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| 1/13/2018 10:15:00 PM

La gran subasta: puja por la colección Rockefeller

Este evento será tal vez el más grande de la historia del arte, pues espera recoger 1.000 millones de dólares. Algunas obras de Picasso, Matisse y Monet podrían romper récords en ventas.

La gran subasta de la colección rockefeller La gran subasta: puja por la colección Rockefeller

Mientras manejaba los negocios de su familia (la más influyente de la primera mitad del siglo XX en el mundo) y dirigía entidades como el Chase Manhattan Bank, el millonario David Rockefeller también se dedicaba a comprar obras de arte de los artistas más reconocidos. Tanto es así que cuando murió en marzo pasado, a sus 101 años de edad, tenía una de las colecciones privadas de arte más impresionantes del mundo, con cerca de 2.000 objetos entre arte asiático, porcelanas chinas del siglo XV, mobiliario europeo y obras de Pablo Picasso, Henri Matisse, Claude Monet, Paul Gauguin, Juan Gris, Paul Signac y Georges Pierre Seurat, entre otros artistas.

Por eso, cuando la casa de subastas Christie’s anunció a finales del año pasado que la colección Rockefeller (como se le conoce en el mercado) saldría al mercado entre abril y mayo de 2018, muchos comenzaron a hablar de “la subasta más importante de la historia del arte”. Y no es para menos. Hasta ahora la colección privada más valiosa ofrecida en una subasta era la de Yves Saint Laurent, que llegó en 2009 a más de 400 millones de dólares; pero los expertos esperan que el precio de todas las piezas del millonario alcancen 1.000 millones de dólares y, como si fuera poco, algunas obras de Picasso, Matisse y Monet podrían romper récords y serían las más caras de esos artistas. Y no será en vano: por deseo expreso de Rockefeller todas las ganancias irán a causas benéficas y a entidades culturales, educativas, médicas y medioambientales.

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La colección comenzó antes del nacimiento de David, el último miembro destacado de una de las dinastías empresariales más importantes de la historia. Su abuelo, John Davidson Rockefeller, fue un hombre de origen humilde que se convirtió en multimillonario gracias a que invirtió en el naciente negocio de las refinerías de petróleo. Su compañía, Standard Oil of Ohio, creció hasta convertirse en un pulpo incontrolable a la que la Corte Suprema de Estados Unidos ordenó dividir en 34 empresas en 1911. Algunas de ellas, como Exxon, Mobil y Chevron, siguen controlando el mercado hoy.

John D. Rockefeller Jr., el padre de David, heredó la fortuna y la invirtió, sobre todo, en finca raíz. Su esposa, Abby Aldrich Rockefeller, amaba el arte y estuvo entre las fundadoras, en 1929, del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Ella les inculcó a sus hijos el amor por coleccionar. Tanto que David solía contar que prometía premiar con ánforas antiguas al que tuviera el cuarto más ordenado. Gracias a ella y a una serie de porcelanas chinas que sus abuelos habían conseguido cuando hacían negocios con los asiáticos, nació la colección.

Pero esta creció con David y su esposa, Margaret McGrath (más conocida como Peggy). Ellos no solo continuaron financiando a entidades como el MoMA, sino que se movían como peces en el agua en el mundo del arte y visitaban a marchantes, galeristas, artistas y otros coleccionistas. Además, los asesoraban personajes de la talla de Alfred Baar, el primer director del museo y uno de los expertos en arte moderno más reconocidos en Nueva York. Como dijo el presidente mundial de Christie’s, Jussi Pylkkanen, al diario ABC de Madrid, “individualmente cada lote es una obra maestra, no solo por el origen, sino también porque el matrimonio Rockefeller se rodeó de asesores que los pusieron en contacto con los mejores coleccionistas del mundo”.

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Así se hicieron a algunos de los tesoros que saldrán este año a subasta. Uno de los más comentados es Fillette à la corbeille fleurie (Niña con una canasta de flores), de 1905, un cuadro del llamado periodo rosa de Pablo Picasso, que muestra a una pequeña completamente desnuda mirando directamente al espectador. La obra está estimada en 70 millones de dólares y estuvo en la casa de la escritora Gertrude Stein, en París. La anécdota cuenta que en 1968, Rockefeller reunió a un grupo de coleccionistas de arte para repartirse la colección de la escritora. Para decidir qué compraba cada uno, metieron unos papeles numerados en un sombrero de fieltro, con la idea de que la suerte decidiera el orden en el que los coleccionistas podían elegir las obras. La buena fortuna le sonrió al millonario, que sacó el número uno y se llevó el cuadro.

Otra obra importante de la colección es Odalisque couchée aux magnolias (Odalisca acostada con magnolias), de Henri Matisse, pintada en 1923. Considerada una de las mejores pinturas del francés en manos privadas, muchos estiman su valor en 50 millones de dólares. Si ese precio se confirma, sería la obra más cara jamás subastada del artista. También está Nymphéas en fleur (Nenúfares en flor), de Claude Monet; una obra hecha durante la Primera Guerra Mundial que hace parte de una serie sobre nenúfares que el impresionista pintó en uno de los periodos más creativos de su vida. Está estimada en 35 millones de dólares.

En cuanto a las piezas asiáticas está una figura de Amitayus (el buda de la prosperidad), labrada en los talleres imperiales con bronce y oro por orden del emperador Kangxi, quien mandó en China entre 1662 y 1722; un cuenco imperial azul y blanco con dragones pintados, fabricado en el siglo XV; y porcelana de exportación china con una decoración esmaltada conocida como el ‘patrón Rockefeller’. También hay una vajilla de porcelana Marly Rouge, para postre, que perteneció a Napoleón desde 1809 y que el emperador se llevó a su prisión en la isla de Elba.

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Algunas de esas obras, de hecho, hacen parte de una exposición que gira por el mundo con el fin de generar expectativa antes de la subasta. En noviembre pasado estuvieron en Hong Kong, ahora están en Londres y luego saldrán a Los Ángeles y Nueva York. Allá se quedarán para la subasta que tendrá dos partes: las obras más importantes serán rematadas con el procedimiento normal, mientras que algunos de los objetos (con precios más accesibles) solo lo serán por medio de una página de internet.

Por ahora, la felicidad corre por cuenta de los responsables de las entidades que van a recibir la donación, como el Consejo de las Américas, la Fundación David Rockefeller, la Universidad de Harvard, el MoMA y la Universidad Rockefeller, entre muchas otras. Pero también de los amantes del arte del mundo, pues varias obras significativas van a volver a circular en el mercado. Como el propio Rockefeller dijo alguna vez, “finalmente, todos estos objetos que nos han producido tanto placer a Peggy y a mí saldrán al mundo y estarán nuevamente disponibles para quedar al cuidado de otros que, esperemos, obtengan de ellos la misma satisfacción y alegría que nos regalaron a nosotros en estas últimas décadas”.

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