OPINIÓN

Claudia Varela

Enamorando lo imposible

Es la primera vez en la historia que cuatro generaciones pueden estar trabajando juntas. Cada una de ellas tiene lo suyo y grandes cosas para aportar a un equipo de alto desempeño.
21 de noviembre de 2021 a las 3:50 p. m.

Las nuevas generaciones, los millennial y centennial, son unos absolutos convencidos de que las experiencias son lo que más les suma a sus propias existencias. Pero no solo eso, por razones basadas en la educación que sus padres les han impartido están convencidos de que todo lo pueden lograr.

Esta conducta puede verse un poco caprichosa y, por supuesto, la tolerancia a la frustración es mas baja, ya que ellos no vinieron al mundo como sus padres y abuelos a “aguantar” a “sufrirla”, sino mas bien a entender que la vida es ahora, que el momento es ya y que el compromiso es consigo mismo y con el universo, pero no necesariamente con corporaciones o empresas.

La generación X, nacida entre 1964 y 1980, no entiende muy bien por qué ellos no son tan adictos al trabajo, por qué quieren trabajar con horarios flexibles y por qué rotan tanto en las empresas.

De alguna manera, los más jóvenes podrían ser incomprendidos. Pero de alguna forma todos en nuestra juventud fuimos incomprendidos. Así que la verdad el tema no es tan sorprendente, pero sí es importante entender cómo podemos enganchar y comprometer a los más jóvenes para que se queden en las organizaciones y no estén dando tumbos en diferentes compañías por un mejor sueldo.

La pregunta no es solo retórica. Hace unos días tuve una conversación con alguien del mundo de la tecnología, en la que evidenciaba que los chicos que necesitaban por montones son estos muy geek, expertos en redes, data mining, análisis de data global, entre otros. Tanto que para llevarlos de un lado a otro les están doblando y hasta triplicando el salario.

Esto es un caso puntual. Pero la gente que se mueve solo por salario seguirá moviéndose con un alma algo mercenaria a otras empresas de manera infinita, hasta que no haya quien pague.

Así que el salario no es la base fundamental. Se trata más bien de entender variables como la calidad de vida y lo que otros esperan de una organización. Ya nadie le vende el alma a una empresa si no está acorde con el propósito individual. O al menos las nuevas generaciones no.

¿Cómo enamorar entonces a estos chicos que parecen “innamorables”? Creo que lo primero es escuchándolos. Entender bien si el ciclo es corto, por ejemplo. He trabajado con varios que tienen claro que van a durar poco en la empresa, pero que van a dar todo lo que pueden mientras estén ahí. Es válido, no lo juzgues.

También es bueno entender otras cosas que son importantes para ellos. La posibilidad de llevar a sus mascotas a la oficina, la oportunidad de tener horario flexible y trabajar desde casa (hoy más que nunca esa variable es vital para generar compromiso) el involucrarlos en proyectos donde puedan aprender y generar valor.

Es la primera vez en la historia que cuatro generaciones pueden estar trabajando juntas. Cada una de ellas tiene lo suyo y grandes cosas para aportar a un equipo de alto desempeño. Como líderes hay que guardar el ego y escuchar más, entender que no eres el único que tiene la razón. El mundo ya no es jefecéntrico.

Como bien dice mi hijo (y todos sus compañeros de generación) YOLO -you only live once-.