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| 10/8/1984 12:00:00 AM

LA BUENA ESTRELLA

Cinco programas de producción nacional colocan a Coestrellas a la cabeza de la T.V. colombiana

LA BUENA ESTRELLA, Sección Cultura, edición 123, Oct  8 1984 LA BUENA ESTRELLA
En medio de la actual crisis de la televisión comercial en el país, ¿puede alguna programadora darse el lujo de decir: "Estamos muy bien?" Si, aunque parezca increible. Si en el medio se viene rumorando insistentemente que, en este año negro para la TV, apenas unas 5 o 6 programadoras están produciendo utilidades, una de ellas, sin duda alguna, es Coestrellas. Con 5 programas colombianos con un rating superior al 40% según la encuesta Nielsen de televisión, esta empresa, fundada a fines de 1981, se ha convertido de un tiempo para acá en el hermano rico de la hoy muy pobre familia de las programadoras.
Al reunir un conjunto de estrellas de la actuación, la dirección y la animación de televisión, que por primera vez se independizaban y dejaban de ser empleados para convertirse en socios de una programadora, Coestrellas fue el primer experimento de "la tierra para el que la trabaja" que se dio en Colombia. Al principio, alguien lo comparó con el nacimiento en los años veinte de la United Artists en Hollywood. Pero la gran diferencia con ésa y otras experiencias anteriores y posteriores parece ser que, al poco tiempo de su fundación, Coestrellas, en vez de estar al borde de la bancarrota, se presenta como un verdadero éxito comercial.
Y eso que cuando nacio, las predicciones de los observadores no eran para nada alentadoras. "Mucha gente nos dijo que estábamos locos y que esto era un gran error --cuenta Pacheco, recordando la creación de la programadora--Todo comenzó con un almuerzo en el Gun Club. La historia es la siguiente: por aquellos días, yo tenía una serie de problemas derivados del secuestro que me habfa hecho el M-19 para enviarle un mensaje al gobierno. Debido a todos los contratiempos, me vien la obligación de consultar un abogado que resultó ser Gustavo Cárdenas. Almorzamos en el Cun y después de acordar todo lo referente a mi caso, él me contó que estaban dispuestos a licitar para el periodo 82-83, con el gordo Carlos Benjumea y con un importante ejecutivo de ventas en televisión, Jorge Ospina.
Yo le dije que era una locura, porque ninguno de ellos sabía de televisión.
Me explico: el gordo sabe actuar y animar, Gustavo, quien fue vice presidente de Caracol y fundador de Asomedios, sabe manejar plata y Ospina sabe vender. Pero nadie había que supiera de producción, de hacer televisión. Le comenté que estaba dispuesto a entrar en esa sociedad si con seguían a alguien que supiera, porque yo, a diferencia de lo que muchos creen, no sé de televisión. Entonces propuse a Bernardo Romero y a la pocos días, todo comenzaba a ser realidad ".
Entonces, Pacheco y Bernardo Romero dijeron adiós a RTI, la programadora con la que habían trabajado durante años. La sociedad se creó con una inversión por partes iguales: 5 socios, cada uno con el veinte por ciento: Pacheco, Benjumea, Bernard Romero, Gustavo Cárdenas y Jorge Ospina, composición que sólo ha variado en cuanto a que Claudia Samper, esposa de Cárdenas, compró una parte de las acciones de éste y quien como experta en relaciones públicas ha logrado vender una excelente imagen de la empresa. "Lo que sabíamos entonces--explica Pacheco-es que ibamos a tener la suerte de que una serie de coincidencias nos favorecieran". El famoso animador se refiere a que, aparte de los socios, éstos tenían contactos con gente que les resultaría muy útil: primero, Judy Henriquez, que más que contacto es la esposa de Bernardo Romero "y eso nos permitía contar de entrada con una gran actriz; segundo, Liz, la esposa del gordo, resultó ser una excelente administradora del dinero para gastos minuciosos; y tercero, algunos de los socios gozamos de la amistad de Daniel Samper, y esto nos permitió convencerlo del proyecto de "Dejémonos de vainas", que es hoy nuestro programa estrella con 54.1% de rating de hogares".
"A partir de ahí--agrega Bernardo Romero--lo demás ha sido mfstica y trabajo". Al principio, eran personas. Hoy la nómina cubre 3 empleados y la programadora cuenta con más de 200 empleados. Aparte de "Dejémonos de vainas", otros 4 programas están por lo alto en cuanto a rating, como lo pregona un aviso que ha venido saliendo en la prensa en estas semanas: "Compre la Orquesta", coproducción con RTI, con 45% más de 3 millónes de televidentes; "Sabariedades", con 47.5% y 2 millónes 900 mil televidentes; "En escena (Electra), con 41.3% y casi dos millónes y medio y "Siga la pista", con 44% y cerca de dos millónes 800 mil.
"Todo esto es el resultado de un trabajo de complementación entre los dueños--anota Pacheco--, pues yo estoy seguro que si Bernardo, el gordo y yo estuviéramos a cargo de toda la programadora, no sólo habríamos quebrado, sino que hasta estaríamos en la cárcel. Gustavo Cárdenas es el que maneja todo lo referente al billete y lo más divertido de las juntas de socios es que parecen una clase de contabilidad, donde él es el profesor y nosotros los alumnos".
Pero si todo este éxito comercial resulta sorpredente en las actuales circunstancias, más sorpresa causa el hecho de que Coestrellas está casi exclusivamente dedicada a programar televisión Made in Colombia. El único programa enlatado es uno de dibujos animados "que es un desastre en ventas". Aparte de romper el mito de los enlatados, esta programadora se ha sobrepuesto al problema de los horarios. "Sólo tenemos una hora y media en triple A y lo demás son horarios que hemos tenido que conquistar a punta de ofrecer calidad. No negamos que estemos haciendo una televisión popular (no populachera) y no nos da pena reconocerlo. Pero es que para nosotros televisión es diversión y entretenimiento. No es que creamos que no puede ser además cultura, por ejemplo. Si esto se da, bienvenida la cultura, y creo que algo de eso hay en "En Escena" y hasta en "Dejémonos de vainas", pero no se nos olvida que lo esencial es divertir, entretener", dice Romero.
Para los socios de Coestrellas, no hay mayor "secreto del éxito". Se trata de invertir para lograr calidad.
Romero sostiene que "reducir la inversión implica inmediatamente reducir la calidad, luego reducir la audiencia y perder pauta, con lo cual hay que volver a reducir la inversión y se forma un círculo vicioso que resulta fatal ".
Y hablando de invertir, Coestrellas asegura que sus costos mensuales están entre 22 y 25 millónes de pesos, para un total de 6 horas y media de programación. Aunque no les gusta hablar de plata "porque puede resultar antipático cuando algunos de nuestros colegas la están pasando muy mal", Pacheco reconoce que, a nivel salarial, es el que más gana y acepta que su sueldo puede estar muy por encima del que puede ganar uno de los periodistas estrella de 6am -9am. O sea que el cheque mensual que recibe el gran animador es de 7 cifras.
Las demás estrellas de Coestrellas también están ganando "muy bien" y todo esto, como ellos mismos lo dicen "sin tener que pelear con jefe alguno".
"DEJEMONOS DE VAINAS"
El modelo de la vida familiar es fuente inagotable para la realización de programas de televisión. Las circunstancias actuales bajo las que se desarrolla la vida en familia, no pueden ser más propicias para crear dramatizaciones--humorísticas o serias--de una fugacidad que bien puede corresponder al ritmo mismo en que se desarrolla la vida urbana actual. Pero, ¿a la fugacidad de la vida corresponde necesariamente su reflejo desajustado, vano y tantas veces ingenuo? Primero fue "Yo y tú", que marcó para siempre el estilo de este género. Ahora, "Dejémonos de vainas", con otra óptica, con otro sentido del humor, intenta recuperar para la televisión el lugar que dejó vacante la familia de aquel "Yo y tú".
Ya sea como reflejo de la familia cotidiana o como una crónica de la vida contada como un chascarrillo, con sus afanes, sus problemas, y sus expectativas, "Dejémonos de vainas", reduce ahora las pretensiones y la escala del viejo programa, recuperando su tema bajo la mirada socarrona de Daniel Samper Pizano.
La pequeña sala de la casa, los hijos pequeños y la muchacha, son escenario y espectadores de los insulsos dramas cotidianos que se desarrollan entre el esposo y su mujer en una falsa tensión dramática. Sátira o comedia mordaz acerca de la familia y sus circunstancias, cualquiera de los apelativos sirve más que para definir el programa, para satisfacer sus insuficiencias. Y aún así es, después de "El Chinche", el único programa que intenta relatar, con giros fugaces de humorismo, una cierta manera de ser muy nuestra, en este caso el de la típica familia de la clase media que vive en Bogotá.
Pero entre la idea y su desarrollo parece haber un largo trecho. Y es un trecho que el libretista recorre con obviedad extrema, a base de repeticiones. Es tan notoria la ligereza con que se elaboran los libretos, que deja la impresión de una idea original subutilizada que se desgasta sin ser plenamente desarrollada. Las ocurrencias y situaciones aunque no son brillantes, pueden ser mucho mejor aprovechadas; mucho mejor quiere decir aquí que transmitan al televidente la sensacion de que, tras la espuma humorística, hay algo verdadero que mueve una situación humana creíble y que apela decididamente a 18 atención del televidente. La simple sucesión de anécdotas, accidentes y ocurrencias, mecánicamente acumuladas y repetidas, ni producen expectativa en sus interrogantes, ni provoca entusiasmo en sus desenlances. falta siempre en cada capítulo mayor olfato dramático para saber llegar mejor a los puntos culminantes.
El esquema del programa " Dejémonos de vainas" permite que éste se convierta en receptor de lugares comunes. Es, de alguna manera, su propagador ingenuo, a la vez que ofrece una postura completamente conservadora frente a la sociedad. ¿Es que la familia es conservadora por naturaleza como una forma de mantener la unidad que de sí demanda? Quizás sea por este aspecto, que el espectador al final de cada capitulo siente cierta sensación de alivio: la unidad termina triunfando y ésta se convierte en una fuerza que apela al rudimentario pero cierto sentido de tribu legado por los remotos antepasados y que sobrevive contingentemente en la sociedad contemporánea. -

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