El 9 de septiembre se cumplieron 30 años de la muerte del ‘Gran Timonel’ de la República Popular China, Mao Zedong. La devoción de los chinos por su líder sigue vigente: muchos taxis tienen estatuillas de Mao en sus tableros, un gran retrato suyo preside la entrada del palacio imperial y miles de chinos concurren a la plaza de Tiananmen para ver su cadáver. Mientras tanto, fuera de China una cascada de biografías escritas con ocasión del aniversario revalúa su perfil, y lo presenta como un déspota sanguinario, responsable de la muerte de millones de personas durante la colectivización del agro en los años 50 y en la Revolución Cultural, hoy considerada una catástrofe para el pueblo chino.
Mao, entre amor y odio
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8 de septiembre de 2006, 7:00 p. m.