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| 2/6/2005 12:00:00 AM

Memoria infame

La historia completa de los campos de concentración de la antigua Unión Soviética.

Memoria infame Memoria infame
Anne Applebaum
GULAG
Debate, 2004
671 páginas

La memoria colectiva también suele ser caprichosa. Por eso, a la hora de los juicios históricos, alguien responsable de horrendos crímenes masivos puede llegar a recibir más consideración que otro menos sangriento. Stalin, por ejemplo, siempre será menos odiado que Hitler así lo haya superado en crueldad o en número de víctimas: "Stalin mató más ucranianos que judíos asesinó Hitler".

Es cierto: los campos de concentración de la antigua Unión Soviética no han sido un tema que haya atraído especialmente a la imaginación popular o a los guionistas de Hollywood. Sobre ellos no han corrido tantos ríos de tinta ni han dado lugar a películas famosas como La lista de Schinder o El pianista. Y sin embargo fueron algo tan inhumano y reprochable como los campos de exterminio nazi. Algo que de ninguna manera deberíamos minimizar o pasar por alto. Desde 1929, año en el que comenzó el gran auge del Gulag, hasta 1953, año en el que murió 'el padrecito' Stalin, desfilaron por ese sistema represivo alrededor de 18.000.000 de personas, de las cuales una cuarta parte murió.

Al igual que los campos nazis, en los campos soviéticos se recluía a las personas no por lo que habían hecho sino "por ser quienes son". Los prisioneros eran civiles que por razones de su raza o su posición política se les consideraba peligrosos y "prescindibles" para la sociedad. En la Alemania de Hitler empezaron con los minusválidos, los gitanos, los homosexuales y terminaron con los judíos. En la Unión Soviética, primero fueron los partidarios del antiguo régimen, los opositores políticos -"los enemigos del pueblo"- y luego, grupos nacionales y étnicos como polacos, bálticos, chechenos, tártaros y, antes de la muerte de Stalin, judíos. El principio que los guiaba se asemeja: existe un tipo de personas superior a otro. Así, los "superiores" podían inventarse enemigos objetivos -y por tanto variables a capricho- que terminaban en los campos de concentración, previo proceso de deshumanización. "Ambos regímenes se legitimaron, en parte, estableciendo categorías de 'enemigos' o 'infrahumanos' a quienes persiguieron o aniquilaron a gran escala".

¿Por qué, entonces, Stalin aparece como menos villano que Hitler? Por razones ideológicas: "Los nazis eran malos. Pero la Unión Soviética estaba deformada". Aunque nunca se cumplieron, los bellos ideales comunistas de igualdad y justicia social parecían mejores que los postulados nazis de racismo, e hicieron que los intelectuales de izquierda se negaran durante muchos años a aceptar la cruda realidad. Neruda le compuso poemas a Stalin, y Bertolt Brecht llegó a decir: "Cuanto más inocentes son, más merecen morir". Y, además, Churchill y Roosevelt, al final de la Segunda Guerra Mundial, se retrataron con Stalin. ¿Cómo podía Occidente aceptar que uno de sus héroes aliados no se diferenciara del enemigo genocida?

Hubo motivos ideológicos pero también, un gran desconocimiento. El acceso que en los últimos años los investigadores han tenido a los muy escondidos archivos soviéticos y la proliferación de memorias ha sacado a la luz una rica información que permite apreciar en toda su magnitud lo que significó ese oprobioso sistema carcelario. Anne Applebaum, historiadora y periodista, con rigor y profesionalismo se ha basado en estas nuevas fuentes. Y el resultado salta a la vista: su libro es la más completa historia de los campos de concentración soviéticos desde sus orígenes en la revolución bolchevique, su transformación en una parte esencial de la economía soviética -nada menos que un modelo de crear riqueza con trabajo esclavo- hasta su desmantelamiento final. Y un elemento adicional que lo vuelve aún más interesante: Applebaum consigue recrear en detalle cómo fue realmente allí la vida cotidiana. Se trata de una obra inmensa y sin exagerar puede decirse que su Gulag será para nuestro tiempo el equivalente de ese otro libro que en los años 70 conmocionó la conciencia occidental: Archipiélago Gulag de Alexander Solzhenitsyn.

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