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Verónica Villa-Agudelo rompe el molde de la novela negra en Colombia con Marina, una detective que descubre los secretos de Medellín

Verónica Villa-Agudelo habló con SEMANA sobre Marina y el caso de Plata, una novela negra que lleva el misterio clásico a las calles de Medellín y encuentra en una guarda de seguridad una detective lejos de los moldes tradicionales.

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4 de septiembre de 2026 a las 12:30 p. m.
Verónica Villa-Agudelo habló con SEMANA sobre Marina y el caso de Plata, una novela negra que lleva el misterio clásico a las calles de Medellín
Verónica Villa-Agudelo habló con SEMANA sobre Marina y el caso de Plata, una novela negra que lleva el misterio clásico a las calles de Medellín Foto: Penguin Random House

Verónica Villa-Agudelo es comunicadora social, periodista y guionista. Durante varios años trabajó formando docentes en la Universidad Pontificia Bolivariana y, después de pasar por la Asamblea Departamental de Antioquia, decidió convertir su experiencia, sus observaciones y su gusto por el crimen literario en materia de ficción. También es fotógrafa y, en su búsqueda por acercarse a los orígenes del género que la apasiona, viajó a Londres, donde estudió inglés y escritura audiovisual y se sumergió en el universo de Agatha Christie.

Ese recorrido desemboca ahora en Marina y el caso de Plata, una novela en la que una guarda de seguridad de 52 años se convierte en detective casi por accidente, impulsada por una capacidad excepcional para observar lo que los demás pasan por alto.

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La aparición del libro en 2026 llega en un momento en el que la novela negra continúa ampliando sus territorios y demostrando que el crimen puede ser también una herramienta para hablar de las ciudades, sus contradicciones y la condición humana. Villa-Agudelo lo hace desde Medellín, lejos de las representaciones que durante décadas han reducido a la ciudad a las imágenes del narcotráfico y la violencia.

Romper el molde

Verónica Villa- Agudelo es comunicadora social, periodista, guionista y una de las pocas autoras colombianas que se atreve a escribir novelas de crimen.
Verónica Villa- Agudelo es comunicadora social, periodista, guionista y una de las pocas autoras colombianas que se atreve a escribir novelas de crimen. Foto: Penguin Random House

Marina Grisales no tiene gabardina, placa policial ni una oficina llena de archivos. Es una mujer de baja estatura, guarda de seguridad privada, que se desplaza en bus o en un Fiat Uno rojo y que ha pasado buena parte de su vida observando a las personas que entran y salen de los lugares que vigila. Su mayor herramienta no es la tecnología ni la fuerza, sino la intuición. Mira, escucha, sospecha y disfruta descubriendo aquello que otros no alcanzan a advertir.

La decisión de construirla de esa manera fue, para Villa-Agudelo, una forma de cuestionar sus propios referentes. Cuando comenzó a escribir la novela, la primera imagen que apareció en su cabeza fue, precisamente, la de un detective que encajaba en el imaginario clásico: un hombre extranjero, fotógrafo, viajero y equipado con una cámara con la que podía descubrir lo que otros no veían. La autora entendió rápidamente que estaba entrando en un territorio conocido y decidió cambiar de dirección.

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Fue una decisión que surgió de una autoobservación. Cuando empecé a escribir la novela, el primer personaje en el que pensé fue un hombre extranjero, fotógrafo, que viajaba por el mundo y que con su cámara descubría cosas que otros no podían ver. De inmediato me di cuenta de que me estaba encasillando en el arquetipo y quise romperlo”.

Verónica Villa- Agudelo es comunicadora social, periodista, guionista y una de las pocas autoras colombianas que se atreve a escribir novelas de crimen.
Verónica Villa- Agudelo es comunicadora social, periodista, guionista y una de las pocas autoras colombianas que se atreve a escribir novelas de crimen. Foto: Penguin Random House

La ruptura no consistió solamente en cambiar el género del protagonista. También implicó cambiar el lugar desde el que se cuenta la historia. Villa-Agudelo quería narrar Medellín desde la experiencia de quien vive en ella y no desde la mirada de una ciudad convertida en escenario recurrente de las narconovelas. De ahí surgió Marina: una mujer que podría ser una tía, una vecina o alguien con quien cualquier lector podría cruzarse en una fila de banco.

Quise salirme de todo molde y descubrir qué pasaría si una mujer que bien podría ser una tía, una vecina o una señora en la fila del banco, pero que en este caso es guarda de seguridad, tuviera ese instinto para descubrir a ‘pillos’ y mentirosos, y además disfrutara del proceso. Así fue como nació Marina”.

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En esa construcción está una de las principales apuestas de Marina y el caso de Plata: recuperar la estructura del misterio tradicional sin repetir necesariamente sus protagonistas ni sus escenarios. Marina puede tener el instinto deductivo de los grandes detectives, pero sus herramientas pertenecen a otro universo. Conoce la ciudad, reconoce sus dinámicas y presta atención a detalles cotidianos que, para otros, pueden resultar insignificantes.

La autora no reniega de la tradición. Por el contrario, la conoce profundamente. De joven leyó buena parte de la obra de Agatha Christie y conserva una relación estrecha con sus personajes, diálogos y escenarios. Sherlock Holmes llegó después a su vida lectora, pero encontró en él otro elemento que le interesaba: su dimensión humana.

De joven leí casi la colección completa de Agatha Christie, por lo que sus personajes, sus diálogos y escenarios están como tatuados en mi mente. Descubrir el Londres de sus novelas fue una de las razones que me impulsó a vivir en esa ciudad a la que le tengo gran estima. Sherlock Holmes fue un descubrimiento tardío, pero de él me encanta la autenticidad, ese lado humano, imperfecto dentro de su genialidad, que lo hace creíble”.

Sin embargo, la ruta hacia una novela negra situada en Medellín no podía depender únicamente de los clásicos británicos. La autora encontró otra referencia fundamental en América Latina: Paco Ignacio Taibo II y su detective Héctor Belascoarán Shayne. Allí descubrió que el género podía conservar sus mecanismos de misterio y, al mismo tiempo, adquirir el humor, las particularidades y las tensiones propias de una ciudad latinoamericana.

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La combinación de Christie, Conan Doyle y Taibo II terminó convirtiéndose en parte del ADN de Marina. El resultado es una detective que observa como los grandes investigadores literarios, pero que se mueve en un mundo donde el tráfico, los buses, la burocracia, la política y las conversaciones cotidianas también pueden convertirse en pistas.

Medellín entra en escena

En Marina y el caso de Plata, Medellín no es un simple telón de fondo. La Alpujarra, San Juan, Carabobo y El Poblado aparecen junto con los buses, los corrientazos, el parlache, los tacos y la música de plancha. La ciudad se reconoce por sus espacios, pero también por sus sonidos, sus ritmos y la manera en que hablan sus habitantes.

Para Villa-Agudelo, hacer de Medellín un personaje fue también una decisión literaria y una postura frente a la manera como se han contado las ciudades colombianas. Según explica, existe cierto pudor entre algunos autores a la hora de describir sus propios territorios, como si para alcanzar una dimensión universal fuera necesario quitarles sus rasgos más locales.

A veces los autores colombianos tenemos cierto pudor a la hora de describir nuestras ciudades. Siento que existe la intención de dejarlas simplemente como telón de fondo, tal vez en un intento por parecer más ‘globales’ o universales. Yo quise romper con ese paradigma y darle un verdadero protagonismo a Medellín”.

La inspiración volvió a llegar de Taibo II. La autora recuerda haberlo leído mientras viajaba por trabajo a Ciudad de México y haber experimentado una sensación que quiso trasladar a su propia obra: la posibilidad de recorrer una ciudad que ya había conocido a través de la literatura, reconocer sus lugares, imaginar a sus personajes y percibir incluso sus olores y sonidos.

Ese efecto es el que busca producir con Medellín. No pretende esconder sus contradicciones, sino observarlas desde otro ángulo. En lugar de volver una vez más sobre la ciudad asociada exclusivamente con el narcotráfico y el crimen organizado, quiere encontrar la belleza que convive con el caos.

Quise honrar a esta ciudad en la que vivo, que muchas veces se ha quedado atrapada en la descripción cruda del narcotráfico y el crimen organizado, y mirarla a través de un lente que permitiera ver la belleza detrás del caos. Es un homenaje a Medellín y mi forma de mantenerla viva en mis páginas”.

La apuesta también se expresa en el lenguaje. Los personajes no hablan como personajes literarios abstractos, sino como personas que pertenecen a un lugar concreto. Villa-Agudelo explica que su experiencia como guionista influye en esa manera de construir las escenas: cuando escribe, escucha las voces de los personajes y las imagina acompañadas de sonidos e imágenes.

Por eso, los diálogos incorporan expresiones locales y diferentes registros del habla. De esa búsqueda nacen incluso los llamados “marinismos”, expresiones que pertenecen al universo de la protagonista y que funcionan como una extensión de su personalidad.

Como lectora y escritora tiendo a ser muy ‘audiovisual’. Vengo del mundo del guion, así que lo que leo y escribo me lo imagino en la cabeza con imágenes vívidas y sonidos reales. Por eso, cuando leo un diálogo entre dos personas que se supone son de Medellín, pero usan palabras, acentos y cadencias ‘correctamente literarias’, me desconecto de la lectura”.

Los “marinismos” surgieron, además, de una situación cotidiana. La autora utilizó una expresión paisa durante una conversación con un amigo catalán. Él no la entendió inicialmente, pero después de que Villa-Agudelo se la explicara terminó encontrándola divertida y apropiándosela. Para la escritora, ese episodio resume lo que busca conseguir con el lenguaje de la novela: que lo local no cierre la historia, sino que despierte curiosidad.

Eso es justo lo que busco con este lenguaje: que lectores de cualquier lugar comprendan nuestra forma de hablar, ya sea con el parlache o con giros más refinados, y que la naturalidad del habla no sea una barrera, sino un valor agregado”.

Marina y el caso de Plata es, en ese sentido, más que el origen de una detective. Es el punto de partida de un universo que la autora ya decidió continuar. Villa-Agudelo asegura que tiene lista Marina y un caso en el aire y que trabaja en Marina y un caso abismal. La intención es que Marina Grisales pueda convertirse en una protagonista recurrente, capaz de crecer junto con el mundo que la rodea.