OPINIÓN

Claudia Varela

Decide algo, pero decide

Quiero irme, pero no sé cómo. Quiero irme, pero me siento con un reto enorme y no he terminado de hacer lo que quiero hacer. Quiero irme, pero creo que nadie va a poder reemplazarme y hacer las cosas como yo las haría. Quiero irme, pero me da pesar dejar el equipo solo.
14 de noviembre de 2021 a las 11:52 a. m.

Estas son algunas de las múltiples razones que escucho cuando alguien que siente que debe partir de un lugar (vida profesional o personal) decide anteponer argumentos para no irse a tiempo. La razón básica, a mi juicio, es el ego, que al final termina generando miedo por el temor al fracaso o a lo desconocido, pero, obviamente, se codifica en una narrativa de “me preocupan los demás”.

Recuerdo la historia de un buen amigo, que si bien no refiere a temas laborales, funciona para lo que quiero navegar desde la decisión: estuvo durante años en una relación desgastante que no le convenía a ninguno de los dos. Se quejaba todo el tiempo de lo aburrido que estaba. Ella era muy posesiva, egoísta y, por supuesto, celosa. Supongo que él tampoco era un dechado de virtudes, pero esos detalles no los conozco.

No tenían una muy buena vida juntos, pero tenían un hijo y todas las excusas por su falta de decisión se las atribuyeron al pobre niño. Me da pesar dejar a mi hijo, darle una familia disfuncional, no soy capaz de estar sin él. ¿Cómo puede mi hijo crecer sin su padre al lado?, decía mi amigo, excusando su tibieza al decidir.

Esta extraña relación avanzó años en un proceso de aburrido estancamiento, en un mundo acomodado donde al menos compartían una vida social y un proceso de cariño conjunto por el niño. Roberto con el tiempo se enamoró de otra chica, pero la tibieza de una relación mal llevada por años terminó en que mi pobre amigo fuera descubierto, juzgado, avergonzado, haciéndole daño a su niño y tomando una decisión forzada que pudo tomar muchos años antes. Su falta de decisión no solo se lo llevo a él por delante, sino su hijo, a quien usó de escudo para no terminar su relación a tiempo.

De otro lado, Camila era una excelente ejecutiva de una compañía de servicios financieros, con un desempeño muy bueno, muchos logros, gran trabajo. Pasaron los años y llegó una nueva jefe que la veía como competencia, así que trató de quitarle visibilidad e incluso llegó a plantear dudas sobre su desempeño pasado. Con algo de manipulación y agenda oculta, vivió un año con un ambiente injusto y de mucha presión.

Yo le pregunté varias veces por qué seguía allí. Tuvo un excelente desempeño en los años anteriores, ganó premios y fue muy exitosa y reconocida. Pero ella insistía con un orgullo cercano a la soberbia en que si se iba, se iría con la cabeza en alto.

Después de un tiempo, tanto su jefe como otros personajes de influencia buscaron cómo dañar la imagen de Camila y echaron por la borda todos los años de un desempeño impecable y la sacaron con un “buen” paquete de dinero y un outplcement que, de hecho, ella no quería. Camila se arrepintió de no haberse retirado antes y de permitir que la maltrataran cuando no era necesario.

El ego y las propias conversaciones personales que validan lo maravilloso que es el propio yo hacen que el mundo, en teoría, confabule contra nosotros mismos. Pero la verdad irrefutable es que cada uno es dueño de sus decisiones. Roberto debió irse a tiempo y no buscar disculpas en su hijo, y Camila debió renunciar para irse a un lugar donde fuera valorada y entender que su momento de fama en esa empresa estaba terminando.

Hoy, nadie se acuerda de lo exitosa que fue Camila. La esposa de Roberto lo tiene con restricciones para ver al niño y la chica de la que se enamoró lo dejó porque no soportó sus dramas emocionales.

Escucha a tiempo los mensajes que te manda el Universo. La vida es corta, bien corta, como para vivir por lo que piensan los demás. Es en los momentos de decisión cuando se forma tu destino (Tony Robbins).