Nunca antes en la historia reciente de Colombia había sido tan fácil decidir por quién votar, obviamente, para los ciudadanos de bien. Estamos decidiendo un modelo de país. Para muchos no debería ser indiferente hasta quién es el candidato cuando nos estamos jugando muchísimo más que simplemente la Presidencia.
Hemos visto de primera mano durante estos cuatro años cómo funciona el mal llamado progresismo, que se debería llamar el regresismo. Sus principios son los del comunismo stalinista del siglo pasado que no funcionó en ningún país donde gobernó por años. En los pocos países que siguen siendo comunistas, sus habitantes pasan por sus días más aciagos de hambre y de represión.
Todo lo que claman en sus discursos suena bonito, pero todo o es mentira o es una utopía imposible de lograr. Empezando por la igualdad de todos, porque va en contra de la naturaleza del hombre. No solo porque el que trabaja tenga que repartirlo con el vago, si no porque se tendría que barajar diariamente para intentar lograrlo. La historia ha demostrado que en los países donde se aplicó el comunismo se creó otra élite. Los gobernantes que terminaron a punta de corrupción y de prebendas teniendo todos los privilegios y el pueblo igualitario en la pobreza y sin nada.
Es que si alguien es mal administrador y está demostrado, es el sector público. Al final siempre harán falta los pesos y contrapesos de los accionistas, la junta directiva participativa y, por supuesto, la gestión del equipo directivo de la compañía, medido por resultados. Hoy en día las empresas más grandes e importantes del mundo premian el talento de sus empleados con bonificaciones por desempeño, por logros, por mejorar participación del mercado. Temas imposibles de desarrollar en el sector público.
Otro de los temas relevantes del modelo que debemos definir es el de los pesos y contrapesos. Al progresismo no le gustan los controles, han dicho de frente que quieren acabar con el Consejo de Estado. Quieren que la justicia dependa de ellos como arma para controlar a la población, pero adicionalmente tampoco les gusta la independencia de algunas instituciones como la Registraduría. Esto para ellos controlar las elecciones, o al Banco de la República, para emitir moneda cada vez que se les acabe por el gasto desmedido y la corrupción.
Tampoco les gusta la familia y mucho menos que sea el pilar fundamental de la sociedad. Acordémonos de que muchos de estos regímenes pregonan que los niños no pertenecen a los padres si no al Estado. Para todo esto es importante —y lo hacen muy bien— acabar con los pilares morales de Occidente. Temas tan terribles como dar subsidio al bandido por encima del ciudadano de bien: un ‘ser pillo paga’.
También quieren controlar la educación. No les gusta la privada porque no es manipulable.
Yo personalmente no quiero que nada de lo anterior pase en Colombia. Por eso pienso que el voto es muy sencillo de definir. Yo voto por la democracia, por la economía de mercado y por una sociedad que premie el talento y la iniciativa privada.
