SEMANA: ¿Cómo surge la idea de hablar de estas jóvenes?
Germán Izquierdo: El equipo del proyecto Píntela, de la Fundación Tiempo de Juego, se acercó a la realidad del sistema de responsabilidad penal adolescente para conocer la situación de las niñas cuando vuelven a la sociedad. No queríamos presentarlo en un documento especializado, como un artículo de investigación, sino buscar una manera atractiva de mostrar esta situación.
SEMANA: ¿Por qué contar este problema en particular?
G.I.: Porque estas niñas no tienen nuestra atención. Enfrentan situaciones complejas en sus hogares, muchas veces disfuncionales, y terminan en la calle; y las vemos en un semáforo y pasamos de largo. También encaran otras dificultades, como ser mujer en lugares donde hay mucho machismo. En la calle conocen la pobreza extrema, las drogas y el delito. El libro es un llamado para generar empatía y comprender su compleja realidad.
SEMANA: ¿Por qué presentar esta historia como novela gráfica?
G.I.: Porque la imagen produce familiaridad con temas como el miedo en el hogar. Los ilustradores, María Camila Sanjines y Gusanillo, entendieron muy bien cómo decir lo que las palabras no podían contar.

SEMANA: ¿Cómo fue la relación con las jóvenes en la etapa de investigación?
G.I.: Para Daniela Villa, la investigadora, fue mucho más fácil hablar con ellas por ser mujer, ya que varias cargan traumas al haber sido abusadas por un hombre. Además, había que capturar las expresiones que definen su personalidad. En el libro, dos amigas hablan de su intimidad, así que había que comprender y recrear en su jerga.
SEMANA: El final de la historia no es completamente optimista…
G.I.: No queríamos que fuera un libro aleccionante, sino mostrar una realidad que no tiene un inicio ni un desenlace claros. El final muestra que es posible recaer porque siguen allí la droga, la tensión con la calle y la dificultad de conseguir trabajo. Hay una dualidad en pensamientos como ‘sé que la calle es mala, pero quiero volver’ o ‘estoy con mi parche, pero no me siento segura’, que las acompañan permanentemente.
SEMANA: ¿Qué aprendió al hacer este libro?
G.I.: Que hay que trabajar muchísimo por los jóvenes para que puedan reformarse con empoderamiento. Las niñas que conocimos haciendo la investigación han vivido más que muchas mujeres de 30 años, enfrentaron retos que otros no han tenido. El libro busca redimensionar una problemática a la que generalmente le damos la espalda.
