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| 10/18/1993 12:00:00 AM

DE ARMAS TOMAR

Falleció Doña Bertha Hernández de Ospina, una ex primera dama que con los años se había convertido en una institución nacional.

DE ARMAS TOMAR, Sección Gente, edición 594, Oct 18 1993 DE ARMAS TOMAR
HUBO DUELO CUANDO SE ANUNCIO LA muerte de Bertha Hernández de Ospina. Si bien era una mujer controvertida y polémica, con los años se convirtió en una figura familiar para los colombianos, una especie de abuelita regañona a la cual todo el mundo le tenía cariño. Fue la primera mujer que no se limitó a cumplir con el papel tradicional de las primeras damas. Durante el mandato de Mariano Ospina Pérez, su marido, se salió del esquema de la mujer que, mientras su esposo atendía los asuntos de la nación, hacía obras de caridad. Intervino en la política en una época en la que estaba reservada a los hombres.
Su valentía quedó más que demostrada el 9 de abril de 1948. Tras el asesinato de Gaitán, Doña Bertha fue a su habitación, se amarró un revolver a lo bandolera y se puso al frente de la tropa que defendió el palacio presidencial. La forma decidida como asumió los hechos la convitieron en la heroína de la jornada. Es más: se le atribuye la célebre frase de su esposo, al reiterar que no abandonaría el poder: "Para la democracia colombiana vale más un presidente muerto que un presidente fugitivo".
Doña Bertha fue una de las precursoras de las prerrogativas de la mujer. Abogó, por ejemplo, por el derecho al voto. Gracias a ella se abolió el permiso que las mujeres debían presentar en Extranjería para salir del país.
Como típica paisa, fue echada pa'lante. Madre de cinco hijos y buena ama de casa, pudo, sin embargo, cumplir un papel importante en la vida pública, en especial dentro del Partido Conservador. Estuvo en primera línea en las campañas, y se dice que en ocasiones tuvo la última palabra en la elección de los candidatos del partido. Además, fue una de las primeras mujeres en lograr su propia curul en el Congreso.
Se distinguió por no tener pelos en la lengua. Desde su columna "El Tábano", en el diario La República, produjo ronchas en la clase política. Se distinguió por su lenguaje desabrochado y frentero que gustaba por su espontaneidad, y que, según se decía, con frecuencia le sirvió al doctor Ospina para decir las cosas que era conveniente decir, pero que él, en su prudencia y distinción imperial, prefería guardarse.
Durante los últimos años vivió en la hacienda La Clarita, localizada en Fusagasugá, lugar que se convirtió en su templo de culto a las flores exóticas, primordialmente las orquídeas. Su hermoso jardín, y la huella que dejó en la vida pública, constituyen el legado que Doña Bertha deja a los colombianos. -

EDICIÓN 1879

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