UN CASO DE ASEsinato, dos amigas cómplices y un detective intuitivo son los elementos esenciales de donde parte el director Alan Rudolph para narrar una historia digna de Sherlock Holmes.
Entre las tantas y triviales cintas detectivescas que llegan al país, esta película sobresale por el hábil manejo de la técnica del "flash hack", es decir, el retroceso en el tiempo que hace la cámara para mostrar al espectador sucesos pasados del protagonista. Un interrogatorio a una mujer (Demi Moore) sobre un asesinato en el que ella tomó parte (al menos como testigo), sirve como escenario del tiempo real en que se desenvuelve la historia. En realidad, lo importante es el tiempo interno, que nace de la narración de la mujer sobre cómo sucedieron los hechos.
Tal y como se van descubriendo las evidencias, las posibles causas del asesinato, las justificaciones del encubrimiento, la película hace una sutil alusión a la producción de Ridley Scott "Thelma and Louise". Incluso, el detective que hace el interrogatorio parece ser el mismo policía de la película de Scott (es el mismo actor: Harvey Keitel). Sin embargo, más que las aventuras de las dos mujeres protagonistas (la otra es Glenne Headly), lo que interesa es el análisis y las conclusiones que se van hilvanando en la medida en que se cuenta la historia y se desenreda el crimen.
Un buen tratamiento de un tema que sigue dando polémica en el cine: el abuso sexual.
Pensamientos mortales
Demi Moore reaparece en la pantalla con un papel no tan angelical como el de "Ghost".
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15 de marzo de 1992 a las 7:00 p. m.