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| 12/7/2002 12:00:00 AM

¿Un FMI criollo?

La idea de crear un Fondo Monetario Internacional para la región coge fuerza en los países de América Latina.

Dias atras Argentina incumplió un pago de 805 millones de dólares al Banco Mundial. Al mismo tiempo, no pudo llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para la aprobación de un nuevo préstamo tras 11 meses de negociaciones. Esto abrió un interrogante sobre el acceso que tendrán en el futuro los países de la región al crédito externo y prendió el debate sobre el papel que desempeña la banca multilateral en las economías de América Latina.

La crisis argentina ha tenido un costo particularmente importante en términos de credibilidad y legitimidad para el FMI. Por eso las fuertes críticas que recibe por estos días el Fondo -por no haber previsto crisis de sus países miembros o por su corresponsabilidad en ellas, con los ajustes que condicionaron sus créditos- está provocando jugosas discusiones. Una, es el debate sobre la necesidad de crear algo así como un 'FMI' latinoamericano.

En Washington no simpatizan demasiado con la idea. Para otros, un plan así sólo debería surgir desde dentro del organismo y los más críticos lo reclaman como decisión autónoma de la región.

En la asamblea del Fondo, celebrada en Washington hace unas semanas, se examinaron posibles correcciones. Una de ellas consiste en crear una especie de federación de instituciones regionales que podría reemplazar el sistema actual. Un Fondo Monetario regional que dictaría, en conjunto con la institución madre (el FMI), políticas más adecuadas para lograr una mayor estabilidad económica de los países. El G-24 -que incluye a los países en vías de desarrollo- evalúa esta idea y otra que está en estudio sobre un Fondo Asiático.

"Un FMI latinoamericano es una propuesta perfectamente viable, que traería enormes beneficios para todo el continente. Basta con mirar la experiencia tan exitosa que han tenido las dos instituciones financieras de la Comunidad Andina -la CAF y el Fondo Latinoamericano de Reservas- en la financiación de los países miembros", asegura el director de la Cepal, José Antonio Ocampo, uno de los proponentes de la medida.

En Washington, en cambio, la idea no seduce. Morris Goldstein, subdirector del Departamento de Investigaciones del FMI entre 1987 y 1994 y hoy analista del Institute for Intenational Economics, dijo: "Un Fondo latinoamericano no me atrae. A diferencia de Asia, los países de América Latina no tienen grandes reservas monetarias y las necesitan por sus grandes deudas, por lo tanto a la región le hacen falta prestamistas y por eso cuando aparece una crisis los buscan en los países ricos y en el FMI".

Otra razón más polémica es que hace falta 'la condicionalidad del FMI'. Es decir, las políticas que impone este organismo a los países. "América Latina necesita estar supeditada a garantías estructurales pues ya cometió errores en materia de política fiscal, cambiaria y de endeudamiento", dice Goldstein.

En cambio Michel Mussa, otro 'ex' del FMI, es más autocrítico. En su reciente libro sobre el papel del organismo en la crisis argentina reconoció que el Fondo supervisó al país austral durante toda la década del 90, y por lo tanto tuvo responsabilidad compartida en la crisis porque ésta tuvo que ver con lo fiscal, lo monetario y lo cambiario, exactamente las áreas en las que debería actuar el FMI.

"El exceso de condicionalidad ha sido justamente el gran pecado del Fondo. El FMI la incorporó en 1969 y desvirtuó su función. Ningún organismo internacional está hecho para dictar los modelos de desarrollo de los países", sostiene Mussa en su libro.

El problema es que la ayuda del Fondo, en vez de verse como una solución, cada vez se percibe más como parte del problema. Las críticas vienen desde todos los ángulos. Por un lado están los que lo acusan de ser demasiado laxo y prestar enormes sumas sin que los países den verdaderas muestras de querer resolver sus problemas de estabilidad macroeconómica, lo que los estimula a pedir más dinero. Por el otro, están los que lo señalan como causante, o al menos agravante de las crisis, al imponer unas políticas monetarias y fiscales demasiado contraccionistas.

Por fuera de la órbita de Washington hay otras iniciativas. De hecho, ya desde 1978 funciona en la Comunidad Andina el Flar, Fondo Latinoamericano de Reservas, que asocia a Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y, más recientemente, Costa Rica. En 2000 los presidentes de esos países propusieron convertirlo en Fondo Monetario.

Según José Antonio Ocampo, "la distinción fundamental sería la ausencia de condicionalidad política en los créditos, algo en lo que incurre indebidamente el FMI. En el caso argentino reciente el Fondo forzó hasta la derogación de leyes".

El Fondo Latinoamericano de Reservas, anteriormente conocido como Fondo Andino, ha desempeñado una función limitada pero constructiva de apoyo a los países del área durante las crisis de la balanza de pagos que han sufrido en las dos últimas décadas.

Formado por los bancos centrales andinos y con sede en Bogotá, ya prestó casi 10.000 millones de dólares. Casi la mitad fue para financiar exportaciones, 24 por ciento para liquidez, 22 por ciento por ahogos de balanza de pagos, 4 por ciento en créditos contingentes y 2 por ciento para reestructurar deudas.

Por lo que se sabe, son firmes partidarios de ampliarlo el presidente venezolano Hugo Chávez y, en Brasil, el presidente entrante Luiz Inacio 'Lula' da Silva, entre otros dirigentes latinoamericanos.

A los que miran el ejemplo del Flar también les interesa que ese fondo busque, además de objetivos monetarios, armonizar políticas macroeconómicas y regular los mercados financieros en pro de una mayor estabilidad regional. La gran lección de Mercosur y la misma Comunidad Andina es que no se puede crear un bloque económico cohesionado sin antes solucionar el problema de la inestabilidad económica y las maxidevaluaciones.

No se puede predecir todavía qué tanta acogida tendrán estas propuestas. Lo único que todo el mundo tiene claro es que algo anda mal en el sistema financiero internacional. Por los lados de América Latina, en todo caso, ya empezaron a surgir propuestas concretas de reforma.

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