El clickbait no es más que un tipo de contenido que se distribuye con titulares que generan demasiada expectativa, son bastante provocadores y buscan despertar cierta curiosidad, inquietud o hasta el morbo en el usuario para que dé clic en un enlace. De allí parte la generación de millonarios ingresos, generando un mayor tráfico para sitios que se monetizan con su espacio publicitario.
De parte de los diarios, la entrada de estos ingresos abre la puerta a nuevas maneras de generar beneficio y contenidos sin entrar en mayores costos en la generación de noticias tradicionales o, incluso, de redacción. La ganancia de ser noticia es que se genera un revolcón en redes sociales, por ejemplo, aumentando el número de visitas y permitiendo vender más caros los contenidos o espacios publicitarios futuros.
Este tipo de estrategias muchas veces apuntan a la generación de contenidos vacíos. Algunos titulares que uno encuentra en internet están diseñados para llamar increíblemente la atención. Y, como lectores, muchas veces estos sitios se toman como una fuente de información a pesar de su falta de investigación, argumentos, referencias y demás.
Algunos investigadores del Engaging News Project (ENP) estudiaron cómo 2.057 adultos en Estados Unidos respondieron a los titulares de noticias clickbait. Los ejemplos iban desde historias políticas hasta temas de ciencia basura. No fue nada sorprendente que descubrieran que los titulares que indicaban incertidumbre futura se encontraban entre los que tenían más probabilidades de hacer que las personas hicieran clic y compartieran el artículo con sus contactos, generando una cadena que muchas veces lleva es a la desinformación.
No obstante, existe otra cara de la moneda que se concentra en sensacionalizar la información para invocar una reacción emocional en los lectores sin necesidad de recurrir a contenidos vacíos. Los titulares que usan esta táctica a menudo involucran palabras muy emotivas y afirmaciones exageradas que juegan con el miedo u otras reacciones fuertes.
Titulares que se tomaron del ENP como “¿Qué tan ‘chiflada’ es la propuesta de oleoducto Keystone de Trump?”, “¿Ébola en el aire? Una pesadilla que podría suceder”, “Cuando los medios tratan mejor a los sospechosos y asesinos blancos que a las víctimas negras”, o más sutiles como “Antes de renovar Amazon Prime, lea esto”.
En sí, títulos que de contenido pueden tener una gran base argumentativa y un excepcional periodismo de investigación, pero que de entrada le apuestan a jugar con las tensiones raciales y políticas del momento, la incertidumbre y la especulación sobre la salud pública dado el golpazo que dejó la pandemia del coronavirus, la evocación a diversos miedos, etc.
Según algunos expertos en la materia, la clave está en comprender a la audiencia y después personalizarla. Por ello, en muchas ocasiones los ejemplos del clickbait incluyen alguna historia personal que genera en el lector una cierta empatía al ofrecer una información personal sobre algo. Algo del estilo de “Fui vegano durante 10 semanas y esto es lo que le pasó a mi cuerpo y mentalidad”.
Por supuesto, no hay que satanizar al clickbait. En realidad, esto último no implica que sea negativo, puesto que muchos lo ven desde cómo abordar algún elemento de interés humano que puede exagerarse, tocando las fibras del corazón del lector. Puede hasta ayudar a abordar algún tema denso, pesado o de difícil comprensión.
El verdadero mal estaría cuando se unen las fake news y/o los contenidos vacíos solo para causar controversia, disputas y propagar los males que siguen acechando a nuestra virtualizada sociedad. Pero si se usa correctamente, esta puede ser una estrategia que impulsa el tráfico de internet hacia direcciones positivas, como potenciar el pensamiento crítico, aumentar la conciencia sobre problemas sociales, estimular el apetito por el conocimiento, en fin.
Publicar noticias sin verificarlas, únicamente por la ansiedad que provoca la obtención de likes, clics y, potencialmente, ingresos, es un mal que se adhiere a este tipo de estrategias en el marketing y en ciertos contextos, como nuestra actual época de elecciones, el daño que puede causar llega a considerarse de índole masivo, ya que su alcance es incalculable por la calidad de titulares tan amarillistas que llegan a inventarse.
Distorsionar la verdad se ha vuelto una práctica común, especialmente en redes sociales. El odio y la mentira se convierten ahora en titulares que seducenmediante el escándalo y la paranoia. Esto no puede seguir así. El costo de la desinformación es altísimo y no porque escriban que la Tierra es plana significa que lo sea. Más que evitar dar clic, el propósito esencial es evaluar la información para determinar su credibilidad y dejar de propagar sitios sensacionalistas que en el fondo están huecos.
