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| 5/23/2010 12:00:00 AM

La fuerza natural de Cerati

En los momentos difíciles por los que atraviesa el roquero argentino, el crítico Juan Carlos Garay le hace el siguiente homenaje.

La fuerza natural de Cerati Según su segunda ex esposa, madre de sus dos hijos, el artista, de 51 años, fumaba 40 cigarrillos diarios y ya había tenido una trombosis.
En una rueda de prensa concedida en Bogotá en 2003, una periodista de farándula le preguntó a Gustavo Cerati: "¿Cuál ha sido tu mayor mentira?". Ante el bochorno de muchos por lo que podría llamarse una intervención 'comodín' (una pregunta que se le puede hacer por igual a artistas, deportistas, políticos y, básicamente, a cualquiera), Cerati respondió con su aquiescencia de tipo cool, sin zafarse las gafas oscuras. Contó que, de niño, les dijo a todos sus compañeros de colegio que en el jardín de su casa vivía un tigre. Y lo más notable: los había convencido.

Al final, la pregunta no resultó tan tonta. Nos permitió tal vez un asomo a la semilla de su arte. Una colección de expresiones fantásticas, de imágenes imposibles que, sin embargo, siempre han sido capaces de convencer a sus oyentes por esa fuerza natural con que son cantadas. No es muy claro en qué momento este vocalista empezó a formar parte del rock latinoamericano con una rara naturalidad, pero de repente ya fue posible que cuando la chica volviera uno estuviera "a un millón de años luz de casa"; o que ella (¿la misma del disco anterior ¿otra conquista infortunada) "usó mi cabeza como un revólver".

Actualmente, las noticias del estado de salud del cantante no son alentadoras. El médico venezolano Alfredo Sáez declaró que "su situación es crítica y su proceso evolutivo es lento". El temor de los fanáticos es que este sea el fin de un capítulo surrealista para el rock en español. La música popular no anda muy bien de fantasía. Hay insinuaciones, declaraciones y hasta peticiones directas, pero en cambio no hay tanta sutileza ni tanto enigma como los que Cerati ha sabido sembrar. Cuando en su álbum Bocanada cantaba que "nunca tan alto, tan alto, caí" o recomendaba que lo mejor era "fluir sin un fin más que fluir sin un fin más que fluir sin un fin…", nos transportaba de inmediato a otra dimensión, donde el espacio y el tiempo no son lo que suelen ser. Como Alicia cuando cae en la madriguera del conejo, los discos de Cerati mandaban a sus oyentes a mundos paralelos.

Todo comenzó en 1983, cuando Argentina estrenaba democracia. El grupo Soda Stereo empezó como una adaptación al español del sonido del grupo inglés The Cure, pero en poco tiempo fue creando una identidad propia. Para mediados de los 80 tenían especial reconocimiento en varios países, incluido Colombia, que los acogió como parte de la fiebre de rock en español. En el álbum desconectado de 1996, que lleva el sugestivo título de Comfort y música para volar, hizo un guiño con la guitarra. A mitad de la interpretación de Té para tres introdujo, nota por nota, el mismo solo de guitarra que había grabado Luis Alberto Spinetta en Cementerio Club, 23 años atrás. Era su manera inteligente de bromear, pero también de dejar otra pista: la veneración a un estupendo músico de rock de las primeras generaciones, en quien modeló su figura. El arquetipo es el mismo: un poeta medio abstracto que toca guitarra eléctrica como los dioses y entona sus versos con voz hipnotizante.

Un año después la banda anunció su separación con un concierto apoteósico en el cual Cerati acuñó una de sus expresiones más célebres: "Gracias totales". A partir de entonces se inició la etapa de Cerati como solista, que produjo hasta el momento seis álbumes muy diferentes, desde experimentos electrónicos hasta arreglos sinfónicos. Justamente acababa de terminar la gira promocional de su disco Fuerza natural cuando lo atacó la isquemia cerebral que hoy lo tiene internado en un centro médico de Caracas. La noticia es sorpresiva porque, aparte del vicio del tabaco, Cerati ha sido un tipo bastante sano. Su 'locura' viene más de influencias literarias que sicoactivas.

Y de esa locura participaba su público en conciertos que a veces parecían ceremonias, sin perder la energía del rock. En 2006, mientras tocaba Jugo de luna en la Plaza de Toros de Santamaría, salió detrás del escenario una luna llena, maciza y refulgente, tan perfecta que parecía parte de una coreografía del universo. Salvador Dalí decía que para ser un genio lo primero que se necesita es jugar a serlo. Gustavo Cerati, que ha envejecido manteniendo algo de talante de niño (de hecho, en una de sus carátulas aparece vestido de 'El principito'), parece haber permanecido en esa primera etapa. Juega a ser genio, canta embebido en ese juego y nos seduce, nos convence. Casi no hay talentos así: es uno de los pocos artistas que logran que nos aprendamos ciertas letras por el simple encanto de su sonido, sin llegar a entenderlas jamás.

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