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| 9/9/1985 12:00:00 AM

UN MENOS QUE ES MAS

El índice negativo del costo de la vida en julio permite al equipo económico del gobierno recuperar el aliento.

UN MENOS QUE ES MAS UN MENOS QUE ES MAS
Tenía que suceder. Después de ocho meses continuos de crecimiento en los precios, las cifras de inflación del pasado mes de julio le trajeron al gobierno y a los colombianos un respiro más que merecido. Según el Dane, la variación de los precios al consumidor durante julio fue del 0.58%, con lo cual la inflación acumulada durante los siete primeros meses del año, llegó a 18.13%. Si bien la cifra dista de ser satisfactoria, lo ocurrido fue suficiente para romper las expectativas de los más escépticos que aseguraron en su momento que Colombia se encaminaba hacia un inflación galopante. Ahora se reconoce que es factible que el crecimiento en los precios durante 1985 no supere el 25% y que, con un poco de suerte, esa cifra sea todavia menor.
El boletín emitido por el Dane se constituyó en la mejor noticia de una semana en la que el gobierno recibio una serie de inesperados elogios por el manejo de la economía. La lista la encabezo el ex presidente Lleras Restrepo, quien en el editorial de su revista Nueva Frontera, sostuvo que "la gestión del equipo económico dirigido por el Presidente y el Ministro de Hacienda debe ser recibida con satisfacción por el país". En opinión de Lleras, el logro de los créditos con la banca comercial constituyó un justo triunfo a las gestiones adelantadas por el equipo económico, y en lo que hace a la monitoria del Fondo Monetario, el ex presidente fue enfático en afirmar que "me atrevo a pedir, con buen conocimiento de causa, que se prescinda de las imputaciones sobre enajenación de la soberanía nacional".
Un balance un poco menos entusiasta, aunque también positivo, fue el que hizo el diario El Tiempo en su editorial del viernes pasado. Pese a señalar los lunares actuales, el periódico capitalino sostiene que "el ministro Junguito y su equipo han podido sortear con éxito varios de los problemas que encontraron". Más aun, El Tiempo produjo sorpresa al adjudicarle la responsabilidad de la situación que entró a corregir Junguito, no sólo a la criticada gestión de Edgar Gutiérrez Castro, sino a los errores de la administración Turbay la cual "también tuvo que ver en el asunto". En opinión del diario "los minhaciendas de la pasada administración resolvieron cometer el peor de los sacrilegios en que puede incurrir un hacendista público: financiar gastos de funcionamiento con recursos externos". Sacrilegio o no, lo cierto es que las observaciones de El Tiempo vinieron a aliviar un poco la presión del Partido Liberal al gobierno, en lo que hace a los resultados en el campo económico.
Sin embargo, en el equipo económico del gobierno la satisfacción se concentró en las cifras del Dane. Ocupados con las medidas para aliviar la cartera de dudoso recaudo del sector financiero (ver recuadro), los economistas oficiales se mostraron aliviados porque, al parecer la inflación está otra vez bajo control.
Lo ocurrido en julio, no es extraño en realidad. Tradicionalmente, el comienzo del segundo semestre trae escasos aumentos en los precios, debido a que la cosecha agrícola entra en pleno y ello mantiene o reduce, como en este caso, el valor de los alimentos. Es así como durante el mes pasado, tres productos básicos en la canasta familiar -papa, arroz y azúcar- bajaron de precio y los demás se mantuvieron en niveles estables. Este comportamiento se debería conservar durante agosto, mes en el cual se espera que el índice de precios no aumente en más de un uno por ciento. Para ello, los economistas oficiales confían en garantizar la oferta de alimentos a través de las importaciones del Idema pero, por encima de todo, contando con que el clima sea lo suficientemente benévolo para no producir pérdidas en las cosechas.
Si la situación se mantiene durante lo que queda del año, se espera que para 1986 ya empiecen a surtir efecto las políticas crediticias y de estímulo al sector agrícola que se tomaron a mediados de junio. Adicionalmente se está tratando de que no se vuelva a repetir lo de finales de 1984 cuando a pesar de que la crisis se anunció, las medidas correctivas se tomaron demasiado tarde.
La moderación de la inflación le cae como anillo al dedo al gobierno en dos frentes fundamentales. Por un lado, se está llegando cada vez más rápido a la tasa de devaluación presupuestada y ello indica que el dólar acabaría el año debajo del nivel de los 160 pesos. Por otro, la menor inflación proyectada le permite al gobierno "comprar tiempo" y así evitar la revisión de la política salarial que ha venido adelantando. No obstante, se reconoce que la situación está lejos de ser la ideal. Los resultados de la encuesta del Dane sobre el desempleo se deben conocer en los próximos días y allí se reconocerá cuántos colombianos están pagando las consecuencias de las políticas de ajuste.

LOS "PEROS" A UNA MEDIDA
"A nadie le va a gustar nada". Con esas palabras calificó a mediados de julio, un integrante de la Junta Monetaria el efecto que iban a tener las resoluciones encaminadas a solucionar el problema de las deudas de dudoso recaudo de los bancos y, por lo visto la semana pasada, no se equivocó en su apreciación. En efecto, después de semanas de expectativa en los círculos financieros y productivos, las resoluciones promulgadas por la Junta Monetaria el pasado 7 de agosto acabaron siendo menos de lo que esperaban las partes interesadas. Las medidas en cuestión especifican los mecanismos para que tanto las instituciones financieras como el sector productivo puedan, a través de la recapitalización y la reestructuración de sus obligaciones, establecer un sistema para reducir la cuantía de las deudas de dudoso recaudo. Por su parte, el gobierno se compromete a aportar los recursos del Fondo Financiero Industrial y del Fondo de Capitalización Empresarial, los cuales dependen del Banco de la República y recibirán recursos adicionales por diez mil millones de pesos.
Si bien se reconoció que lo hecho por la Junta Monetaria constituye un paso hacia adelante, los críticos se apresuraron a afirmar que todavía se está lejos de resolver definitivamente el problema. Por el lado de los bancos, hubo descontento porque se esperaba liberación de los recursos congelados en encaje, y debido a que, en último término, una parte importante de la cartera vencida no se va a poder recuperar. A su vez, los industriales esperaban que los créditos se dieran en mejores condiciones y sin exigirle a las empresas sacrificios como el de la capitalización. Adicionalmente, se afirmó que la suma aportada por el gobierno constituye apenas un grano de arena para un problema que supera los 150 mil millones de pesos.
No obstante tales reparos, la posición del gobierno es la de que lo hecho es un primer avance hacia la mejoría definitiva del sector financiero. "Lo que hicimos fue otorgar mecanismos para un arreglo, pero dejándole en claro a todas las partes que no vamos a regalar plata porque el gobierno no es culpable de lo sucedido. El que algo quiere algo le cuesta y tanto las empresas como el sector financiero tendrán que poner de su parte si quieren ver solucionado el problema" sostuvo un miembro del equipo economico y concluyó "esta situación anormal empezó hace más de cinco años y por lo tanto tomará un tiempo similar el llegar a una normalización. En resumen, hay que tener paciencia".

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