La imagen más recordada de Cecilia Porras quizá sea la de su cintura. En el corto La Langosta Azul, ella aparece de espaldas, vestida de blanco -en ningún momento se ve su cara- y hace un par de sugestivos movimientos de cadera. Ella fue la única mujer protagonista del mítico corto que realizaron Álvaro Cepeda, Gabriel García Márquez, Enrique Grau y Luis Vinces, cuatro de los integrantes del Grupo de Barranquilla, en 1954: La Hembra, como rezan los créditos de la película. Lo que pocos saben es que más allá de ser la 'hembra', la única mujer que tuvo el privilegio de asistir a las reuniones de La Cueva, Porras pintó más de 50 cuadros entre finales de los 40 y la década del 60, y fue la niña querida de varios críticos de su época, entre ellos Marta Traba y Jorge Gaitán Durán, quien dijo que ella era "la más grande revelación de la pintura colombiana". La Fundación Gilberto Alzate Avendaño exhibe su obras hasta el 22 de noviembre.
"No fueron muchas las mujeres de la Cueva. Pero las que fueron, fueron importantes en la vida cultural nacional", dice Lina Robles, investigadora de arte de la Fundación la Cueva de Barranquilla. Entre ellas estaban la escritora Marvel Moreno, siempre acompañada de su esposo, Plinio Apuleyo Mendoza; la documentalista Gabriela Samper, y la escultora Felisa Burstyn; incluso Marta Traba, que, según cuentan, llegó una mañana en busca de Alejandro Obregón, que tenía su taller en el jardín de la casa. "Mujeres independientes todas, intelectuales, cuyo trabajo estaba relacionado con las artes", en palabras de Heriberto Fiorillo, director de la Fundación. En todo caso, mujeres que eran la excepción, y en el centro estaba Cecilia Porras.
A Cecilia Porras le tocó vivir en una sociedad conservadora, una sociedad en que la pintura y las artes no eran más que aficiones para las damas de sociedad. Los gustos artísticos mantenían una misma línea: había mucho escepticismo de las nuevas tendencias de arte moderno. "Un medio estrecho y hostil", diría Porras en 1950. Poco antes de morir, Meira del Mar le contó a Fiorillo en el programa radial Voz en off de Barranquilla que aunque ella sí fue muy amiga de los del grupo de Barranquilla, no se veía con ellos en La Cueva. "No se usaba todavía que las muchachas entraran a los bares y máxime teniendo un padre como el que yo tenía -dijo-. Yo nunca fui a La Cueva, pero Cecilia Porras, que era muy amiga de ellos, era muy liberada y entraba y estaba con ellos".
Si a Porras se la recuerda en Barranquilla hoy es por ser "una de las valientes", en palabras de Lina Robles, como alguien que retaba las normas sociales y morales de la ciudad. Algunos de sus amigos recuerdan, por ejemplo, que a finales de los 60, Porras se apareció en el Banquete de Millón disfrazada de condesa europea. No le dieron, por supuesto, pan y caldo, sino manjares más dignos, con lo que ella dejaba claro que la caridad de los ricos hacía distinciones de clase y, por supuesto, de nacionalidad. El suyo fue un gesto burletero -como varios con los que rompería el estricto protocolo masculino de La Cueva- , y uno que críticos lo relacionaría, años después, con precoces prácticas performáticas.
Cierto o no, más que musa y compinche, Porras fue la única mujer a quien los intelectuales de La Cueva trataron como a una igual. En la Sala de Exposiciones de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño se pueden ver las ilustraciones que ella hizo para libro de cuentos Todos estábamos a la espera, de Álvaro Cepeda Samudio, publicado en 1954. Porras diseñó, además, la primera portada de la Hojarasca de Gabriel García Márquez. Era considerada una pintora de la talla de Alejandro Obregón y Enrique Grau, sus amigos y maestros. Tanto, que la primera exposición que se realizó en La Cueva fue una muestra individual de sus pinturas en 1961.
¿Por qué, entonces, es tan poco reconocida su obra? Según el crítico David Ayala Alfonso, "su trabajo nunca contrajo de forma definitiva compromisos ideológicos con el tipo de modernidad artística de las voces críticas más radicales de la época". Esto, sumado a su muerte temprana a los 57 años, ha hecho que el nombre de Cecilia Porras no figure al lado de los de Grau y Obregón. Y tenía todo para hacerlo: en la década del 60 expuso en el Salón Nacional del Atlántico, en el Salón de Arte Moderno de Biblioteca Luis Ángel Arango, en el Salón Nacional de Artistas -espacios, reservados todos para los mejores- y hasta participó en la exposición Three Women Painters of Colombia, en Washington.
ARTE
Una mujer en La Cueva
Cecilia Porras fue la única mujer que logró entrar a La Cueva, morada del legendario Grupo de Barranquilla. La Fundación Alzate Avendaño de Bogotá expone la obra de esta artista olvidada.
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13 de noviembre de 2009 a las 7:00 p. m.
