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A Cathalina Sánchez la cambió el Museo Casa de la Memoria

La ex directora del Museo Casa de la Memoria de Medellín, Cathalina Sánchez, habló con ARCADIA sobre su experiencia a cargo de una institución líder en el proceso de construcción de memoria y de reconciliación.

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3 de junio de 2020 a las 12:40 p. m.
Museo Casa de la Memoria de Medellín. Foto cortesía del museo
Museo Casa de la Memoria de Medellín. Foto cortesía del museo

“Yo había trabajado desde la academia con organizaciones de mujeres víctimas del conflicto. Pero sólo hasta que comencé a trabajar en el Museo Casa de la Memoria entendí qué las hacía capaces de perdonar, de sentarse con sus victimarios a la mesa,” dice Sánchez. “El Museo Casa de la Memoria transforma la vida tanto de los visitantes como de los que trabajamos ahí.”

Sánchez estuvo al mando del museo desde comienzos de 2019 hasta ayer, 2 de junio de 2020. “La dirección del museo es un cargo de libre nombramiento y remoción,” explica. “Cuando uno lo asume, sabe qué implicaciones tiene eso. En estos momentos de aprobación del Plan de Desarrollo de la ciudad, suele haber movimientos en el gabinete.” 

Dejar el cargo le da nostalgia, pero afirma que no siente sino agradecimiento por la oportunidad.

Su paso por el museo la cambió. “Suelo ser vehemente, apasionada. Aprendí a ser más reflexiva, a escuchar mejor antes de hablar, y a tratar de entender todas las aristas de una situación. Soy acelerada y este trabajo me enseñó a sentarme, y tomarme el tiempo de pensar a profundidad. A reflexionar antes de emitir juicios,” dice. 

“Cuando el alcalde Daniel Quintero hizo las distribuciones territoriales para combatir la pandemia, a pesar de que no me habían asignado ninguna, levanté la mano y con el equipo del museo fuimos a trabajar a la comuna 8. Le tenía pánico al COVID, pero eran más las ganas de trabajar con la comunidad. Sentía que el museo tenía que estar afuera. Hace tres años creo que no hubiera tenido la sensatez de tomar esa misma decisión.”

El Museo Casa de la Memoria de Medellín fue el primer museo de memoria del país. Habla de las etapas de violencia que marcaron a la ciudad, y que repercutieron con fuerza en el territorio nacional. Pero también de las iniciativas sociales y culturales que le apostaron y le siguen apostando a la reconciliación. “No en vano la sala central se llama: “Medellín memorias de violencia y resistencia,” dice Sánchez. “Paralelo al conflicto había un movimiento social, una serie de organizaciones e individuos que le apostaban al arte y a la cultura para superar la guerra. Les mostraban a los jóvenes otras alternativas de vida.”

Sala central del Museo Casa de la Memoria de Medellín

El museo -dice Sánchez- debe llegar a todos los rincones de Medellín. Ella no lo ve como un espacio sino como un ejercicio de construcción y de reflexión que se hace de la mano de la comunidad. “Ese vínculo es fundamental mantenerlo. Es el origen y la esencia del museo.” El año pasado articuló los departamentos de museografía, pedagogía e investigación, y juntos salieron a recorrer las calles para hablar y trabajar con la gente.  

“Para acercarme a la comunidad traté de entender al otro, de comprender su contexto y, sobre todo, de mantener presente que cada uno de nosotros contribuye a la construcción de un todo. El diálogo y la escucha fueron fundamentales; pero obviamente no siempre hubo consenso.” 

“Llegarle a la ciudadanía en general no fue fácil. Nos cuesta reconocernos como víctimas del conflicto, a pesar de que nos ha golpeado tanto. Todavía hay dolor y miedo. Transitar ese paso del dolor al reconocimiento es un proceso personal que cuesta,” dice. “Es un proceso de crecimiento y de aprender a relacionarnos con los otros. Por eso trabajamos día a día en el museo. Tenemos que entender que el conflicto hace parte de nuestro contexto, y que sólo en la medida en que lo comprendamos vamos a poder superarlo.”

El museo aboga por reconocer el pasado, transformando el presente y pensado en un futuro mejor. En pleno proceso de implementación de los acuerdos de paz, es un aliado fundamental para el sistema de Reparación, justicia y no repetición.

“Ahora, más que nunca, estoy convencida de la necesidad que tenemos de lograr la paz y de aceptar las diferencias del otro. No estoy diciendo que haya que justificarlas, pero sí que tenemos que sentarnos a conversar y a entender qué fue lo que llevó a la otra persona a actuar. Esa tarea nos hace tolerantes.”

Por ahora, Sánchez tiene planeado retomar sus clases en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.