Los desastres naturales que el mundo de hoy nos muestra tan cercanos, aunque ocurran al otro lado del planeta, se quedan en la memoria y en el alma con una mezcla de miedo e impotencia.Aún está fresca aquella de las ruinas de un colegio de techos verdes y paredes color crema que colapsó durante el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en Ciudad de México. Veintiséis personas murieron en la escuela Enrique Rébsamen, siete de ellas empleados y 19 niños. Ahora se sabe que la dueña y directora de la institución, Mónica García Villegas, había mandado a construir su vivienda en la parte superior de la estructura, sin reforzarla. Tras permanecer prófuga casi dos años, fue detenida y enfrenta la justicia por esas vidas perdidas que ninguna pena puede resarcir.
En México, en Colombia, o en cualquier país de ingresos medios o bajos, las instituciones educativas, públicas o privadas, son especialmente vulnerables a estas tragedias. En buena hora lo entendió Cali, considerada como una de las ciudades colombianas con mayor riesgo sísmico. Ese fue uno de los factores que propició el nacimiento de una experiencia pionera: la transformación de los centros educativos en Escuelas Seguras con la asesoría del Banco Mundial, que tiene una metodología aplicada en una veintena de naciones, entre ellas Perú, Turquía e Indonesia, ya azotadas por la naturaleza.
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Era la primera vez que una urbe les pedía ayuda, cuenta Taimur Samad, gerente de Infraestructura del Banco Mundial para Colombia y Venezuela. Y ellos aceptaron. De la mano con la administración local hicieron un plan para mejorar los procesos educativos.
Elevar la calidad en la enseñanza también requiere mejorar las condiciones en la infraestructura y el diagnóstico no fue alentador: el 65 por ciento de las escuelas de Cali no cumplen las normas de sismorresistencia. Una proporción que se replica o se supera en otras zonas del país. “No podemos seguir construyendo colegios que no cumplan con las normas de sismorresistencia pues no se trata solo de construir escuelas, sino escuelas seguras”, dice el alcalde Maurice Armitage.
El resultado de esa cooperación es un plan a 12 años que requerirá inversiones por 2,6 billones de pesos para la reconstrucción de 370 centros educativos. La administración asegura que queda garantizada la financiación en 75 por ciento. Por lo pronto entrega 18 colegios nuevos y 150 reconstruidos que suman cupos y abren opciones de superación y espacios de convivencia.
No en vano Cali es una de las 100 ciudades del mundo elegidas como resilientes por la Fundación Rockefeller. Ciudades que se preparan para resistir, recuperarse y crecer a pesar de los desafíos que enfrentan. Si el modelo de Escuelas Seguras logra mantenerse al margen de las vicisitudes de la política y las futuras administraciones mantienen la hoja de ruta, esa fortaleza se reflejará también en el sistema educativo. Cali le apuesta a que educar y construir tejido social alrededor de las escuelas es una de las formas más eficaces de combatir la violencia. Y ya hay mucho en marcha para comprobarlo.
*Directora de información internacional de Caracol Televisión.

