OPINIÓN

José Miguel Santamaría

Violencia programada

Colombia tiene que parar la habladera con esos grupos, donde hasta ahora no hay ningún resultado.
1 de mayo de 2026 a las 10:00 a. m.

A medida que se acerca el día de la primera vuelta electoral, se están calentando muchos temas y se han acrecentado las peleas entre los candidatos que más posibilidades tienen de pasar a la segunda vuelta.

No solamente los candidatos andan alborotados; también lo están el Gobierno y los grupos al margen de la ley. Los pongo en el mismo párrafo porque pareciera que estuvieran trabajando sincronizadamente: para el candidato del Gobierno, que arrecie la violencia es un buen negocio.

Desde que entró a la presidencia, Gustavo Petro trató infructuosamente de llegar a acuerdos de paz con diferentes grupos al margen de la ley. Es más, en campaña dijo que haría la paz con el ELN en tres meses; esto no dejó de ser una propuesta adicional a las otras que tampoco pudo cumplir.

La “paz total”, modelo que quiso sacar adelante, no era más que diálogos particulares con cuanta organización delincuencial apareciera: desde grupos de guerrilla insurgentes hasta los más peligrosos narcotraficantes y asesinos. Obviamente, el proceso salió demasiado mal: creció la violencia y aumentó la impunidad, porque convirtió a una cantidad de delincuentes en gestores de paz, personajes que no tienen ni tenían ningún interés en dejar la delincuencia.

Que la violencia aumente es beneficioso para el Gobierno porque, dependiendo de la intensidad de esa violencia, Petro podría incluso declarar la conmoción interior y aplazar las elecciones, lo cual podría ser una estrategia para permanecer en el poder y volverse el dictador que siempre ha querido ser. Pero, si no logra eso, la violencia también es beneficiosa para Iván Cepeda, el candidato del Gobierno, quien a boca llena dice que es un gestor de paz y que siempre ha trabajado por la paz de Colombia. Mientras la mayoría de los demás candidatos afirman que la paz total de Petro ha sido un desastre, Cepeda sigue insistiendo en dialogar y continuar con ese proceso.

Existe una línea muy delgada entre las personas que durante años han abogado por una paz negociada con los grupos delincuenciales; es más, a veces parecen ser lo mismo. En el caso de Cepeda, su nombre aparece muchas veces en los correos de los computadores de Raúl Reyes; desafortunadamente, estos quedaron sin validez por problemas en la cadena de custodia cuando se incautaron. Si no hubiera sido así, seguramente hoy no sería candidato.

Colombia tiene que parar la habladera con esos grupos, donde hasta ahora no hay ningún resultado. Es hora de fortalecer las Fuerzas Militares y atacar a los bandidos, a quienes están por fuera de la ley, y solo sentarse con quienes verdaderamente quieran volver a la civilidad, pero sin la impunidad que hasta ahora ha pululado en todos los acuerdos firmados.

Es muy poco lo que queda de grupos insurgentes con ideologías de izquierda; lo que hay son grupos criminales dedicados al narcotráfico y a delinquir, sin ninguna ideología diferente al dinero y a mantener el negocio más rentable.

Esperemos que haya un cambio de rumbo y que el nuevo gobierno llegue a hacer respetar la ley y las instituciones.