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| 4/3/2000 12:00:00 AM

Resucita un genio

La reedición de ‘Caconia y otros poemas’, de Martinón, recupera a uno de los mejores humoristas colombianos.

Resucita un genio Resucita un genio
Hasta hace pocos días el nombre de Martinón era una referencia borrosa en la cultura bogotana para unos cuantos mayores de 50 años que leyeron sus poemas satíricos en algún suplemento literario y un perfecto desconocido para los menores de 30, que crecieron con las irreverencias de Jaime Garzón, Santiago Moure y Martín de Francisco.

Sin embargo la reedición de Editorial Planeta del libro Caconia y otros poemas ha permitido recuperar una obra breve pero contundente en la que se unen el humor, la ironía y la calidad poética.

Hernando Martínez Rueda, más conocido como Martinón, nació en Bogotá en 1907, estudió medicina en la Universidad Nacional y se afilió desde joven al Partido Conservador. Llegó a ser suplente de Laureano Gómez en el Senado pero su paso por el Congreso fue más que suficiente para desencantarlo de los políticos. Pero no de la política, pues aprovechó su talento literario y su muy cachaco sentido del humor para escribir toda suerte de poemas, en los que pintaba de cuerpo entero no sólo a los dirigentes sino también al país en general y a la gente común y corriente que montaba en bus y marcaba tarjeta en las oficinas.

Además de médico Martinón poseía una gran cultura (fue profesor en la Universidad de los Andes) y fue un políglota prodigioso, capaz de aprender árabe en seis meses. Pero también tenía un talento literario sin par, el cual le permitía parodiar por igual a poetas tan disímiles como León de Greiff, Luis Carlos López y Guillermo Valencia.

Alfredo Iriarte, escritor, humorista y gran conocedor de la literatura, considera que “aunque a Martinón se le ha visto como un humorista y un satírico por excelencia, sus

poemas tienen mucho mérito. Escribió cosas muy buenas que requieren mirarlo con más seriedad de lo que se pueda pensar”.

En su serie ‘Sonetos de Melgar (A la manera de...)’ describió los paseos en helicóptero del general Gustavo Rojas Pinilla al veraneadero tolimense. Mientras que en la parodia a Guillermo Valencia se lee: “Trazaron sus artífices la vasta ciudadela/ para guardar incólume la pretoriana hueste/ desde la tierra dócil de la llanura agreste/ hasta el soberbio monte donde el cóndor no vuela”, en la versión a la manera de León de Greiff es posible encontrar: “Para fablar la noche, el ululante/ milite, el pululante pregón y la volante/ luciérnaga, flamígero coleóptero/ y el múltiple noctámbulo, el nocturno/ glaciar absintio, el vate taciturno,/ y el General, y el áptero helicóptero”. Ni hablar de la parodia que hizo del poeta cartagenero Luis Carlos López (ver recuadro).

En Forma de mi, en la que parodia el estilo de los piedracielistas, mostró su genio inigualable para combinar humor y literatura: “Apenas fue por el azul tocada/ tu blancura, de espuma humedecida,/ un instante en el agua sumergida/ y en la mitad del viento colocada./ Allí, cándida, inerte, desmayada,/ de los brazos de lino suspendida,/ en el aire quedó como sin vida/ tu forma de mi cuerpo separada./ Quién eres? Cuál jacinto? Qué indecisa/ nube? Cuya paloma prisionera?/ Ala de cuál ángel en la brisa/ persiguiendo su forma verdadera?/ Nada de eso: no más que mi camisa/ que la colgó a secar la lavandera”.

Su Canción del futuro (imperfecto)’, en el cual, luego de una introducción en la que manifiesta que este es el país del futuro, se leen cosas como esta. “No ha tenido más bálsamo Siria, más oro Golconda, más perlas Ofir/ (Ese cheque, a mediados de año le puede salir)”. O: “Nutre el suelo del dátil fenicio a la clásica vid/ (No han firmado el control; está enfermo el señor Cadavid)”. Para rematar: “Del futuro en Colombia no hay quien pueda dudar;/ el futuro es presente en Colombia: se llama esperar”. En otros poemas, mucho más festivos y costumbristas, le rinde homenajes a productos tan nuestros como el pandeyuca. “Cuando el gobierno se desnuca/ es mejor jalarle al pandeyuca”. Martinón también hizo gala de un gran manejo del tropicalismo al describir en un poema la coronación de Luz Marina Zuluaga como Miss Universo: “De lollobrigidez impresionante/ mirada de perfil, oh Luz Marina!/ contemplada de frente eres divina/ y vista por detrás muy elegante. En Palm Beach, una playa del Atlante/, has dejado a las otras que da grima;/ poniendo a nuestra patria por encima/ ya lo de Panamá no es importante”. Tampoco escaparon de sus dardos el computador del Ministerio de Hacienda, ni la Academia de Medicina, ni el Frente Nacional. Martinón murió en 1977 y esta nueva edición de su obra rescata la obra de los grandes humoristas colombianos del siglo XX.

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