OPINIÓN

José Miguel Santamaría

El derecho a nacer

Estuve el otro día en una feria de esas de ventas de emprendedores y había solo un almacén de ropa de niños.
9 de octubre de 2026 a las 3:52 p. m.

Cada día toma más relevancia la pelea tan fuerte que existe entre los que defienden el aborto, como un derecho de las mujeres a hacer lo que quieran con su cuerpo, y los que abogamos por el derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural. Son dos posturas que difícilmente podrán reconciliarse en lo moral.

Lo que no han entendido es que esta discusión también es económica. Los resultados en países que han optado por uno u otro camino ya han dado frutos para bien o para mal.

No quiero en esta columna entrar a discutir las posiciones ideológicas, porque me voy a centrar en las económicas y demográficas que considero de la mayor relevancia.

Es un hecho que las nuevas generaciones, los jóvenes, cada vez quieren tener menos hijos. Las razones son diversas. Por el lado económico, hoy un hijo, desde que nace hasta que se gradúa de la universidad, vale mucha plata. Entre el colegio, los pañales, la medicina, la persona que ayuda en el cuidado y los metros cuadrados adicionales de apartamento, se habla de miles de millones. Por otro lado, la coartada de libertad de movimiento, las ataduras que genera un hijo en la relación y, por supuesto, el hecho de que desde hace rato tanto el hombre como la mujer trabajan, hacen más complicado su cuidado.

Estuve el otro día en una feria de esas de ventas de emprendedores y había solo un almacén de ropa de niños. En cambio, había más de diez almacenes de artículos para mascotas. Jocosamente, dicen que las familias jóvenes no quieren tener hijos, sino un gato castrado.

Esta semana salió la noticia de que el Gimnasio José Joaquín Casas, un colegio muy tradicional de Bogotá, cerraba las puertas después de muchos años. Este no es un caso aislado. La fusión entre el Gimnasio Campestre y el Colegio Marymount es otro mensaje de que algo está pasando. Cada vez hay menos niños; se habla de que se han cerrado más de 2.000 colegios en los últimos años por cuenta de la escasez de demanda.

Las universidades también han venido sufriendo de igual manera. Cada vez se presentan menos jóvenes; eso tiene una incidencia adicional. Cada año estas universidades pueden escoger menos a sus futuros profesionales, entonces el nivel de egresados disminuye.

Bogotá hoy en día es una de las capitales del mundo en donde hay más muertes al año que nacimientos. Pero, adicionalmente, es una ciudad en la que el decrecimiento de la población es más alto. Colombia cada día está más vieja. Su población vive cada día más años y cada vez hay menos jóvenes. Esto presiona el sistema pensional, el laboral y el sistema de salud.

Demográficamente, está teniendo también un impacto muy fuerte a nivel mundial. En Europa, por ejemplo, mientras el europeo cada vez tiene menos hijos o no los tiene, los musulmanes que han llegado desde hace un tiempo tienen en promedio más de cuatro hijos. Esto ha generado unos cambios rotundos en lo político y en lo religioso. Hoy en día, la composición racial de muchos países es totalmente diferente a la de hace 50 años.

Cuando salen hoy Donald Trump y otros jefes de Estado a parar la inmigración, no lo hacen solamente por temas raciales o legales, lo hacen también por supervivencia.