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| 4/30/1984 12:00:00 AM

PLUMA EN RISTRE

Reedición de cartas de Eladio Urisarri, furibundo antagonista político del General Santander, desata tormenta en círculos académicos

PLUMA EN RISTRE, Sección Cultura, edición 100, Apr 30 1984 PLUMA EN RISTRE
Había que tener la furiosa perseverancia del doctor Eladio Urisarri para alcanzar esta prolongación de su antisantanderismo constante más allá de la muerte Urisarri sobrevivió por más de cuarenta años al General Santander pero hasta el último día de su vida fue el más aguerrido antagonista político, el crítico mordaz e inflexible de sus actuaciones a través de periódicos y panfletos, y en particular en una extensa serie de cartas cuya reedición en dos entregas emprendió en diciembre pasado el " Boletín Cultural y Bibliográfico" del Banco de la República desatando una irritada censura desde las páginas editoriales de El Tiempo y los claustros de la Academia de Historia.
En rigor, se trata de doce cartas enviadas con seudónimo por don Eladio al General Santander en persona, desde fines de 1837 hasta comienzos del 38, para refutar unos "Apuntamientos" en los cuales el Hombre de las Leyes expone aspectos diversos de su carrera militar y administrativa.
Muerto Santander en el año 40 las cartas debieron perder su interés como documento político y sólo en 1890, cuando el doctor Urisarri acumulaba ya sus buenos siete años de sepultura, reaparecen en el periódico El Orden sin otra explicación que el anuncio de ser "lectura de gran interés". No es difícil suponer que la circulación original de las cartas firmadas por "Los Sin Cuenta" fuera amplia y copiosa, Si nos atenemos a los testimonios de don Angel y don Rufino José Cuervo, quienes describen a Urisarri como "el adversario más terrible del Gobierno y de Santander mismo" quien "para combatirlo empleó todos los tonos y una actividad casi febril.. .(pues) .. .no sólo escribia en los periódicos de la capital, sino que enviaba constantemente artículos a los de provincia, para mantenerlos unísonos"; sin embargo, el hecho de que la publicación del "Boletín" tome como fuente la colección del periódico El Orden, deja entrever que las doce diatribas desaparecieron o fueron recogidas a tiempo por los interesados.
Cuando se nos ha enseñado que la patria fue liberada de los españoles por unos tipos que ahora son estatuas, así de tiesos, serios e inalcanzables, el contenido de estas cartas nos resulta escandaloso. Urisarri califica y argumenta generosamente sobre las actuaciones militares, políticas y privadas de Santander, se explaya en demostraciones, cuestiona el fusilamiento abrupto de 38 prisioneros españoles a los cuales Bolivar se había comprometido a canjear, le acusa por deserción del ejército en Santa Marta, por cobardia al excluirse de los riesgos de la campaña de Venezuela, por mantener inactiva la tropa en Ocaña contra las órdenes del Gobierno; le culpa de "evaporar" los bienes secuestrados a los españoles fugados de Santa Fé ante la llegada del Ejército Libertador; subraya la interpretación del artículo 128 de la Constitución porque "dio decretos imponiendo penas, hasta la de muerte"; y recuerda, como una de las consecuencias de la vicepresidencia de Santander, el empréstito de 1823, cuyos intereses anuales ascendian a más de 300 mil pesos, reprochándole cómo "se disipó, sin quedar más que la noticia de sus productos, y el peso insoportable de la deuda que hoy y por mucho tiempo estará causando desgracias al país, mientras usted tiene hacienda, casas y dinero en abundancia".
Si hay una sóla línea de cierto o falso en todo ello es algo que parece decidido ya por los replicantes al "Boletin"; no es más que un detritus calumnioso sacado de las "cloacas de la Historia", consideran, sin explicarnos por qué, y la pregunta surge inevitablemente tras un examen ligero de la figura pública del doctor Urisarri, quien declinó en 1832 la designación para el cargo de secretario del Consejo de Estado, pero aceptó los de profesor de cánones en el Colegio del Rosario en el 33, juez del Tribunal del Distrito de Bogotá y ministro fiscal en el Tribunal de Antioquia al año siguiente, Gobernador de Bogotá en 1840, Encargado de Negocios ante la Santa Sede dos años después, y enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante la misma en 1847, periodo en el cual algunas poblaciones de la Costa Atlántica y adeptos de Santa Fé lanzaron su candidatura a la vicepresidencia.
Formado bajo la influencia del enciclopedismo, Urisarri derrochó en sus escritos la energia ahorrada en su escaso trato con los hombres, llegando a convertirse en una especie de agencia noticiosa cuyos despachos cargados de un humor abrasivo tenían como principio y fin exclusivo embestir al General Santander.
La resurrección de este exótico personaje a raíz de la publicación de sólo seis cartas en el Boletin Cultural del Banco de la República desencadenó una rica gama de interpetaciones, especulaciones y equivocos, algunos sobre las motivaciones de la institución para darlos a la luz pública, y los más contra los documentos, la persónalidad y la existencia misma de Urisarri, quien a la larga resultó no ser más que "un hombre (o un nombre, da igual) supuesto" cuya carrera de "adulaciones miserables al Libertador" pareció culminar en las también supuestas cartas.
De otra parte, las interpretaciones recurren a la sesquicentenaria contienda liberal-conservadora, reencarnada de nuevo por las filguras de Santander y Bolivar, según las cuales la edición de las cartas de "Los Sin Cuenta" se considera como una provocación y una demostración de poder del conservatismo, "con el objeto de que el liberalismo pise la manta", y en un alarde futurológico vaticinan la publicación de tantas otras páginas arrancadas a la historia nacional.
Así pues, la controversia está por darse, en vista de este eterno reacomodamiento de las verdades históricas, pero no tanto para precisar hasta dónde "el bueno" era tan bueno y "el malo" tan malo, sino para esclarecer cuáles han de ser las actitudes con que se encare el estudio de la historia, si desde una concepción que la encasilla como cosa juzgada para dividir a sus protagonistas en próceres y malevos, para sacralizar reputaciones y acallar "misterios", o desde un enfoque abierto a los hechos y a los más dispares testimonios, para que nuestros héroes abandonen la incomodidad de los pedestales y desciendan de nuevo a su condición de seres de carne y hueso. -
-Francisco Celis Albán -

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