CULTURA

Los bailarines canadienses que vienen a sorprender a Colombia

Este mes el Toronto Dance Theatre, una de las compañías más importantes de danza de Canadá, se presenta en Bogotá y en Medellín para celebrar sus 50 años. SEMANA habló con su director artístico, Christopher House.

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10 de noviembre de 2017 a las 7:10 p. m.
Foto: Cortesía

La prensa de su país lo llama uno de los coreógrafos “innovadores más constantes”. Y sí que lo es, pues luego de 38 años en el Toronto Dance Theatre, donde es el director artístico desde 1994, Christopher House ha creado unas 60 coreografías con características diferentes y con elementos que cambian y se transforman con el paso del tiempo.

Su compañía, una de las más importantes de Canadá, cumple 50 años en 2018 y, para celebrarlo, está de paso por Colombia. El próximo 17 y 18 de noviembre se presentará en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, de Bogotá, y el 23, 24 y 25 de noviembre en el Teatro Pablo Tobón Uribe, de Medellín. Y traen, precisamente, un espectáculo que combina cinco de las mejores coreografías de House.

SEMANA habló con él sobre lo que podrán ver los colombianos a su paso por el país, sobre la danza y sobre su carrera.

SEMANA: La próxima semana, el ‘Toronto Dance Theatre’ llega por primera vez a Colombia, ¿qué tienen preparado?

Christopher House: Preparamos un programa con cinco coreografías cortas y espero que sea algo que los sorprenda mucho, pues nunca las han visto antes. De nuestro lado siempre es emocionante viajar a otros países, porque uno nunca está seguro de qué esperar. Además, puede aprender mucho de las audiencias que ven nuestra puesta en escena con ojos diferentes a los acostumbrados. Así que espero que lo que tenemos preparado le guste al público de Bogotá y Medellín.

SEMANA: ‘House Mix’, el show que van a presentar, reúne cinco de sus coreografías más reconocidas, ¿Por qué escogió esas y no otras de su amplio repertorio?

C.H.: Quería un programa que reuniera muestras de los diferentes trabajos que hace la compañía. Sobre todo porque estamos celebrando nuestro aniversario número 50 y estamos haciendo muchas giras por Canadá. Así que es una especie de retrospectiva, pues hay obras de los años noventa y otras mucho más nuevas. Vamos a mostrar desde danzas poéticas, que apelan más a las imágenes, hasta otras que son más físicas y técnicas, que se trabajan con patrones más rápidos. Entre las dos hay algo que uno puede llamar ‘coreografías instintivas’, en las que los bailarines trabajan sobre acciones muy específicas, pero en las que toman decisiones en tiempo real. Es algo riesgoso, pero muy emocionante para las audiencias. Además, en Bogotá vamos a tener una premiere: Thirteen (trece).

SEMANA: Ya que habla de esa coreografía (Thirteen), está basada en ‘Glass Houses,’ una de las obras más icónicas de su carrera, pero modernizada, ¿cómo la adaptó?

C.H.: Hice ‘Glass Houses’ en 1983, así que era un coreógrafo muy joven (risas). Es una pieza muy rápida, muy ‘estricta’ y formal, tiene muchos patrones a seguir. Y aunque ya no hago piezas como esa, en marzo invité a cinco coreógrafos para que reaccionaran al verla. También me invité a mí mismo, porque han pasado 30 años y soy una persona distinta. De hecho, es interesante volver al repertorio algunas veces y ver si piezas que dejamos atrás aún tienen valor. Probablemente algo que parecía una mala idea 10 años atrás, ahora se ve muy interesante. Así que tomé algunas de las ideas principales de ‘Glass Houses’ y las uní a una pieza musical del mismo compositor de ese entonces. Y definitivamente estremeció mi cuerpo y mis sentidos, tanto como la original.

SEMANA: ¿Y de qué se trata?

C.H.: Es un remix con un músico en vivo en el escenario. Es una pieza que me emociona mucho. Los bailarines son maravillosos, se van a comportar como músicos en el escenario. Como si fueran una banda de jazz, van a tomar decisiones basados en lo que hagan los otros bailarines. No sé si esto tenga sentido sin ver la puesta en escena, pero es algo impresionante. Tan es así, que al final los bailarines terminan exhaustos tanto física, como mentalmente.

SEMANA: Usted entró al Toronto Dance Theatre hace 38 años como un bailarín, pero poco a poco creció en la compañía. ¿Cuál es su secreto? ¿Qué debe hacer un bailarín para llegar tan lejos como usted?

C.H.: Es duro quedarse en un trabajo en el que sientes que haces lo mismo día a tras día. Eso aburre y hace que las personas dejen de hacer un buen trabajo. Así que para mí la clave es no parar nunca. Si no nadas contra la corriente, no vas a conseguir nada. Mi propia experiencia como bailarín y coreógrafo está motivada por un deseo de aprender cosas nuevas y de desarrollar cada día mis habilidades. Siempre me emociona lo nuevo. Yo estoy en una posición afortunada y esta es una compañía muy diferente a la que yo entre cuando era joven. Creo que esa es la razón por la que sigo aquí.

SEMANA: ¿Qué busca cuando se sienta a crear una nueva coreografía? ¿Cómo es el proceso de creación?

C.H.: A mí me interesa explorar preguntas que surgen o situaciones que me retan mucho. Además, estoy muy comprometido con la idea de que los bailarines estén un 100 por ciento comprometidos con la obra. Es decir, me interesan personas que no solo estén metidas en su rol, sino que sean corresponsables con el éxito y el desarrollo de toda la pieza. Por eso, normalmente, cuando estamos creando algo nuevo, gastamos mucho tiempo en los escenarios buscando consensos sobre cómo debe funcionar todo. Y uno sigue el camino que más le interese, que más lo emocione o que más prometedor se vea.

SEMANA: La danza en Colombia es una oportunidad para muchos jóvenes que viven en entornos de violencia y pobreza, ¿qué deben hacer las compañías de danza para aprovechar ese potencial?

C.H.: Es algo que nos preguntamos en Canadá también. Acá hay un movimiento fuerte que busca involucrar a cada vez más jóvenes en la danza. Yo creo que el reto es buscar la forma de atraer a las personas sin que estas se sientan diferentes de los bailarines que están sobre los escenarios. Una de nuestras metas como compañía, de hecho, es reflejar a la ciudad de Toronto como es, y actualmente acá vive mucha gente que no nació en Canadá y que tiene diferentes habilidades. A ellos tratamos de atraerlos a la compañía. Por eso si vamos a presentarnos ante un grupo de inmigrantes que están en una casa de asistencia social, por poner un ejemplo, además de mostrarles lo que hacemos, les pedimos que suban al escenario y se vean a sí mismos como parte de esto.

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