Los debates de La Habana, una mirada desde adentro, no es un resumen del acuerdo de paz, ni un perfil de los negociadores, ni una defensa del proceso. El texto de 300 páginas, financiado por el Instituto para las Transiciones Integrales (IFIT), una ONG que ofrece asesoría durante transiciones políticas, es, más bien, una exposición y reflexión de los debates que surgieron en las negociaciones entre el gobierno y las Farc, contados por varios de sus protagonistas.
El libro que escribió Andrés Bermúdez Liévano se divide en siete capítulos, seis de ellos correspondientes a los puntos de la negociación y uno a la segunda negociación, que se dio entre el gobierno y los promotores del No, luego del resultado del plebiscito. Además hay un epílogo. Allí se exponen los debates más importantes del proceso, que surgieron alrededor de preguntas como ¿Quién escoge a los que reciben tierras? ¿Cultivos ilícitos o de uso ilícito? ¿La reparación debería incluir la satisfacción de las necesidades básicas?
Bermúdez identificó las preguntas que se hacían los negociadores pues entrevistó a 30 asesores del equipo de gobierno. A diferencia de las caras más visibles, los entrevistados fueron los tecnócratas encargados de preparar la posición del gobierno y de asesorar en los debates ideológicos, filosóficos y políticos más difíciles. “Eran los ‘cargamaleta’ de la negociación”, dice Bermúdez.
Por eso, ellos saben lo que sucedió detrás de cámaras y, además, fueron los encargados de buscar soluciones creativas a debates que parecían imposibles de superar. En el libro participó, por ejemplo, Juanita Gobertus, la coordinadora del punto de justicia y víctimas; Elena Ambrosi, reconocida por sus compañeros como el computador humano, y Juan Fernando Londoño, experto en derecho electoral, entre otros.
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Los entrevistados también reflexionaron sobre el ‘detrás de cámaras’ de la segunda negociación. Luego de que el No triunfó en el plebiscito celebrado el 2 de octubre de 2016, el gobierno de Juan Manuel Santos se propuso una nueva negociación, esta vez con los opositores del acuerdo. Estos debates, que para muchos fueron más complejos que los anteriores pues dependían de la voluntad política de varios sectores, también se exploran en el libro.
Sin embargo, en el proceso de entrevistas faltaron las voces de los negociadores y asesores de las Farc. Aunque hay reflexiones en torno a frases de los exguerrilleros en ese momento, Bermúdez dice que no los entrevistó para el libro porque la perspectiva de ese grupo es más compleja de entender, y él corría el riesgo de apropiarse de una visión sin comprenderla del todo.
Aun así, la idea es que Los debates de La Habana sea útil para toda la sociedad, que actualmente sigue enfrentando muchas de las discusiones presentes en el proceso de paz. “Por ejemplo aún debatimos sobre la forma de sustituir la coca, sobre cómo mejorar nuestra democracia, cómo darle legitimidad al acuerdo de paz, qué es realmente la restricción privativa de la libertad, etcétera”, asegura Bermúdez. Como los entrevistados ya solucionaron estos debates, sus lecciones, consignadas en el libro, pueden arrojar luces a las disyuntivas actuales.
De los entrevistados, 15 pertenecen al Fondo de Capital Humano para la Transición Colombiana (FCH), creado por el IFIT. La idea es que ellos preserven la memoria y el conocimiento que adquirieron durante las negociaciones y se han reunido para asesorar a Siri Lanka o Gambia, así como para compartir con negociadores de otros procesos exitosos.
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Por ejemplo, en 2017, el FCH viajó con varios impulsores del No a Irlanda del Norte para conocer a opositores y defensores del acuerdo de paz en ese país, conocido como el Acuerdo de Viernes Santo (1998). Luego de ese viaje, uno de los impulsores del No en Colombia dijo que “las lecciones de Irlanda del Norte son inmensas: la reconciliación es un proceso largo”.
Ayudar en el proceso de reconciliación es una de las metas de la ONG IFIT y del libro de Bermúdez. Por eso, dice que la información que se presenta es crucial en este momento, porque además “ayuda a construir condiciones distintas para evitar que se recicle la violencia en Colombia, como ha pasado tantas veces en el pasado”.
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