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| 9/10/1984 12:00:00 AM

CUMBRE DE COFRADES

Sugerencias y buenas intenciones, pero nada concreto en la reunión de ex ministros de Hacienda en Palacio.

CUMBRE DE COFRADES CUMBRE DE COFRADES
"Colombia está cruzando un trayecto difícil". Con esas escuetas palabras el Presidente Belisario Betancur inició el discurso con el cual instaló el miércoles pasado a las 11 de la mañana la reunión de ex ministros de Hacienda en el Palacio de Nariño, con el fin de encontrar respuestas para solucionar el interrogante que presenta el voluminoso déficit fiscal colombiano. La declaratoria de la crisis económica de mayor calibre en la historia reciente vino a concretarse en la sesión de la semana anterior cuando el nuevo equipo económico del gobierno pidió directamente la ayuda de los ex titulares de la cartera de Hacienda ante la falta de consenso que existe respecto a las posibles soluciones del problema. La eventual toma de decisiones que comprometerán la estabilidad económica del país en éste y los años venideros debe ser, según el gobierno, labor de todos los estamentos interesados sin reparo en el color político y a ese espíritu respondió la cita en Palacio.
Sin embargo, una cosa es ponerse de acuerdo sobre la gravedad general del problema y otra escoger remedios específicos, tal como se comprobara en la tarde del miércoles. En lo que se calificó como "tempestad de ideas" en la que las más diversas propuestas se escucharon, el Ministro Junguito esbozó las alternativas del gobierno para financiar el faltante en las arcas estatales, el cual debe llegar en 1985 a la suma de 188 mil millones de pesos. El plan delineado tiene como objetivo disminuir la participación del déficit dentro del Producto Interno del 4.6% que es ahora, a 2.6% en un futuro cercano.
La cita empezó con una nota desconcertante. Por un momento, se alcanzó a tener la impresión de una falta de interés decidido en la administración cuando el Presidente dejó la sesión al cabo de una hora para asistir a los funerales del periodista Alberto Acosta en Medellín. La reunión, con todo, cobró calor y los miembros del equipo económico recibieron ideas que se concentraron en la reestructuración del gasto como una manera de ponerle orden al manejo del presupuesto, en vez de tratar de aumentar los recaudos a través de impuestos. Las ideas de Junguito trajeron un poco de orden a una mesa redonda donde, según se había acordado, el gobierno estaba comprometido a poner asonsideración proyectos específicos que al fin de cuentas no estuvieron listos. El acuerdo general sobre el gigantismo del gobierno central originó fórmulas como el desmonte de varios institutos descentralizados, la congelación del gasto y el control a las transferencias de fondos que el gobierno central hace a los departamentos y los institutos descentralizados.
Las propuestas, sin embargo, parecen ser demasiado radicales debido al clima político del momento. Aunque hay acuerdo sobre la solución ideal (reestructurar el gasto), se tiene la impresión que nadie está dispuesto a "ponerle el cascabel al gato" y correr con el desgaste de popularidad que cancelar partidas y limitar empleos oficiales lleva consigo. "Reformas como esas no las hace un gobierno en su segunda mitad", comentó un especialista que pidió permanecer anónimo.
No obstante, sea cual sea el ánimo de la autoridad económica, es claro que para lo que queda de 1984 el gobierno deberá acudir a los mismos remedios que ha venido utilizando últimamente: emisión primaria del Banco de la República y emisiones de Títulos de Ahorro Nacional para recaudar fondos en el mercado financiero. Semejantes mecanismos han sido acusados en oportunidades anteriores de aplazar la solución del problema y crear presiones inflacionarias sobre toda la economía, pero el gobierno arguye que es lo único que puede hacer en el corto plazo debido a la falta de contratación de crédito externo y la caída en los réditos de la cuenta especial de cambios.
La pregunta de fondo, tiene que ver con el presupuesto para 1985 donde, basado en un proyecto de ley que deberá presentarse ante el Congreso esta semana, el Ministro Junguito tiene la intención de refinanciar al Estado. Según las fragmentarias informaciones que se conocen, el plan es el de controlar el crecimiento en los gastos al tiempo que se habla de colocar más impuestos. Para lo primero, se trataría de restringir los aumentos salariales y prestacionales de los trabajadores del Estado a menos de un 10% anual. En cuanto a lo segundo, Junguito habló ante los ex ministros sobre la posibilidad de introducir una sobre tasa de impuesto sobre la renta de 20% para 1985, declinando 5 puntos en cada uno de los dos años siguientes. La idea no fue bien recibida en el Palacio de Nariño por ninguno de los asistentes. Ex ministros como Abdon Espinosa se quejaron de "este clima de continua reforma tributaria", criticando lo dicho por Junguito como un "remedio contraindicado" para los males del país. En base a lo visto en Palacio, parece dudoso que el Congreso esté dispuesto a apoyar un incremento en los índices de tributación, con lo que la única salida para aliviar la crisis sería la de intentar otras reducciones en el gasto o seguir financiando el déficit de la misma manera hecha hasta ahora, en espera de que una anhelada recuperación económica y los recaudos por concepto del IVA disminuyan el faltante de fondos de tesorería durante el próximo año.
Con todo, las perspectivas generales de una reforma de fondo son bastante débiles. Pese a que el Ministro Junguito es apreciado en el Congreso y goza de la confianza de la que pocas veces disfrutó Gutiérrez Castro, el ambiente político no es propicio para empezar una labor de reorganización de la magnitud necesitada. De tal manera, el tan trillado punto de racionalización del gasto puede no ser afrontado debido a las presiones que haga la burocracia desde dentro. Tal como anotara el representante Gabriel Rosas: "políticamente no hay viabilidad para limitar el aumento salarial en los empleados públicos a sólo un 10%, así desde el punto de vista estrictamente técnico la medida sea justificable". En la misma forma, existe temor que una reduccion en el gasto del gobierno vaya a empeorar la recesión económica dando al traste definitivamente con cualquier posible mejoría.
La única alternativa que puede transformarse en ley, según el clima que se respira, es la de eliminar algunos descuentos tributarios lo cual aumentaría de una manera muy marginal las rentas nacionales. De resto, las soluciones se centran de nuevo en permitir que el gobierno siga utilizando la emisión y el endeudamiento interno como fuente primordial en la financiación del déficit. Aunque se cree que todavía hay un "colchón" con el cual el gobierno puede amortiguar el impacto de la continua emisión, antes de que la inflación suba, la verdad es que a ciencia cierta no se sabe cuánto tiempo más resistirá la economía antes de que se cumplan las nefastas promesas que dicen que de no hacerse algo de fondo, el país se encamina a pasos agigantados hacia la "argentinización.

EDICIÓN 1879

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