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| 5/18/1987 12:00:00 AM

SE TOMARON EL EVENTO

Como en la obra real, dos hermanos montan "Casa Tomada", de Cortázar

SE TOMARON EL EVENTO SE TOMARON EL EVENTO
Sin palabras, con gestos, con música, con ruido, "Casa Tomada", basada en el cuento de Julio Cortázar, se tomará la escena del Teatro La Candelaria esta semana y el mes próximo "coronará" el tablado principal del Teatro Colón. El montaje, que tiene su historia, es del grupo Mapa Teatro, integrado por dos hermanos: Heidi y Rolf Adberhalden y colombianos de nacimiento, de descendencia suiza.
Que sean dos hermanos los que monten este célebre cuento de Cortázar, no deja de ser curioso: en la obra misma los protagonistas son dos hermanos.
El cuento "Casa Tomada" es, como la totalidad de la obra de Cortázar, un poco para armar; dos hermanos, uno -el hombre- y ella, Irene, deciden vivir juntos en una gran casa que ha sido de sus padres, de sus abuelos, de sus tatarabuelos, que está llena de recuerdos. Y en esa gran casa de ocho cuartos transcurren sus vidas. La mañana la dedican a sacudir a barrer, a limpiar porque en ese sector el polvo se acumula con gran facilidad, luego cocinan y en la tarde Irene se dedica a tejer tricotas para el invierno, a tejer y destejer chalecos y él, a leer y releer sus libros de literatura francesa. No tienen que afanarse por sobrevivir. Cada mes llega dinero del campo. Los sábados él va al centro a comprar las lanas y a mirar las novedades que nunca llegan, porque en ese año -1939- los libros están prohibidos en Argentina. Pero un día llegan unos intrusos que se toman media casa. A Irene se le han quedado las pantuflas que tanto quiere, a él sus libros de literatura. Sinembargo, persisten en quedarse. El se dedica a revisar la colección de estampillas del padre y ella sigue tejiendo. La limpieza se simplifica. A las 11 de la mañana ya están desocupados. El final se avecina. Los invasores se toman toda la casa y ellos tienen que partir. Sobre estas líneas los Abderhalden montaron su pieza teatral, la cual ha sufrido varias modificaciones desde la primera vez que la presentaron hasta la de hoy.
Después de que Heidi y su hermano terminaron sus estudios de teatro en París,en 1982, se presentaron a una audición para obtener una beca en Suiza. La obra tenía que ser para dos actores y de 20 minutos exactos de duración. Así que por el conocimiento del cuento y por devoción a Cortázar, presentaron su versión de "Casa Tomada" y obtuvieron la beca. Como no quedaron satisfechos con el resultado, hicieron una promesa solemne: una vez terminada su especialización montarían, otra vez, como "Dios manda", el cuento. Y, en 1985, de nuevo en París, montaron la obra. En esta ocasión sin diálogo porque consideraron que, para los personajes de la historia, la palabra no era vehículo de comunicación; los diálogos se tornaban banales ante la fuerza de los gestos. Entonces, el gesto se convierte en parlamento, en unidad linguística, en donde los fonemas se vuelven gestemas. La gestualidad, el trabajo corporal; la música -como parte indispensable en la obra cortaciana- y las luces, acompañan a los actores no como fondo sino como participantes activos. Ese teatro, cercano al de las máscaras, gustó. Así que de nuevo en Colombia los hermanos Abderhalden, decidieron volverlo a montar y así completar tres versiones de la misma historia.
Heidi Abderhalden dice a SEMANA que "cada función es diferente porque al ser un trabajo experimenal, cada noche se está creando", y Rolf añade, "Tratamos de hacer énfasis en lo que vemos le ha llegado más al público; si lo jocoso los ha impresionado volcamos nuestro trabajo hacia esa parte, y si es lo dramático, enfatizamos en esto". Sinembargo no todo es creación. Se parte de una estructura tiempo-espacio inmodificable.
Dos sillas, un tapete, arena en el piso, ocho divisiones, a manera de rayuela, de los ocho cuartos de la casa, Heidi y Rolf, el flautista Tico Arneda y el contrabajista Mario Baracaldo serán los protagonistas que, durante una hora, tratarán de introducir a los espectadores colombianos en el mundo cortaciano.
El cuerpo y el gesto, la música -que va desde lo clásico hasta llegar al jazz- y las luces, los actores y sus objetos, se unen en un experimento teatral atractivo y diferente. Al cambiar la palabra por el gesto, los actores de la "Casa Tomada" dejan, allí sí, la palabra a los espectadores.-

EDICIÓN 1879

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