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MAURICIO BOTERO

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¡El cielo es de todos!

Si Avianca pretende transportar más pasajeros, ¿no debe contemplar comprar aviones más grandes que puedan llevar más pasajeros con un mínimo de comodidad?

Mauricio Botero Caicedo
7 de noviembre de 2023

El dolor en la rótula no fue óbice para darme cuenta de que uno no puede estar más agradecido con Avianca. El haber recortado varios centímetros la distancia entre las sillas no tenía como exclusivo objetivo el meterse un dineral en el bolsillo, sino, como lo explicó con asombrosa precisión un alto funcionario de la empresa, era para poder darles a más usuarios la posibilidad de viajar, lo cual redundaría en la satisfacción, por no llamarlo regocijo, de la totalidad de los pasajeros. El ejecutivo de Avianca no vaciló en contestar la queja de un pasajero con una respuesta que quedará grabada en los anales de las empresas de aviación a nivel mundial:

“Es cierto, puede que en aquel viaje hayas tenido menos espacio, pero piensa que ahora tenemos más sillas para que pueda viajar mucha más gente, porque el cielo es de todos”.

Lo que uno no se explica, obviamente desde la profunda ignorancia de los usuarios, es si Avianca pretende transportar más pasajeros, ¿no debe contemplar comprar aviones más grandes que puedan llevar más pasajeros con un mínimo de comodidad? ¿Es lógico que para meter un 10 o 15 por ciento más de pasajeros hagan pasar un mal rato no solo al otro 85 o 90 por ciento, sino a la totalidad de los pasajeros? ¿Es mucho pedir que la empresa se dé cuenta de que la comodidad de los pasajeros merece un mínimo de respeto? Para una empresa de servicios no hay política más estúpida a mediano y largo plazo que maltratar a sus clientes. ¿No se da cuenta Avianca de que somos precisamente los usuarios los que pagamos los salarios de la totalidad de sus empleados, incluyendo los ejecutivos?

La respuesta al pasajero en que Avianca anuncia que el cielo es de todos, trae a colación un tema más de fondo que es el de los cielos abiertos. Colombia debería abandonar toda política restrictiva en cuanto vuelos nacionales e internacionales se refiere. Si la empresa X, nacional o extranjera, quisiera tener la ruta Bogotá – Londres, o la empresa Y, de cualquier país, tener la ruta Bogotá – Villavicencio, sin mayores dilaciones se les debería dar inmediata autorización. Es buena hora que los colombianos podamos disfrutar de una amplia competencia en la totalidad de los vuelos nacionales e internacionales. Como bien lo manifiesta Avianca (que de hecho es una empresa del Reino Unido) en su peregrino comunicado, ¡el cielo es de todos!

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Apostilla 1: Aparte de ser una reconocida diva y extraordinaria actriz, Amparo Grisales es una mujer inteligente que no tiene pelos en la lengua. En días recientes, Amparo publicó una crítica demoledora contra Avianca: “¿Qué te pasa Avianca? Malo el servicio arriba y abajo. Se demoran más en salir las maletas que el vuelo mismo. Falta de respeto con los usuarios. Viven llenos los vuelos, con tarifas exorbitantes y ¿no les da para hidratar a la gente en el vuelo?”.

Apostilla 2: Casi todas las aerolíneas han adquirido en tiempos recientes la desagradable costumbre de sacar a los pasajeros de sus asientos en la sala de espera para hacerlos esperar, parados y en general sin calefacción o aire acondicionado, en los túneles de embarque para ahorrar un par de minutos en el abordaje. Que los pasajeros tengan usualmente que esperar de pie entre 10 a 30 minutos para abordar, a las empresas les tiene sin cuidado. Hoy en día, lo que menos les importa es precisamente aquél que, como lo mencionamos antes, en realidad es el que paga los salarios de los empleados y los dividendos de los accionistas: ¡el pasajero!