, es puesto a los ojos del espectador con un trasfondo elegíaco y densamente religioso. El desenvolvimiento del drama es, sin embargo, demasiado lento y redundante.
La casi totalidad de las creaciones de Ramón del Valle Inclán puede definirse más como un género de novelas para dramatizar, antes que obras de teatro en sí mismas. Esto, desde luego, pone en juego la capacidad de un director de teatro para adaptar los escenarios y estructurar los personajes en su relación con el texto. En Colombia, uno de los directores más conocedores de la metodología y las propuestas teatrales de del Valle Inclán es Carlos José Reyes, un hombre de teatro qué ha montado dramas y comedias de ese autor desde 1964. La escenificación de "Romance de lobos" con 14 actores (10 del grupo de planta del TPB) y que durará en temporada en esa sala hasta fines de este año, es, sin duda, una manera de seguir planteando el retorno a las fuentes culturales de Hispanoaméricaen el arte. Esta obra, con todo y sus sublimaciones y excesos, es un intento provechoso.--
Valentin González B.

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