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| 9/30/1985 12:00:00 AM

LA OPERA DEL CENTAVO

Tras 10 años de temporadas de ópera, Colcultura no ha encontrado la fórmula para una financiación estable de este debatido espectáculo.

LA OPERA DEL CENTAVO LA OPERA DEL CENTAVO
Todo parece indicar que la crisis económica también llegó a la música, y con menos bríos que en el pasado acaba de terminar en Bogota, y de iniciarse en la provincia la décima Temporada de Opera de Colcultura.
El hecho mismo de tener una historia ininterrumpida de diez años, es ya un logro importante para el género lírico, el cual ha demostrado así que, pese a numerosas y acerbas críticas, despierta un interés creciente entre el público y posee la suficiente entidad como para sostenerse contra viento y marea. Por primera vez el país asiste a diez años consecutivos de ópera, y aunque el interés se despertó desde la primera función -Popayán 1833- nunca había existido una compañía estable de ópera, y la afición nacional dependió desde siempre de compañías itinerantes o de intentos nacionales realizados con alas de cucaracha.
No obstante el éxito creciente, y pese a las numerosas personas que derivan sus ingresos del espectáculo y de su infraestructura musical, coral, escenográfica, técnica y de vestuario, este año, otra vez el cotarro operático se notaba agitado por negros presagios que parecen abatirse sobre el futuro, como ocurre temporada tras temporada.
¿Será, acaso, el último año? De hecho, la ópera se llevó a cabo de acuerdo con las limitaciones presupuestales por las cuales atraviesa el Instituto Colombiano de Cultura. Es bien sabido que los recaudos por concepto de venta de boletería no alcanzan -ni en Colombia, ni en ninguna parte- para cubrir los costos del espectáculo, el cual, por otra parte, encuentra una plena justificación en la supervivencia de esa misma organización que ha creado y retroalimentado, y sobre todo en el desarrollo musical y escénico del país. La ópera ha estimulado profesionales de la escena, y le ha permitido a importantes directores, músicos y solistas colombianos, un continuo fogueo ante el público, a través del cual, han podido no sólo medir sus capacidades, sino prepararse para llegar, como lo han hecho, a la escena internacional. La ópera ha creado además un público, y ha dejado que nuevas generaciones juzguen un género que, por más que les pese a muchos, es tan válido como cualquiera otro y que, además, reúne varias formas de arte.
En la temporada que acaba de terminar, el público bogotano literalmente colmó el Teatro Colón durante 18 funciones de tres títulos del repertorio. El balance, según los aficionados y según la crítica, fue satisfactorio en lo que se refiere a "El matrimonio secreto", joya del barroco, compuesta por Domenico Cimarosa, y a "Carmen", del francés Georges Bizet, tal vez la obra más popular de todos los tiempos. En cuanto a "Rigoletto" de Giuseppe Verdi, un auténtico best seller para la afición colombiana, que inauguró la temporada, este año no corrió con mucha suerte su reposición, tal vez por problemas de producción y de concepción escénica.
El plato fuerte de la temporada fue, sin duda, la reposición en una nueva producción de "Carmen", obra que, popularidad aparte, contaba con la presencia de dos figuras favoritas del público: las mezzosopranos Sofía Salazar y Martha Senn, quienes, según estaba programado, alternaron en el papel protagonista de la ópera.
Si bien Martha Senn es un auténtico éxito de taquilla y sus interpretaciones de "Carmen" en el extranjero han dado mucho de que hablar, la versión de la gitana de Sofía Salazar causó una impresión tan honda en el público, que la joven artista antioqueña escuchó noche tras noche ovaciones sin precedentes en el teatro. La producción estuvo a cargo de Willy Decker, director escénico alemán, a cuyo cargo han estado, en otras ocasiones, algunas de las puestas en escena más memorables de estos diez años.
A partir de esta semana, la Opera de Colombia presentará en forma de concierto, una antología de la Opera (Teatro de Colsubsidio, 6 y 7 de septiembre) y luego iniciará una gira por el país, que la llevará a Cali ("El matrimonio secreto", 10 de septiembre, "Carmen", 13 de septiembre); Cartagena ("Carmen", 17 de septiembre) y Barranquilla ("Carmen", 20 de septiembre).
También, y de manera especialmente significativa al celebrar diez
años de vida, por primera vez la Compañía Nacional de Opera viajará al exterior, y presentará en el Teatro Sucre de la ciudad de Quito, "El matrimonio secreto" (19 y 20 de septiembre), obra en la cual ha venido interviniendo la soprano ecuatoriana Beatriz Parra, actual subsecretaria de Cultura del Ecuador, y elemento permanente, a lo largo de estos años, de la ópera en Colombia.
Pero, a pesar de todos los logros enumerados, de una evidente calidad que continúa en ascenso y, sobre todo, del servicio que le ha prestado a la música en el país, la ópera, como lo anotabamos al principio, está, y en realidad nunca ha dejado de estarlo, en peligro de sucumbir, mientras no pueda preverse con suticiente tiempo -por razones económicas- su desarrollo a mediano y largo plazo.
Quizás la única fórmula que permita garantizar la permanencia de esta actividad noble y que sin duda ha contribuido a mejorar la calidad de la vida cultural de la nación, sea la unión, a través de mecanismos como las fundaciones y otras herramientas similares, del sector privado y del sector público, en la financiación del espectáculo, de un espectáculo que, por encima de cualquier polemica, ya no necesita probar su validez, ni estimular entusiastas defensas.
En cierta medida, cada año vuelve a nacer la ópera y, claro está, el parto continuo es desgastador y no permite asegurar la supervivencia de la especie, en el futuro.

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