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| 5/9/1983 12:00:00 AM

COMIENZA LA DESTORCIDA

La baja en las tasas de interés constituye un triunfo del gobierno frente a un sistema financiero que venía actuando como una "república independiente"

COMIENZA LA DESTORCIDA COMIENZA LA DESTORCIDA
Funcionarios de los dos gigantes del mercado financiero, el Banco de Colombia y el Banco de Bogotá, declaran que como una medida de colaboración con las políticas de reactivación del gobierno. reduciran a partir de 1o de abril sus tasas de interés en tres puntos, estabilizandolas a niveles máximos del 28% trimestre anticipado para captación (lo que se le paga al público que deposita su dinero, tambien conocida como tasa pasiva) y del 34% para colocación (lo que le cobra el banco al usuario del crédito, conocido como tasa activa). Durante los últimos años la banca privada demostró en repetidas ocasiones que sólo era solidaria con ella misma. Existieron múltiples factores que la presionaron a reducir el costo del dinero, medida que se considera necesaria mas no suficiente para otorgarle un mínimo de rentabilidad a la inversión en el sector productivo de la economía.
El gobierno se encargó de minar los argumentos que tenían los bancos para mantener tasas de interés que en múltiples casos superaban el 50%, lo cual constituye un absoluto contrasentido de cualquier nacionalidad económica.
La Banca durante mucho tiempo argumentó que no tenía dinero suficiente para sostener un mínimo nivel de rentabilidad sobre sus operaciones. Los directivos de las instituciones financieras consideraban que los excesivos encajes (recursos de las instituciones financieras congelados en el Banco de la República para evitar excesos de liquidez en la economía) impuestos por el gobierno, y que según ellos, no fueron desmontados con suficiente rapidez, habían provocado que los montos disponibles para otorgar créditos fueran muy limitados. Esto los obligaba a fijar altas tasas de interés sobre su reducido número de operaciones para así salvar su rentabilidad global. Con este mismo argumento justifican los cortísimos plazos que venían otorgando: "Entre menos tengamos para prestar, más rápido lo tenemos que rotar ".
El gobierno, aceptando en buena parte los argumentos descritos, se ha esforzado por otorgarle una mayor liquidez a la banca. Primero decretó la eliminación del encaje marginal en forma gradual. Posteriormente decidió incrementar la velocidad de este desmonte "soltando" la totalidad del encaje. Reforzando esta última medida se disminuyó en cinco puntos el encaje ordinario. Todo esto implica que el Banco de la República le devuelve a la banca aproximadamente 20.000 millones de pesos que anteriormente le tenía guardados, sin rentabilidad alguna, en sus arcas.
Fuera de esto, medidas exógenas a la banca propiamente dicha, le otorgaban indirectamente mayor liquidez. La eliminación del descuento sobre el certificado de cambio, se calcula debe irrigar a la economía con una cifra cercana a los 5.000 millones, la cual probablemente en el corto plazo se dirigirá a las diferentes modalidades de captación de los bancos. La eliminación de los títulos canjeables es factible que provoque una movilidad importante de quienes antes tenían estos papeles, hacia aquellos que ofrece la banca institucional. Estas dos medidas contrarrestan otro de los argumentos que la banca le daba al gobierno para sostener altas sus tasas de interés. Decían los banqueros que la única forma de competir con los papeles oficiales era ofrecer rentabilidades iguales o superiores, es decir, culpaban concretamente al gobierno de haber disparado las tasas. Ahora el gobierno no sólo disminuyó las tasas, sino que retiró casi totalmente sus papeles del mercado, con lo cual la argumentación pierde toda su fuerza.
Estos papeles que anteriormente ofrecía el gobierno, tenían dos caras para los bancos. Por un lado se escudan tras ellos para justificar las altas tasas y por el otro los utilizaban para colocar los dineros que en algunos casos el publico no demandaba y en otros los bancos no deseaban prestarle al público. Prueba clara de esto fue que inmediatamente liberaron el encaje marginal, los bancos rápidamente se dirigieron a colocar los nuevos recursos en títulos del gobierno, razón por la cual la eliminación de estos últimos es doblemente efectiva para la baja de las tasas de interés y la canalización óptima del ahorro.
Respecto a la eliminación de encajes y toda una serie de gravosas cargas que venían pesando sobre la banca, es importante tener en cuenta -según lo explicaron a SEMANA los doctores Eduardo Nieto e Iván Duque, presidentes del Banco Tequendama y Banco Popular, respectivamenteque- estas cargas son diferentes de acuerdo con las características de cada entidad financiera. Aún después del desmonte o disminución de estos gravámenes, quienes se ven más afectados son los bancos privados, lo cual justifica parcialmente el hecho de que sus tasas de interés sean más altas. Es decir, la reducción de tasas de interés que hizo la banca oficial en noviembre del año pasado (27% captación, 30% colocación) no se llevó a cabo mediante una disminución radical en rentabilidad sino, básicamente, ajustándose al las menores cargas financieras que el gobierno les impone.
Un caso muy similar es el de la Caja Social de Ahorros, cuyas tasas de interés son menores a las de casi cualquier otra institución financiera, lo cual se explica por los mínimos gravámenes que se le imponen, ya que el 75% de sus capataciones las hacen por intermedio de libretas de ahorro cuyo encaje es radicalmente menor al que se fija sobre cuentas corrientes, rubro principal de captaciones de muchos bancos privados.
Según datos conseguidos por SEMANA, en noviembre del año pasado los recursos de un banco relativamente pequeño se componían de 1.500 millones captados por cuentas corrientes, 750 por CDT y 240 por cuentas de ahorro. Esto suma 2490 millones de los cuales 867 debían ser depositados como encaje (con rentabilidad nula) y 750 debían dirigirse a inversiones forsozas impuestas por el gobierno (rentabilidad anual: 8%). Esta situación, según declaro el presidente de este banco, dificultaba cualquier intento de reducir las tasas de interés.
Las medidas tomadas por el gobierno durante los últimos tres meses han cambiado fundamentalmente el panorama y los argumentos hasta ahora esgrimidos con tanta seguridad por la Banca privada se han derrumbado uno tras otro. Pero la muerte de estos argumentos no implica el triunfo de los planteamientos trazados por las autoridades de la política monetaria, ya que al gobierno todos los días le surgen nuevos problemas que contrarrestan la eficacia de las soluciones implementadas.
Un caso concreto de esta situación es la caída en reservas que se viene presentando debido al lamentable desempeño de las exportaciones. Esto implica una disminución de liquidez en la economía, ya que se gastan millones de pesos para comprar los dólares necesarios para efectuar las importaciones, pero cada vez entran menos dólares por concepto de exportaciones. Algunos sectores económicos afirman que ha sido mayor la disminución de la liquidez ocasionada por la crisis de comercio exterior, que los aumentos provocados por la abolición de medidas restrictivas llevada a cabo por el gobierno. Si esto es cierto, la reducción de las tasas de interés se ve en entredicho, ya que ante un menor volúmen de dinero para prestar, las tasas tienden a incrementarse de inmediato.
Por otra parte, pese a que el gobierno afirma que las tasas de interés de captación deben reducirse al 25% para finales del presente año, existe un argumento que convierte esta declaración en una inocente utopía: la fuga de capitales. Calculando una tasa de devaluación del 26% y una tasa de interés para depósitos a término aproximadamente del 8%, la rentabilidad para un colombiano de colocar su dinero en un banco de la Florida sería del 34%, o sea 9 puntos más de lo que le rentaría su depósito en Colombia si se cumplen los propósitos del gobierno. Una fuga masiva de capitales sería caótica teniendo en cuenta la actual situación de reservas. El gobierno considera que puede controlar esto, la experiencia muestra lo contrario.
Según dijo el doctor Eduardo Nieto, este problema de fuga de capitales y la existencia de entidades financieras -concretamente, las compañías de financiamiento comercial- que siguen ofreciendo muy altas tasas de captación, son las dos barreras más graves que enfrenta el objetivo de disminuir las tasas de interés. Según él, el problema no está en los bancos ya que éstos se verían favorecidos por la reducción, pues las excesivas tasas han provocado un aumento considerable de los deudores morosos.
En todo caso, al menos en el corto plazo, las fuerzas inducidas por las medidas y las circunstancias características de la actual coyuntura parecen haber provocado finalmente la tan esperaba decisión de los bancos. Ya hace varias semanas se especulaba que no tenían alternativa: o flexibilizaban sus políticas de crédito, o se quebraban. Los bancos habían adoptado una posición de espera, guardando toda su nueva liquidez en lugar de incrementar préstamos, esperando un mejor panorama. Pero tanto dinero guardado es insostenible, el lucro cesante es un riesgo creciente para cualquier institución, y tal parece que la imposibilidad de seguir asumiendo este riesgo decidió hacer volver al hijo pródigo a las filas de la concertación con el gobierno.

Los monetaristas, profetas del perfecto funcionamiento del mercado (seguidores incondicionales de Friedman y la maltrecha escuela de Chicago) proclaman a grandes voces el triunfo de sus teorias: "El mercado se regula solo. El gobierno no debe intervenir, cualquier intervención solo causa distorsiones. La tasa de interés bajó porque el libre juego de la oferta y la demanda pedía que bajara". "El mercado financiero es tan perfecto como todos los otros mercados". Aun, los múltiples detractores de estas teorías aceptan que la intervención directa del gobierno para regular las tasas -como lo amenazó el presidente hace pocas semanas- hubiera sido un craso error. Las tasas de interés impuestas por decreto han sido un fracaso evidente en Colombia. Su único efecto ha sido crear un nocivo mercado extrabancario y estimular la infinita astucia del mercado financiero para violar todas las medidas que se impongan. Pero es iluso hablar de triunfos del "libre mercado" ya que el gobierno, pese a no haberse enfrentado directamente a los bancos en la pelea por reducir las tasas de interés, les impuso una especie de "sitio" que no les permitió salida alguna. A esta nueva modalidad de presión, los monetaristas la llaman "victoria del mercado" y los sectores bancarios muy sobriamente lo denominan "pacto de caballeros" .
El nombre importa poco, la situación económica no está para discusiones semánticas; lo que en este momento es relevante observar, es si la medida tiene el efecto reactivador esperado o no. Al respecto, existen serias dudas.
Primero, existe la probabilidad de que actualmente el problema de la baja propensión a invertir sea tan acentuado que ni siquiera la reducción en las tasas de interés provoque su recuperación. Esta hipótesis pierde fuerza frente al buen comportamiento que ha venido observando la demanda por los créditos de fomento otorgados por el Banco de la República, cuya tasa de interés efectiva es considerablemente más baja que la del resto de la banca. Los presidentes de los bancos han declarado que la demanda por crédito ha estado bastante deprimida en el primer trimestre del año, pero confían en la recuperación durante el segundo trimestre. Algunos economistas consideran que estas optimistas expectativas de recuperación no son muy claras, ya que con la caida de los decretos de la emergencia y su incierto paso por el Congreso, los empresarios quedaron sin bases sobre las cuales elaborar proyecciones, lo cual frena de inmediato la inversión.
Segundo, una tasa de interés activa del 34% trimestre anticipado implica una tasa de interés efectiva de alrededor del 40%. Si se tiene en cuenta que las proyecciones de inflación para el presente año oscilan alrededor del 22%, la tasa de interés real cobrada al inversionista sería del 18%. Los posibles inversionistas preguntan entonces: ¿cuál es el sector de la economía donde la rentabilidad es un 18% más alta que la inflación?. Hasta ahora, al menos en el campo legal, nadie ofrece respuestas. Y si no hay respuestas probablemente serán pocos los que estén dispuestos a tomar nuevos créditos para sumárselos a sus ya voluminosos pasivos, cuando la esperanza de rentabilidad es poca.
Tercero, la nueva tasa de captación para depósitos a término del 28%, coloca en desventaja a los bancos respecto a las corporaciones de ahorro y vivienda, ya que los depósitos a la vista de estas últimas instituciones tienen una rentabilidad muy similar, con la inmensa ventaja de tener liquidez inmediata. Esto puede provocar que se canalicen recursos de los bancos hacia las corporaciones, con lo cual la industria y el agro verían fundamentalmente disminuidas sus posibilidades de crédito. Para evitar este fenómeno de sustitución, el gobierno redujo de 23 puntos a 21.8 la corrección monetaria de los UPAC. Es necesario que la baja en las tasas de intéres sea un fenómeno generalizado, ya que la existencia de un diferencial favorable a un determinado papel implicaría el fracaso absoluto de la política.
Cuarto, el éxito de la medida no radica tan solo en la disminución en el costo del crédito, sino también en el desincentivo a la especulación financiera que implicarán las tasas que regirán a partir del primero de abril. Algunos economistas han planteado que las posibilidades de inversión son tan confusas que es factible que mucha gente prefiera conservar su dinero en los bancos, sin importar hasta dónde baje la tasa de interés. Esta hipótesis puede ser tremendamente exagerada, pero de tener algo de razón, el sello de la crisis económica de los años treinta habría sido colocado con toda claridad sobre la economía colombiana. Teniendo en cuenta la marcada tendencia apocalíptica que tienen los economistas, es muy probable que la situación sea menos grave que la descrita.
Quinto, los usuarios del crédito tienen algunas dudas sobre la caballerosidad del pacto. Hay quienes temen que los bancos, mediante mecanismos de reciprocidad (obligar a los acreedores a tener grandes depósitos de baja rentabilidad en sus entidades), empujen las tasas efectivas de interés hacia arriba. Esto no es desconfianza infundada, es simple cuestión de experiencia.
Sexto, un alto número de industriales considera que la reducción en las tasas de interés es completamente inefectiva mientras no se incrementen los plazos de los préstamos. Actualmente la banca comercial otorga plazos máximos de un año cuando presta con recursos propios. Estos plazos no permiten la maduración de ninguna inversión, desde el punto de vista financiero, elimina la racionalidad del endeudamiento. Según estos industriales, mientras no se produzca un cambio radical en los plazos, la reactivación de la economía mediante la disminución de las tasas de interés no pasa de ser un sofisticado sofisma político.
Expertos financieros han afirmado que todos los problemas mencionados, particularmente el último, muestran la necesidad de reestructurar la banca y sus funciones. El papel de simple intermediario, que es el que ha venido jugando hasta el presente, no parece estar dando resultados óptimos.
Un intento exitoso de reestructuración -según lo explico a SEMANA la doctora Luz Stella de Violini, subdirectora de la Caja Social de Ahorros-, es el que ha venido adelantantando esta entidad, la cual se encarga no sólo de otorgar créditos, sino también de asesorar a los usuarios de éstos. Mediante tal mecanismo han cubierto los estratos de menos nivel económico de la sociedad, conservando una cartera absolutamente sana. Esto desvirtúa la afirmación de la banca respecto a que una de las razones por las cuales es difícil incrementar los créditos son los problemas de recuperación de cartera que se presentan posteriormente. De acuerdo con las afirmaciones de la doctora de Violini, el problema radica en que los bancos prefieren trabajar con créditos grandes ya que no requieren de una infraestructura tan compleja como la que implica manejar miles de pequeños créditos. Los resultados de los últimos meses muestran que la mayor parte de los deudores morosos no son los clientes que pidieron pequeños créditos, sino las grandes empresas que se han llevado la mayor parte de los recursos disponibles de los bancos.
Aun teniendo en cuenta el sinnúmero de problemas que acompaña el anuncio de la reducción en las tasas de interés, haber logrado iniciar el proceso es un gigantesco triunfo del gobierno. Hay muchos cambios que deben sumarse a la reducción en las tasas, pero lo que es indudable, es que el paso que ya se dio era fundamental para posibilitar cualquier vía de recuperación. Los expertos consideran que las autoridades monetarias no deben intervenir directamente en el sector financiero, pero sí deben seguirle los pasos de cerca y cerrarle todas las posibles salidas, única forma de acelerar un proceso que apenas está naciendo.

EDICIÓN 1879

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