CULTURA

“Nos están viendo la cara de pendejos”: Juan Pablo Calvás

‘Nos pintaron pajaritos en el aire’, el primer libro del periodista sobre las promesas incumplidas de los presidentes colombianos, va para la segunda edición con solo dos meses de publicado.

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13 de octubre de 2018 a las 6:54 a. m.

Juan Pablo Calvás lleva unos cinco años como editor general de la W Radio, cuatro como columnista de El Tiempo y toda una vida apasionado por el periodismo. En agosto cumplió otro de sus sueños y publicó su primer libro que hace un recuento, con humor y pesimismo, de las propuestas que los mandatarios colombianos nunca cumplieron.

Cuando relata lo que los políticos prometieron sobre el Canal de Panamá, el Túnel de la línea, la salud en las regiones, la calidad de vida en Buenaventura o la navegabilidad del Río Magdalena, Calvás busca que los lectores sientan rabia, se indignen y empiecen a exigir más.

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SEMANA: El libro se centra especialmente en Álvaro Uribe y en Juan Manuel Santos, ¿han incumplido más que los demás?

J.P.C.: Este libro tiene como base la indignación. Si retomamos las historias más cercanas, las promesas incumplidas llegan más al hígado. Nuestra cultura democrática es tan pobre que pensamos que con ir a las urnas cada cuatro años ya hicimos la tarea. Pero también se vale alzar la voz y exigirles a los mandatarios que cumplan. No quería dejar de lado otros gobiernos, pero es urgente mirar lo más reciente porque es lo que debe darnos más rabia. No importa si es Uribe o Pastrana o Santos, todos nos han quedado mal.

SEMANA: La indignación también abruma y muchos se cansan de la política…

J.P.C.: Entiendo que a veces la indignación termina desanimándolo a uno, pero yo preferiría que lo viéramos como un punto de partida. No creo que la indignación cambie algo, con movilizaciones y antorchas, pero sí sirve para tomar conciencia y crear una verdadera democracia donde exista una correspondencia entre el elegido y el elector. Por ejemplo, al cierre del libro yo muestro un cuadro para que la gente evalúe si Iván Duque cumple o no.

SEMANA: ¿Algún tema o caso se quedó por fuera?

J.P.C.: Hay de todo un poco. Por ejemplo, no incluí el problema de la vivienda en Colombia, que viene desde hace mucho y se sale muchas veces de las manos de los dirigentes. Tampoco me le medí a decir: Álvaro Uribe prometió acabar con las Farc. Uno revisa su programa y él nunca lo dice explícitamente, aunque en el trasfondo era su argumento de campaña.

SEMANA: Hemos tenido dirigentes de distintos partidos, ciudades, etc. ¿Por qué incumplen todos?

J.P.C.: Hay dos inconvenientes. Primero, la inconstancia, es muy fácil ir a las regiones, prometer y nunca más volver. Pero hay otra más grave: la indolencia a la que nos ha llevado el centralismo en Colombia. Muchas de las promesas regionales nunca se cumplen, como en Buenaventura. Yo concluyo que el centralismo ahoga las ilusiones de las regiones.

SEMANA: El libro es muy sarcástico, utiliza expresiones coloquiales y le habla al lector. ¿Por qué escribir con este estilo?

J.P.C.: Yo tiendo a escribir así. Arranqué como si fuera un libro de historia, pero me devolvieron el texto y me dijeron que así no era yo. Con sarcasmo y humor se digiere la realidad con mayor facilidad. Y lo utilizo para ponerle Alka-Seltzer a un plato muy pesado: darnos cuenta de que nos están viendo la cara de pendejos. Entonces, el humor del libro es pesimista, porque la vida son ínfimos instantes de felicidad rodeados de eternos momentos de angustia, zozobra y pesar.

SEMANA: ¿De dónde viene esa perspectiva pesimista?

J.P.C.: Es el desencanto mismo con la realidad. La vida difiere mucho de las novelas con las que nos bombardean. Cuando uno es consciente de que desde el momento mismo en que nace empieza el proceso hacia una fecha de vencimiento, ¿qué tiene de sentido sonreír? Mi pesimismo viene de entender lo pequeños que somos y lo importantes que nos creemos. Y por eso es importante la literatura que lo aterrice a uno.

SEMANA: Estamos en un contexto donde se habla de periodismo para la paz, ¿cómo entra ahí el pesimismo?

J.P.C.: El pesimismo es bueno para no perder la perspectiva. Hacer periodismo que sirva para construir paz, pero ignore que hay cosas que no funcionan, va en contravía de una de las misiones claves del periodismo: contar realidades y sobre todo las más duras. Entonces es bueno no dejarse llevar por el entusiasmo. Sí, hay que celebrar, pero no podemos olvidar que dentro del proceso de paz no todo marcha bien. El Estado, por ejemplo, ha incumplido su tarea de llevar educación y salud a muchas zonas. Los periodistas tenemos que relatar lo malo para que mejore.