Mito o verdad

¿Las bebidas con gas engordan?

Contrario a lo que comúnmente se cree, el gas en las bebidas puede ser benéfico para la salud. Esto depende del refresco por el cual se opte.

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Laura Nariño Blanco
19 de noviembre de 2013 a las 7:00 p. m.







Se dice que consumir bebidas gaseosas aumenta el riesgo de sufrir de diabetes, sobrepeso, osteoporosis y problemas dentales, razones por las cuales muchos comensales prefieren elegir un jugo natural o un té helado para hidratarse.

Sin embargo, no es el gas propiamente, sino los ingredientes que lo acompañan los que determinan ese riesgo. Para empezar, el gas es solo dióxido de carbono, un elemento que permite que se produzcan las burbujas características de este tipo de líquidos. De acuerdo con la Directora del Centro Colombiano de Nutrición Integral (CECNI), Claudia Angarita, “el objetivo del gas es que, al entrar en contacto con la boca, estimule las papilas gustativas de la lengua con sus burbujas, para penetrar mejor y percibir el sabor de la bebida”. De esta forma, refrescos como el agua carbonatada son ideales para acompañar las comidas, porque igualmente estimulan el estómago y favorecen su digestión.

Según un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), beber medio litro de agua mineral gasificada durante las comidas puede reducir el riesgo cardiovascular, porque disminuye entre 6 y 15% los lípidos en la sangre durante la digestión. Por otro lado, el gas, en una bebida, no aporta calorías y produce sensación de saciedad, pero “no es recomendable consumir las bebidas con gas cuando hay presencia de enfermedades gastrointestinales, porque pueden aumentar los síntomas como distensión abdominal, gases o dolor”, comenta Angarita.

Sin embargo, los beneficios se ven opacados en el caso de las reconocidas gaseosas; además del dióxido de carbono, tienen gran cantidad de azúcar, edulcorantes, ácidos, cafeína, colorantes y conservantes que sí representan riesgos para la salud.

Desafortunadamente, y debido a su éxito, el gas siempre se ha asociado con este tipo de bebida, acentuando su mala fama.

Un invento triunfador
La fabricación de bebidas carbonatadas surgió en Nueva York, en 1832, cuando John Matthews inventó un aparato para mezclar agua con gas, y además agregarle sabor. La bebida se popularizó y nacieron negocios que la elaboraban con sabores a elección; las de naranja, limón y uva se convirtieron en las más apetecidas.

Igualmente, las gaseosas eran vendidas en farmacias para curar diversos males y, a partir de 1885, diferentes farmacéuticos se dedicaron a innovar con sabores variados, hierbas y hasta especies, lo que dio lugar a reconocidas marcas que hoy en día todavía son consumidas.