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| 10/29/1984 12:00:00 AM

LA BATALLA DE NICARAGUA

El director italiano Gillo Pontecorvo prepara una cinta sobre la revolución

LA BATALLA DE NICARAGUA LA BATALLA DE NICARAGUA
Para Gillo Pontecorvo, el director de cine italiano, "La larga calle azul ", interpretada por Ives Montand (1957); "Kapo" (1960), "La batalla de Argelia " (1966), "Queimada ", (1969) casi toda filmada en Colombia, y "Ogro " (1979), hacer cine es un compromiso enorme y lo demuestra el hecho de que en los últimos 25 años de su trayectoria cinematográfica ha realizado cuatro películas, tres de las cuales le bastaron para definirlo como uno de los directores de cine más importantes de Italia.
Si sus películas no hubieran tenido tanto éxito en los Estados Unidos, tal vez no se hubiera permitido el lujo de esperar 7 años entre uno y otro film.
Y es que Pontecorvo es un artista extremadamente exigente consigo mismo. Por ejemplo, pasó año y medio en Argelia viviendo, viajando y hablando con los argelinos de la "kashba", el corazón de la ciudad árabe, antes de filmar su obra maestra, "La batalla de Argelia", sobre la lucha de liberación del pueblo argelino contra el colonialismo francés, realización que, además, le costó la censura en Francia por más de 15 años.
Sólo Mitterrand permitió recientemente su proyección.
Gillo Pontecorvo nació en Pisa en 1919, de donde tuvo que huir a causa de las leyes antisemitas bajo el fascismo. Vivió en París y allí se vinculó a la "resistencia". Más tarde trabajó como enviado de France Press. Pontecorvo, además, es hermano del científico atómico, Bruno Pontecorvo, quien desapareció algunos años y más tarde apareció en Rusia.
Pontecorvo, como todos los cineastas, empezó su carrera como ayudante, haciendo documentales "casi como si se tratara de componer música, que era mi verdadera pasión". Por eso para él la música de sus películas es tan importante.
Recién llegado de Nicaragua, donde piensa rodar su próxima película sobre la revolución sandinista, se entrevistó con SEMANA y relató sus impresiones sobre la realidad centroamericana y los motivos que lo han llevado a realizar un film sobre ella.
SEMANA: ¿Cuál fue la intención original de su viaje a Nicaragua? GILLO PONTECORVO: Desde un principio tenía la idea de realizar un film sobre la alfabetización.
Quería conocer, sobre todo, jóvenes entre los 18 y los 19 años que tres años atrás participaron en esta experiencia. Viajé por Nicaragua a lo ancho y a lo largo para encontrarlos.
Naturalmente, no faltaron las discusiones con los líderes sandinistas: con Borge, uno de los padres de la revolución y con Ramirez, candidato a la vice-presidencia. Hice un largo viaje en carro con Ernesto Cardenal, el ministro de Cultura. Fuimos al norte, a las zonas fronterizas con Honduras, blanco de los continuos ataques de los somocistas.
Mi entusiasmo por la nueva realidad de Nicaragua es aún más intenso que el que tuve cuando realicé "La batalla de Argelia". Los nicaraguenses me conmueven profundamente, y me conmueve todavía más la preocupación de que muy probablemente su experiencia revolucionaria esté destinada a no tener un mañana.
S.: ¿Cómo es el cine nicaraguense?
G.P.: El pueblo nicaraguense es un pueblo muy vivo culturalmente, con un curioso fondo surrealista, un refinado sentido de la paradoja y de la comicidad. Esto se siente en el cine.
Hay documentales realizados con una medida y una objetividad extraordinarias. Cierto que hay algunos de propaganda que reflejan la cultura y las tendencias de los sectores menos liberales del sandinismo, que son absolutamente minoritarios. El único film sobre el sandinismo es "Alsino y el cóndor" del chileno Littin, que fue rodado en Nicaragua, con técnicos locales, producido por la Junta en colaboración con México y Cuba. Técnicamente, el cine nicaraguense está a un nivel altísimo, sobre todo en lo que tiene que ver con el montaje. Pero hay un interés también hacia otras experiencias, y el grandísimo éxito de mi retrospectiva lo demuestra.
S.: ¿Qué piensa de la experiencia sandinista?
C.P.: En Nicaragua existe verdaderamente un modelo alternativo, y no sólo para los países del Tercer Mundo. Cuando se habla del mismo en Occidente, se debe hacer un esfuerzo por entender más la situación: un país asediado por todos los lados, la contrarrevolución somocista apoyada por Reagan en el norte, los rebeldes de Pastora en el sur, el boicot estadounidense a una economía destruída. ¡Qué verguenza!. Un país como éste ha logrado mantener el pluralismo interno. Basta pensar en un dato:
inmediatamente después de la victoria contra el régimen somocista, la primera iniciativa de los sandinistas fue la de abolir la pena de muerte. No es poco, y es signo de una inspiración democrática de esta batalla, inspiración que no ha venido a menos: existe un diario de oposición y los partidos no-sandinistas tienen la posibilidad de hacer propaganda.
S.: ¿Piensa que el consenso interno es masivo?
C.P.: El desastre económico por el que atraviesa el país podría llegar a disminuir el consenso en torno a los sandinistas. Mi impresión es que actualmente éste es todavía muy fuerte.
Esto también en la periferia, incluso en la frontera con Honduras, donde el régimen de Managua ha trasladado a los campesinos hacia el interior, para evitar las infiltraciones somocistas y les ha distribuido nuevas tierras.
También aquí, a pesar de la desesperación por los combates y la atrocidad, los campesinos tienen confianza en la revolución.
S: ¿Cuál piensa usted que es la peculiaridad del fenómeno sandinista?
C.P.: La característica más evidente es la estrechísima relación de la inspiración cristiana y marxista. Este aspecto está presente en muchas experiencias revolucionarias latinoamericanas. En Nicaragua ha llevado a la victoria, y esto a pesar de la posición reaccionaria del Obispo de Managua, Obando y Bravo, que tiene a su favor el 30% del clero intermedio. Otro 30% se ha definido, explícitamente, con los sandinistas y lucha por una iglesia popular. La iglesia popular, la vida entera de Nicaragua, está impregnada por la cultura de los jesuitas. Visitando muchas comunidades cristianas de base tuve la sensación de que no existe un país donde el Evangelio este tan difundido, capilarmente, cotidianamente. Y esto con el acuerdo total de las organizaciones sandinistas centrales y periféricas.
S.: ¿Quién será el productor de su film?
C.P.: Un proyecto como el mío no es fácil de realizar. Yo quiero gustar tanto al.público europeo como al norteamericano. Deseo utilizar soluciones espectaculares, porque considero que las películas para élites no sirven de nada. Sin embargo, no es fácil encontrar un productor para un film como éste. Tengo otra idea alternativa a este film y es la historia del arzobispo de El Salvador, Oscar Romero, que fue asesinado en una iglesia mientras daba la misa. Como el otro, este film lo rodaría en Nicaragua en colaboración con los sandinistas. La junta nos ayudará con la producción y la estadía y nos dará un buen número de técnicos. El resto me toca a mí... -

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